El día de Santiago y la Pachamama

A dos años de la desaparición forzada seguida de muerte de Santiago Maldonado, en Plaza de Mayo se reunieron familiares, amigos, organismos de derechos humanos y gente de a pie para celebrar su ritual de memoria, que coincide con la celebración de la Madre Tierra.

por Mariano Pagnucco para Revista Cítrica 

Los hijos y las hijas de la tierra vuelven a ella cada primero de agosto. Arman un ritual para contemplarla y agradecerle la persistencia del ciclo natural que, año tras año, regresa con su poder ancestral en forma de alimento para nutrir a hijos e hijas. La Pachamama se deja celebrar porque sabe que a ella va a tocarle también una siembra generosa, su propio alimento en forma de semillas portadoras de futuro. Y así cada año, cada primero de agosto.

Mientras cae el sol sobre la Plaza de Mayo, Fausto (26) abraza el cuadro que trajo desde El Palomar. Es un dibujo colorido de ese rostro que desde hace dos años ha cambiado los rituales de la Argentina para el primero de agosto. Santiago Maldonado está presente. Los memoriosos como Fausto llevan encima su propio amuleto para vencer al tiempo: fotos, carteles, pines, tatuajes, remeras, banderas. En muchos lados está Santiago, porque el comienzo de agosto significa también pensar en una vida arrebatada con toda la violencia del aparato represivo.

Fausto honra la memoria con su propio arte porque se siente parecido al artesano caminante que comprometió su existencia para abrazarse con otros hermanos y otras hermanas del camino. ¿Qué semilla ha dejado esta ausencia convertida en ritual? «Lo que sembró Santiago es la conciencia de solidaridad, de apoyar otras causas como si fueran propias, de involucrarse. Su compromiso era tan grande que perdió la vida por la causa mapuche. Este dibujo se lo voy a regalar a Sergio, su hermano». Fausto se aferra a su creación con la vista en el sol que se pierde detrás del Cabildo.

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A las cinco, la hora pautada para el acto de homenaje a dos años de la desaparición de Santiago Maldonado, la organización está armando el escenario todavía. Hace apenas tres horas que los convocantes -familiares de Santiago y organismos de derechos humanos- lograron destrabar la burocracia porteña que desplegó todos sus recursos administrativos y políticos para que no haya escenario ni ritual ni memoria.

A un costado está Pablo Pimentel (62), referente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) de La Matanza. ¿Qué sembró Santiago para que, a pesar del frío y de la agenda mediática cooptada por las elecciones, decenas de personas elijan estar hoy en la plaza? «Sembró palabras como el amor, la solidaridad, el acompañamiento, poner el cuerpo donde hay que ponerlo sin pensar en cuestiones personales. A Santiago lo conozco de charlar con Sergio y Andrea, era un chico que había decidido caminar el mundo para ser solidario cuando lo necesitaban y con quienes lo necesitaban. Él tenía claro que iba a la Pu Lof de Cushamen a reivindicar la propiedad de la tierra mapuche y a pedir por la libertad de Facundo Jones Huala».

Su caso tomó notoriedad porque es un crimen de Estado, que movilizó a muchísima gente», opina. Quienes van llegando a la plaza (mayoría de personas sueltas o en pequeños grupos, mientras las organizaciones sociales y políticas se acercan al escenario con sus banderas) se reúnen en rondas de mate y charla. Pimentel: «Tenemos que hacer una reflexión los que nos movilizamos siempre, ¿qué pasa que hoy no estamos con la misma intensidad del año pasado o del mismo 17 (de octubre de 2017, cuando apareció el cuerpo sin vida de Santiago en el río Chubut)? El adormecerse, el comprar versiones como la del juez Lleral, que faltando 24 horas para las elecciones de 2017 salió de la morgue judicial y dijo que Santiago había muerto ahogado y por un cuadro de hipotermia. Nada más».

Mila (15) llegó junto a sus compañeros y compañeras del Centro de estudiantes del Colegio Mariano Acosta. Estuvieron en todas las marchas convocadas «por los organismos de derechos humanos y los familiares» desde que se conoció la desaparición. ¿Qué semilla dejó el caso de Santiago? «Contando con nuestra historia argentina, después de las dictaduras y lo que eso genera en la sociedad, todos los procesos de Memoria, Verdad y Justicia, tener un desaparecido en democracia, que no es el único porque hay casos de gatillo fácil que nos hacen ruido en la memoria… esto ya pasó hace tiempo y se repite cada vez que hay un proceso neoliberal en el país. Lo que sembró es el recuerdo de un pasado que nos pisa los talones cada vez que hay un gobierno neoliberal, y también está la cuestión de pensar que le puede pasar a cualquier persona».

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En la pantalla encendida detrás del escenario aparece el rostro de Santiago junto a las consignas de la convocatoria: «Basta de impunidad. No al cierre de la causa». Organizaciones y gente de a pie se van amuchando para hacerle frente al viento invernal. La plaza histórica del pueblo está completa: ni desbordada, ni llena. Completa.

Analía (42), que trabaja como enfermera en el Hospital Borda y vive en Villa Celina, come garrapiñadas. ¿Sembró algo el caso de Santiago? «Para mí es algo negativo, porque no deja de ser una muerte de un luchador social, tanto Santiago como todo el pueblo mapuche que pelea por su territorio. Este caso sembró un golpe bajo, como tantos que nos dan a los luchadores». Aunque la dinámica electoral y la agenda mediática marquen otras prioridades, Analía elige salir a la calle: «El cambio no viene por las urnas, no voy a votar. En la calle está la pelea y es donde nos vamos a encontrar para pelear, no en las urnas ni en las redes».

El acto lo abre Andrea Antico, la compañera de Sergio Maldonado: «Si nosotros estamos acá arriba reclamando justicia por Santiago es porque ustedes nos acompañaron desde el primer momento. Nosotros solos no lo podríamos haber logrado. Los organismos de derechos humanos, las personas que nos acompañan todos los días, que nos dan fuerza, que ven en Santiago a un hermano, un hijo o un amigo, también piensan que a través de estas luchas se puede cambiar aunque sea un poco este país que estamos viviendo».

Fabio (55) llegó desde Parque Patricios y se lamenta por no tener caña con ruda para calentar el cuerpo en honor a la Pachamama. ¿Qué sembró Santiago? «Sembró, sí, pero me doy cuenta de que todavía faltan brotes en la sociedad, los pensamientos, los miedos. En el país hay un estado de sitio encubierto, la gente tiene miedo. Sembró mucho, sembró libertad, pero atrás de él hubo otros compañeros desaparecidos, como Rafael Nahuel y otros más, que tal vez la gente no escucha ni mira. Los monopolios de la comunicación no comunican lo que pasa verdaderamente».

Andrea lee al micrófono una carta escrita por Santiago, la misma que llevaron a la plaza en la primera marcha pública, diez días después de la desaparición: «Hola querida población. Somos el gobierno, somos tu gobierno. Los que nos apoderamos de tu vida cada segundo, cada minuto, cada hora, cada día, cada instante que pasa por tu reloj y por tu cabeza y te decimos cómo tenés que vivir. Somos los que premiamos a los represores, torturadores, explotadores, y castigamos a los que no son como queremos que sean».

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Para Julia (58), que está en la plaza desde las tres y media de la tarde, es «irónico» que el primero de agosto coincidan Santiago y la Pachamama. ¿Qué sembró este caso? «Sembró conciencia de lo que ocurre en el Sur y en tantas partes del país con los pueblos originarios. Ayudó a visibilizar eso, pero veo que la convocatoria decayó. Hoy vine porque me pareció importante estar acá, para decir que tenemos que seguir, seguir el ejemplo de él que se involucró hasta dar su vida por eso».

Sergio Maldonado enumera desde el escenario a todos los responsables de que su hermano haya desaparecido y muerto en 2017: Mauricio Macri, Patricia Bullrich, Pablo Noceti, Claudio Avruj, Daniel Barberis, Gonzalo Cané, Guido Otranto, Silvina Ávila, Germán Garavano, Gustavo Lleral.

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Carla (29), futura docente de Banfield, habla de la siembra que dejó el caso Maldonado: «Con la historia argentina y los 30 mil compañeros desaparecidos, y después de la muerte de Santiago y de Rafael Nahuel, para la juventud que no vivió la dictadura fue un hecho bastante triste. Fue como volver a rememorar todos esos años que vivieron nuestros viejos». ¿Qué sensación le deja el clima de la plaza? «Falta movilización. Más allá de los partidos políticos y sus posiciones, debería haber en el común de la gente más sentimiento hacia estos casos y más participación».
 
Sigue Sergio al micrófono: «Santiago, anarquista, luchador, soñador, artista, un caminante solitario que modificó algo en nuestras vidas. Santiago fue un ser libre y solidario, con ideas bien claras. Santiago no especulaba con las fechas electorales para ser solidario. Era un ser con compromiso social e involucrado con la Madre Tierra pero por sobre todo fue y seguirá siendo mi hermano».

Foto de portada: Rocío Bao
 

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