La Otra Historia de Buenos Aires

Segundo Libro
PARTE XXIX C

por Gabriel Luna

La guerra por Colonia do Sacramento

El 13 de febrero de 1680, José Garro, el gobernador del Río de la Plata, pone fin a las negociaciones con Manuel Lobo, el gobernador de Río de Janeiro, y convoca a una Junta de Guerra. Ese mismo día, parte de la isla Santa Catarina -actual Florianópolis- la malograda expedición de Soares Macedo con sus tres sumacas reparadas dos veces. Macedo no conoce la determinación de Garro pero tiene la orden de unirse a Lobo y contribuir a la expansión portuguesa con ocupación poblacional en la isla San Gabriel o donde Lobo lo indique, probablemente en la nueva Colonia do Sacramento.
El gobernador Garro convoca la Junta de Guerra en la Casa del Obispo, el mismo lugar donde el 8 de febrero habían hecho la Junta de Vecinos y decidido negociar con los portugueses. Asisten jesuitas, militares, capitulares y notables de la Aldea, los mismos que en la Junta anterior. Algunos de ellos son: Juan Arias Maldonado, Juan Bautista Justiniano, Pedro Rojas Acevedo, Ignacio Fernández Agüero, José Gil Negrete, Sebastián Agreda Vergara, Luis Brito Alderete, Juan Cebrián Velazco, Juan Pozo Silva y José Gómez Jurado. Estos últimos dieron cuenta de las negociaciones con el gobernador Lobo y sus oficiales. Pidieron los oficiales portugueses un globo terráqueo y cartas de navegación para justificar técnicamente la ocupación, pero cuando el capitán Gómez Jurado, versado en matemáticas y geografía, demostró luego de dos horas que, según el tratado de Tordesillas, el Río de la Plata era por completo de jurisdicción española, no pudieron contradecirlo los portugueses. Entonces Lobo dijo abruptamente que tenía orden de poblar donde lo había hecho, porque éstas eran tierras de su príncipe. Y Gómez Jurado, irónico, quitándose el sombrero y haciendo una reverencia le contestó: “¡Acabáramos ya! ¡Hubiera dicho esto vuestra señoría desde el comienzo y me hubiera ahorrado yo la conferencia!” Había, más que celo geográfico y sujeción al tratado, ambición y determinación de invadir. Eso queda claro en la Junta. El gobernador Garro expone entonces las prevenciones que había tomado y pregunta al Obispo y a los presentes si ya les parece necesario hacer bajar del Tucumán a la tropa montada de 300 hombres reunida por el gobernador Diez Andino. El obispo Azcona Imberto le responde que la tropa tucumana debía ponerse inmediatamente en marcha hacia Buenos Ayres, y que acuerda con Garro en todo lo que éste decida en servicio del rey y la conservación del puerto y la provincia. Coinciden los presentes con el Obispo y el gobernador Garro obtiene un fuerte respaldo.

Lo esencial de los aprestos, que no se mencionó en la Junta debido al espionaje portugués, fueron los movimientos de la tropa santafesina liderada por el gobernador Alonso Vera Mujica y los movimientos de la tropa misionera liderada por los padres Domingo Rodiles y Jerónimo Delfín en la Banda Oriental.
Respecto de la importancia del espionaje portugués, que podría extrañar a algunos lectores, deben considerarse dos temas. Primero: la penetración profunda de los mercaderes portugueses en la elite porteña, desde que Diego de Vega, un mercader y banquero lusitano, generó un foco de contrabando a gran escala en el Río de la Plata a comienzos del siglo XVII1 y modificó la estructura social y del poder en Buenos Ayres. Segundo: la perspectiva de algunos mercaderes y estancieros porteños de reanudar ese enriquecedor contrabando a gran escala, ahora desde la nueva y cercana Colonia do Sacramento.

Se desata la guerra
El 14 de febrero Garro emite un bando llamando a las armas que (pese a las consideraciones de arriba) tiene gran respuesta. La mayor parte de la población toma conciencia de un peligro de invasión, participa en prácticas y marchas militares, hace abastos, repudia al portugués. Y en tanto ocurren los aprestos, sucede lo inesperado. Llega el 24 de febrero al puerto de Buenos Ayres un lanchón con una comitiva portuguesa que trae una carta de Lobo para Garro. La comitiva formada por el capitán Manuel Galvao, otros dos oficiales y un sacerdote, es recibida fríamente por el capitán Juan Cebrián Velazco y conducida de inmediato al Fuerte sin permitir que tome contacto con nadie. Lobo solicita en la carta que se le vendan bastimentos. Garro le responde en pocas líneas que mal haría él en socorrerlo con víveres y ser cómplice de su permanencia ilícita en tierra castellana. Y expulsa sin más a la comitiva.
Ese 24 de febrero de 1680 no fue favorable a la expansión portuguesa, porque más al norte, en el cabo de Santa María -a la altura del actual balneario uruguayo La Paloma-, volvieron a naufragar las tres sumacas reparadas de la expedición de Soares Macedo. Los hombres que pudieron salvar sus vidas a nado se reagruparon en la playa y decidieron seguir a pie (de puro empecinamiento) hacia la isla San Gabriel o, mejor dicho, hasta Colonia do Sacramento que estaba enfrente, aunque ellos no sabían que había sido fundada. Y estaban, tras una semana de camino, a la altura de la isla de Flores -en la actual playa San José de Carrasco, cerca de Montevideo- cuando fueron sorprendidos y rodeados por numerosos indígenas armados y hostiles. Hablaron en guaraní, Soares Macedo se enteró de que eran misioneros y de que formaban parte de una fuerza aún mayor comandada por jesuitas. Quiso hablar con los jesuitas. Y al día siguiente apareció el grueso de la fuerza, los jesuitas eran precisamente los padres Domingo Rodiles y Jerónimo Delfín, encomendados por Garro para patrullar la costa oriental ante posibles desembarcos portugueses. Macedo y sus hombres fueron detenidos el 8 de marzo y llevados a la reducción de Yapeyú, donde estuvieron hasta mediados de abril. Entonces, mientras ocurría la confluencia de las tropas santafesinas al mando de A. Vera Mujica y las tropas misioneras y correntinas para marchar y dar asedio a Colonia do Sacramento, la malograda expedición de Macedo fue llevada a Buenos Aires. Estos hombres, sobrevivientes y obnubilados, apenas una treintena de la expedición original, fueron entregados al gobernador Garro el 24 de mayo de 1680. Todavía no ocurría el enfrentamiento en Colonia do Sacramento y había mucha hostilidad contra el invasor. Garro exhibió a los portugueses como muestra de una primera victoria, y los confinó a calabozo con centinela de vista.
Mientras tanto, las tropas santafesinas, correntinas y misioneras, ahora todas al mando de Vera Mujica, llegaban y rodeaban Colonia do Sacramento.

(Continuará)

1. Ver La Otra Historia de Buenos Aires, Primer Libro, Ed. Punto de Encuentro, 2010.

La Otra Historia de Buenos Aires. Libro II (1636 – 1737)

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Parte I (continuación)
Parte II
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Parte III
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Parte IV
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Parte V
Parte V (continuación)
Parte V (continuación)
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Parte XXIV (continuación)
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