La pandemia no frenó el desmonte del Gran Chaco

En cien días fueron arrasadas 21.275  hectáreas de bosques nativos en la región del Gran Chaco – provincias de Santiago del Estero, Salta, Formosa y Chaco-. La vida de todo un ecosistema en el que habitan especies en extinción -como el yaguareté- fue prácticamente devastada  entre el 15 de marzo y el 30 de junio de este año, durante el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (ASPO).

La organización ecologista Greenpeace recurrió a la Corte Suprema de Justicia (CSJN) para frene esta deforestación. «Resulta increíble que el desmonte no se detenga ni en cuarentena. Es por ello que necesitamos una rápida intervención de la Corte para detener los desmontes que están generando un daño gravísimo e irreversible», señaló Enrique Viale, asesor legal de Greenpeace.

En los últimos 30 años, la Argentina perdió unas ocho millones de hectáreas de bosques y la cuarentena impuesta en el país por la pandemia de Covid-19 en marzo no impidió el desmonte de otras 21 mil, lamenta Hernán Giardini, coordinador de la campaña del área de Greenpeace Argentina.

Giardini coordina la campaña de bosques desde hace 15 años y sostiene que el mundo necesita «en forma urgente avanzar hacia un futuro justo y verde basado en un sistema económico más inclusivo y equitativo que opere dentro de los límites ambientales de nuestro planeta y coloque a la ecología en el centro de la toma de decisiones».

En una entrevista con la agencia de noticias Télam, Giardini explicó el planteo: «Hablamos de un nuevo paradigma para nuestra sociedad moderna, pero no es realmente nuevo; tenemos mucho que aprender de los pueblos indígenas y su forma tradicional de relacionarse con la naturaleza».

En esa línea argumentó que el modelo del que habla requiere «deforestación cero, un cambio profundo en el uso de la tierra para apoyar a los pequeños agricultores para desarrollar la agroecología, no más extracción de combustibles fósiles o minerales» y, además, la «restauración de ecosistemas críticos y la creación de nuevas reservas en bosques y océanos. Esa transición no puede demorarse, debe empezar ya».

– ¿La pandemia resultó un aliado impensado y ayuda a la conciencia de lo ambiental?

Hernán Giardini– La pandemia puede ayudar a que más personas tomen conciencia de las consecuencias que tiene el modelo de desarrollo actual que destruye la naturaleza. Y puede que más personas se sumen al reclamo por un mundo más verde y más justo, pero mientras tanto las corporaciones extractivistas no pararon, con lo que los daños al ambiente y las comunidades continuaron. Siguió la megaminería contaminante, continuó la fumigación con agrotóxicos, se quemaron humedales para la expansión ganadera, se siguió con la exploración y explotación de hidrocarburos mediante fractura hidráulica y en el mar y, siguieron los desmontes. Esto último nos preocupa mucho, porque se deforestó incluso más que el año pasado. Sólo en cuarentena perdimos 21.000 hectáreas, una superficie similar a la ciudad de Buenos Aires.

– Ustedes presentaron hace poco un informe sobre la deforestación en el país.

HG:– En las últimas tres décadas se perdieron ocho millones de hectáreas de bosques nativos (el tamaño de Escocia o de la provincia de Entre Ríos) y eso nos pone entre los diez países que más destruyen sus bosques en todo el mundo. El 80% de los desmontes se concentran en Santiago del Estero, Salta, Chaco y Formosa y hay que decir que siguen estando entre las que tienen más pobres y, para peor, ahora con muchos menos bosques.

– ¿Cuál es la razón económica para esos desmontes pese a las protestas y a la ley de Bosques?

– La producción de soja y ganadería intensiva con destino a China y Europa. Desmontan grandes productores agropecuarios que en su mayoría no son de la región chaqueña, sino, principalmente, de la región pampeana. En lugar de adaptarse a las limitantes y las posibilidades que les brinda el ecosistema, deciden transformarlo, destruyendolo.

– ¿Cómo caracterizarías la situación ambiental del país en el marco de la pandemia? ¿Y a nivel mundial?

HG:– La situación ambiental del país sigue siendo preocupante. A pesar de la pandemia y de la cuarentena, las actividades extractivas en general no pararon, con lo que los daños al ambiente y las comunidades continuaron. Se siguió haciendo megaminería contaminante, continuó la fumigación con agrotóxicos, se quemaron humedales para la expansión ganadera, se siguió con la exploración y explotación de hidrocarburos mediante fractura hidráulica y en el mar, y siguieron los desmontes. En particular esto último nos preocupa mucho, porque en el norte del país se deforestó incluso más que el año pasado. Sólo en cuarentena perdimos 21.000 hectáreas, una superficie similar a la ciudad de Buenos Aires.

– Ustedes presentaron informe desmonte ¿cómo analizan el comportamiento del agrobusiness?

HG:– Creo que quedó en evidencia la voracidad y la impunidad de grandes empresarios agropecuarios. Pero también la complicidad de gobiernos provinciales en este crimen ambiental, ya que no los controlaron, ni los multaron, ni los denunciaron por violar la cuarentena. Más desmontes significan más enfermedades, más inundaciones, más desalojos de comunidades campesinas e indígenas, y más desaparición de especies en peligro de extinción, como el yaguareté, del cual quedan tan sólo veinte individuos en el Gran Chaco. Es completamente inaceptable que a pesar de la emergencia sanitaria y climática y de biodiversidad que estamos viviendo se siga desmontando. No podemos perder ni una hectárea más.

– ¿Por qué Greenpeace apela a los famosos para las campañas?

HG:– Cuando los artistas se suman a las campañas amplifican el mensaje. La mayoría de las veces los problemas socioambientales tienen enemigos muy poderosos detrás. Y el mensaje de un artista, un periodista o un influencer puede hacer una diferencia.

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