Libroscopiería o el arte de escuchar
Una editorial textil que teje historias con hilo y palabras
por Rocío Flores
El sábado 6 de junio, se presentó en el espacio cultural La Maja de Villa Devoto Libroscopieria, una editorial textil que propone pensar el libro más allá del papel. Este proyecto artístico y literario, dirigido por María Fernanda Gutiérrez, se caracteriza por la creación artesanal de libros tejidos. Trabajo que es, a la vez, camino y búsqueda.
«Soy muy viajera, bastante nómada», así empieza María Fernanda Gutiérrez a tejer su historia. «En los micros no se puede ir con las dos agujas, entonces es más fácil viajar con una aguja de crochet y un ovillo de lana», agrega y advierte: «No tejo por una cuestión terapéutica, aunque, de alguna manera, termina siéndolo».
María trata de hacer libros diferentes. Alguna vez fabricó papel e hizo sus propios libros. Y, como tejía, se preguntó: «¿Por qué no hacer un libro tejido?» Y lo hizo. Muestra el primer libro que tejió hace unos treinta años; se llama El libro del invierno y lo leía en un jardín de infantes.
María habla del matrimonio como analogía de los proyectos personales, de las separaciones y de los procesos: idas y vueltas. «A veces una vuelve con ese amor porque todavía queda algo por aprender», confiesa. Hace veinticuatro años tuvo un bar de arte en Villa Urquiza. Allí conoció a un cuentacuentos, alguien que narra oralmente. Ese encuentro terminó con su amigo dando un taller de narración. Ella se inscribió. Siempre había escrito. Y desde entonces comenzó a narrar sus propios cuentos e historias. Esta actividad le permitió entender que, para contar historias, hay que saber escuchar. En 2008 «tuvo una idea loca»: hizo un viaje por catorce provincias del país para contar, pero, sobre todo, para escuchar. El proyecto se llamó «Caminando Cuentos». Y así, como buena tejedora de cuentos, nos encontramos en el entramado de su historia.

Gabriela formó parte de sus primeros pasos: su biblioteca en Concordia fue la primera en invitar a «Caminando Cuentos». Ella cree que todos siempre tenemos algo que decir, algo que contar. Trabajó un tiempo en México contando historias para adolescentes y participando en festivales. Cuando terminaba de contar cuentos, siempre se le acercaba un grupo de chicos para contarle cosas. En su segunda colección de libros, «Llamkay», inspirada en un chico que le contó su historia, sus historias y las de otros pibes. Llamkay en quechua significa «tocar suavemente con la punta de los dedos», y ella sintió que escuchar sus historias tenía implícito eso. Su último trabajo se tituló «Cuentos de cardamomo»: son las historias de una princesa de la India que tuvo que escapar de su país después de la partición de 1947, y esa partida generó un vínculo con otras mujeres en otros lugares.
Al finalizar la presentación de Libroscopieria, como si se tratara del último punto de este tejido, María, de forma simbólica, pidió que eligiéramos uno de los cuentos que reposaban en la mesa, al azar. Una señora tomó la posta y dijo: «El fucsia», que teje la historia de una bailarina. El cuento se llama Lizeth.
A simple vista parece un cuento infantil, pero tiene un contexto sensible en el detalle. Una breve parte me quedó grabada: «Aplaudí, aplaudí tan fuerte que los taxistas, los acróbatas, los oficinistas y hasta la señora del mandado se asustaron. No podía dejar de aplaudir y vitorear su talento, su magia. Tanta, tanta fue mi alegría que todos repararon en ella y gozaron de su final triunfante al extender su cuerpo como una gacela y así esquivar al camión de la basura. Ellos también se detuvieron; sus ojos se llenaron de lágrimas mientras aplaudían su gran pax deux, que la hacía sostenerse en el semáforo de la esquina. Mi corazón se elevó por unos instantes en que perdí noción de mi lugar en el mundo. Lizeth siguió caminando con sus pies de bailarina por el mismo sueño fronterizo; sin embargo, algunas noches sujeta su pelo en un rodete firme y escucha la música más hermosa que le regala el mar de su Haití amado, y baila: para taxistas, para camioneros, para señoras del mandado, los que saben sobre la magia de cisnes, de bailarinas y de migrantes”.
Los libros, cuentos y ovillos de María Fernanda Gutiérrez los podés encontrar en @lalibreradelalma.
Y si quieres vivir una tarde mágica, La Maja Libros es el lugar: @lamaja.libros
