Marta Montero: No vamos a permitir que nos sigan matando

por Miranda Carrete y Mariane Pécora

El 8 de octubre de 2016, Lucia Pérez fue drogada y abusada sexualmente hasta morir. Los responsables de este femicidio, Matías Farías y Juan Pablo Offidani con la complicidad de Alejandro Maciel, depositaron su cuerpo en la puerta de una sala de salud de Playa Serena en la ciudad de Mar del Plata. Lucía tenía tan sólo 16 años y la ferocidad de su femicidio motorizó el primer Paro Nacional de Mujeres. El miércoles 19 de octubre, las calles de todo el país tronaron al grito de justicia por Lucía y por todas las víctimas de violencia machista. Llovía copiosamente en Buenos Aires y en varias ciudades del país, pero nada impidió expresar pública y colectivamente nuestra indignación. Vestidas de negro, miles de mujeres portamos pancartas con el rostro de Lucía. Su mirada penetrante se transformó en el eco de cientos de mujeres víctimas de femicidio: puso en evidencia la impronta patriarcal del poder judicial, la complicidad política con el narcotráfico y la indiferencia estatal ante estos crímenes.

Foto: Eva Cabrera /Télam

La mamá de aquella joven de ojos profundos es Marta Montero, probablemente escuchaste su nombre todos estos años. Encabeza la lucha por el pedido de justicia por su hija y por todas las víctimas de femicidios en el país. Su voz es fuerte y clara, se afirma en su familia y en familiares de víctimas de femicidio. Colectivizar la lucha, compartir el dolor de la pérdida de una hija, apacigua el duelo que la agobia en soledad. “Lucía somos todas, la veo en los ojos de cada piba que porta su foto», decía Marta a Periódico Vas en 2018.

Foto: Camila Godoy / Télam

Ese año, el Tribunal Oral en lo Criminal N°1 de Mar del Plata, integrado por los jueces Facundo Gómez Urso, Pablo Viñas y Aldo Carnevale, absolvió a Juan Pablo Offidani y a Matías Gabriel Farías de los delitos de abuso sexual y femicidio, condenándolos a tan solo ocho años de prisión por la venta de estupefacientes en cercanías de una escuela. Maciel, el tercer implicado, fue absuelto a pedido de la fiscalía. Los magistrados concluyeron que Lucía era responsable de su propia muerte debido a la excesiva cantidad de cocaína que consumió en la casa de un hombre, mayor de edad, que se jactaba de vender droga a adolescentes. Lo escandaloso de este fallo, que evidenció la falta de perspectiva de género de la Justicia en los casos de violencia machista, dio lugar a un nuevo Paro Nacional de Mujeres. En 2020, la Sala IV de la Cámara de Casación bonaerense anuló la absolución de Farías y Offidani e instruyó un nuevo juicio por el femicidio de Lucía Pérez. En 2021, la Comisión Bicameral de Normas de Procedimiento para el Enjuiciamiento de Magistrados y Funcionarios bonaerenses resolvió, por unanimidad, la acusación contra los jueces Facundo Gómez Urso y Pablo Viñas por “negligencia, incumplimiento de deberes inherentes del cargo y parcialidad manifiesta”. El tercer integrante del Tribunal, Aldo Carnevale, se jubiló antes del inicio de la demanda. En 2021, la Suprema Corte bonaerense, ratificó la decisión de la Cámara de Casación y avaló la realización de un nuevo proceso judicial en el que “no se juzgue a la víctima”.

Foto: Télam

Una inmensa batalla libró Marta y su familia para lograr una porción de justicia. En febrero de este año, los jueces del Tribunal Oral en lo Criminal N°2 de Mar del Plata condenaron a Matías Farías y Juan Pablo Offidani culpables del abuso sexual y posterior femicidio de Lucía Pérez. Al primero le dieron la pena máxima, prisión perpetua, y al segundo 15 años de prisión. Maciel murió de cáncer meses después de ser absuelto. En  medio del proceso, los debates sobre este caso fueron in crescendo en los medios de comunicación, como también en las charlas feministas y en los espacios académicos. ¿Qué pruebas son suficientes para determinar un abuso sexual?, ¿cómo se puede determinar el consentimiento?, son algunos de los interrogantes que se plantearon. Por otro lado, la familia continúa pidiendo justicia, lidia con la pausa que deja un femicidio, el dolor de hacer el duelo mientras se lucha contra un Estado ausente y una sociedad que es cruel, incluso con las personas que atraviesan una pérdida. Para ellos la reparación no es posible: “Lucía está bajo tierra, nadie la devuelve”, dice Marta; sin embargo, también reconoce que los responsables deben pagar por lo que hicieron, es por eso que apeló el fallo, considera que ambos responsables deben ser condenados a perpetua.

Foto: Télam

En esta entrevista con Periódico VAS, Marta Montero relata cómo fueron estos años de lucha y aprendizaje, en los que la razón de su vida pasó a ser la búsqueda de justicia por su Lucía y por todas las víctimas de femicidio en el país.

¿Cómo viviste el último Ni Una Menos?
Este 3 de junio fue un gran día. Este año nos juntamos las familias, reclamamos por los derechos de nuestras hijas. Nos encontramos con familiares que no nos conocíamos personalmente, sino por chat. A todos nos pasa lo mismo. El dolor nos atraviesa cuando matan a tu hija o la desaparecen. Este año nos abrazamos. Nos juntamos también para seguir luchando, porque nuestros derechos han sido bastardeados de todas las formas imaginables. Primero con la muerte de una hija. Y después, con todo lo que tenemos que pasar para tener justicia. Hicimos una marcha y después una asamblea pública. Cada familia tuvo voz propia sin que nadie interfiera ni se apropie de su lucha.

¿Cuáles fueron los principales reclamos?
La falta de investigación de cada femicidio. La pésima actuación de los fiscales. La falta de información. El no cumplimiento de la Ley de Víctimas. Lo mejor que le puede pasar a una familia es que un crimen se investigue a fondo. Muchas veces son los propios familiares los que están detrás de las pruebas. Muchas veces no se nos informan las modificaciones, avances y retrocesos de la causa. Muchas veces una persona sale en libertad y vos no te enterás, cuando es algo que te tienen que informar para poder intervenir, por eso reclamamos.

¿Estás conforme con la resolución de la causa?
No, nosotros apelamos. Uno tiene perpetua, otro 15 años y otro murió. Pedimos perpetua para los dos.

¿Cómo te llevas con los cuestionamientos y debates que hay en torno a la causa y a las condenas en relación con el consentimiento de Lucía y el pedido de perpetua para todos?
Es muy triste escuchar a profesionales y antropólogas becadas por el CONICET opinar sobre mi hija. Es decepcionante escuchar a periodistas decir, sin pruebas, que Lucía había dado consentimiento. Me irrita escucharlas decir que soy punitivista porque pido perpetua para los responsables del femicidio de mi hija. ¡A Lucía la tengo bajo tierra! ¡No la tengo más! Las personas que cometieron este crimen son adultos y tienen que pagar por lo que hicieron. Nos costó horrores elevar esta causa a juicio, lograr una condena, conseguir todas las pruebas. ¡No puedo entender cómo algunas académicas vienen a boicotear tanto esfuerzo! Que los medios lo hagan, no me sorprende. Pero que este cuestionamiento surja internamente entre mujeres, es inconcebible. ¿Están defendiendo al narcotráfico? Porque este es un narco feminicidio. La lucha que llevamos adelante es tremenda cuando los narcos están en el medio. Puedo entender que tenga que pelear con la defensa de los acusados, pero no comprendo el cuestionamiento de las académicas mujeres. Es muy doloroso que esto pase. Hasta las escuché decir que la causa no tiene pruebas. ¡Terminamos luchando en contra de nosotras mismas! Si se dictó una sentencia, si hay una condena a perpetua, es porque hay pruebas. Si en una causa, tan emblemática, tan observada en el mínimo detalle hacen eso, imaginate con otra causa que no tenga trascendencia mediática.

¿Cómo te llevas con esa exposición que generó la causa? ¿De qué manera te cuidas?
Yo ya no me expongo. Por mi salud mental, me cuido. Intento no ver, no escuchar. Tomo mis recaudos y estoy atenta a ciertas personas que hablan sobre el tema, en esos casos respondo. Pero no soy de buscar, leer, mirar quién comenta, estoy más allá de todo eso. Lo hago por mi salud, yo sé qué gente está de acuerdo y qué gente no.
¿Quiénes te acompañan?
En esta lucha estoy siempre con mi esposo. Si estuviera sola sería muy difícil. Además siempre nos acompañó mucha gente, muchas personas que no conocemos pero que están, medios de comunicación, muchas jóvenes. Pero cuando llegas a tu casa, estás sola, y en esa soledad está mi esposo, mi hijo, agradezco que estemos juntos como familia. Éramos cuatro, ahora somos tres y nos ayudamos, nos damos fuerza entre nosotros y seguimos nuestras vidas.

¿Qué es la reparación para vos?
Depende del cristal con que se mire, en realidad no hay consuelo ante la muerte de una hija, aun teniendo justicia. Pero sí creo que debe haber una reparación, porque las familias pasamos por todos los estados, por los peores.. No todas las familias podemos levantarnos y salir. No todas tenemos trabajos o grupos que nos contengan. Hay muchas que están muy solas. Y están tan mal, que aún no pudieron levantarse. Hay madres y padres enfermos que no pueden trabajar. Sólo quien atraviesa por este sufrimiento, sabe lo que le pasa por la cabeza. A veces el dolor es tan grande que te desarma, por eso creo que tiene que haber reparación. Es un derecho que tenemos como familia, como el derecho a la justicia. El Estado es responsable y tiene que hacerse cargo.

¿Cómo respondió la sociedad marplatense?
Hubo de todo, pero nos discriminaron, también vulneraron nuestros derechos. Cuando mi hijo quiso buscar trabajo en Mar del Plata, no conseguía por ser el “hermano de”. A mi esposo lo invitaron a irse de su trabajo. Cuando nos dimos cuenta de la cantidad de derechos que nos habían vulnerado, nos unimos con otras familias. Nuestros derechos y los de nuestras hijas, fueron lesionados de todas maneras. Todo el mundo mira hacia el costado. ¿Está bien que vendan drogas en los barrios? ¿Está bien que maten a las pibas? Mientras las mujeres podamos unirnos, no lo vamos a permitir.

¿Los discriminaron en Mar del Plata?
Sí, mucho, mi hijo consigue trabajo gracias a alguien que lo recomienda en un lugar. En ese momento tenía 19 años, hasta que vieron que era responsable y no le dieron el puesto. Él nunca perdió la esperanza. Eso pasamos las familias también. Es terrible y difícil volver a encauzar la vida, dejas de ser quien eras para convertirte en el hermano de, en la madre de, en el padre de…

¿Está presente el Estado en estos casos?
No, el Estado no se hace cargo de nada y es responsable.

¿Hubo perspectiva de género en la justicia durante el proceso?
Cero perspectiva de género, ni de humanidad, ni de derechos humanos. Más allá de eso, siempre tengo esperanza. Muchas mujeres me acompañan, acompañan a las familias, lo vi en la Plaza este 3 de junio. Nosotras somos la calle y nos hacemos escuchar.

Foto de portada: Gala Abramovich

 

 

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