MUTANTUR. Una agencia que integra

por Gabriel Luna

Lo primero es aclarar el acrónimo: Mutan-tur, Mutan-tour, Mutantes-tour. Viaje organizado por mutantes. Se trata entonces de una agencia de turismo gestionada por mutantes. ¿Pero quiénes son los mutantes? Gente en situación de calle de la Ciudad de Buenos Aires, que se define a sí misma como mutante por no tener casa fija, por cambiar de lugar, por errar, ser marginada, callejera, vagabunda, rolling stones.

¿Y quién mejor que los mutantes urbanos para guiarnos por las calles y enseñarnos lo que no se cuenta en los tours convencionales? Integrar a Buenos Aires vista desde el pie, caminando por plazas y museos pero también por un conventillo, por un patronato abandonado, integrar desde la huella de los migrantes europeos y provincianos hasta el calzado de los residentes, pasando por los bares hipsters y las pizzerías, las asambleas de la Democracia y los centros clandestinos de la Dictadura, yendo entre el neoliberalismo y la solidaridad.

Asamblea Plaza Dorrego

El viaje empieza después de la Olla Popular, que se celebra todos los domingos en la esquina de Piedras y avenida San Juan, barrio de San Telmo, donde está la Asamblea Vecinal Plaza Dorrego. Mutantes, asamblearios, turistas, vecinos, estudiantes, profesores y periodistas se reúnen en la esquina. Yamila Abal explica los orígenes de la Asamblea que surgió en Plaza Dorrego, precisamente con una Olla Popular, tras la crisis económica producida por el neoliberalismo y la consecuente revuelta de diciembre de 2001. Luego la Asamblea se mudó a este lugar, que era entonces un baldío, y construyó su sede. Un sitio de encuentro, de reunión de vecinos, donde se delibera, se solidariza, se planean acciones callejeras, se hacen talleres, lecturas, recitales, charlas, proyecciones, y donde además se sostiene la Olla Popular todos los domingos.

Plaza Peñaloza

El nutrido grupo Mutantur cruza la avenida San Juan hacia la Plaza Peñaloza equipado con micrófonos y parlantes wireless, carteles, insignias, mochilas, plantillas de stencil y dos carritos con avíos y víveres. Mariana Sosa explica que bajo el mural muy colorido del fondo de la Plaza, hay otro que alude a la desaparición de niños durante la Dictadura. La tarde es templada y los mutantur se despliegan en el verde. Algunos rodean a una pareja de frailes con hábitos azules sentados en un banco, como si estuvieran en una nube. Pero nadie los explica. Qué hicieron estos religiosos en la Dictadura y qué hacen ahora. Tal vez por incomodidad, uno de los frailes sonríe y le regala un pequeño evangelio a la mutante Patricia, que se le acerca demasiado. Vera Peñaloza, explica el mutante Roberto frente a una placa coronada por un busto blanco, era una educadora muy capa y directora de un profesorado, de esos que ahora quiere eliminar el Gobierno. La realidad choca con la imagen ponderada de la gran educadora.

Cecilia entre rejas

Dejamos la plaza Vera Peñaloza cruzando Chacabuco y, caminando por San Juan, llegamos a otro espacio verde: la Plazoleta Cecilia Grierson, que tiene rejas altas y ocupa solamente un cuarto de manzana. Eva, antropóloga, asambleísta de Parque Lezama -que fue liberado de las rejas- y conductora radial del programa Espantarrejas, explica el inconveniente. La plaza es como ese patio de expansión y recreo que había antes en las casas y en los conventillos, y que ahora no hay en los departamentos. Enrejarla es clausurar, poner horarios, coartar reuniones, actividades, trabajos, restringir el uso, el recreo y la libertad de los vecinos. Víctor Rodríguez explica que en ese lugar hacían acopio los cartoneros y esperaban los camiones para el traslado. Ahora no pueden. Y si a la noche hay gente en situación de calle, la sacan a empujones o a los golpes, explica el mutante Ricardo.

Kennedy y los conventillos

Mutantur cruza San Juan, después Perú, y hace un abanico frente al edificio de la Universidad Kennedy. Toma el micrófono Angelito (85) y dice que allí, mucho tiempo atrás había un conventillo con patio y aljibe de migrantes europeos, que después fue desalojado y que después el Gobierno se lo regaló a La Kennedy -una universidad privada-, que lo demolió y construyó este edificio en 1989. La mutante Patricia usa la plantilla de stencil y el aerosol sobre la vereda y pinta: “Ciudad de, por, y para Todos”. El mensaje parece un repudio al viejo desalojo del conventillo, pero también a las rejas y al desalojo actual de mutantes y vecinos en las plazas. Angelito dice algo en italiano, tal vez en honor a los primeros habitantes del conventillo, luego habla en inglés, tal vez por Kennedy, y después en alemán, aprendí viajando, explica, 40 años fuera del país.

La Feria de San Telmo y el MACBA

Mutantur avanza por San Juan y llega hasta la calle Defensa, donde se integra a la feria de antigüedades dominguera y al circuito turístico convencional. Entre mutantes, vecinos, turistas, asamblearios y estudiantes somos alrededor de cuarenta. Nos vamos agrupando en la esquina. Hay una banda de rap, un grupo de japoneses, kioscos con encajes, sifones y artesanías en la calzada. Cruzamos rumbo al Museo de Arte Contemporáneo (MACBA), donde hemos pedido un turno con carta de la Universidad de Avellaneda, porque la semana pasada no nos dejaron entrar. Ahora esperamos haciendo fila en la vereda. Patricia lee el evangelio, pasa una pareja zombi con globos amarillos, los japoneses sacan fotos. Y por fin podemos pasar, dejando los carritos, bolsos y mochilas en la recepción. El lugar de estilo brutalista, hormigón a la vista, es básicamente un cubo de varios pisos conectados con rampas. Las obras son abstractas, geométricas, frías. Dos guías muy amables se hacen cargo de nosotros, dicen que en este caso (parece un privilegio) podremos comentar las obras y recibir devoluciones. Mutantes y estudiantes juegan en las rampas. Se forma un círculo de silencio ante una escultura de Enio Iommi, llamada Lineal. ¿Qué podría ser? Preguntan las guías. Es un alambre doblado, dice Ricardo, que da vueltas, lo doblan y se pierde. Del grupo surgen distintas figuras: burro, pájaro, hombre… que las guías interpretan según los espacios entre líneas que deja la obra desde la perspectiva de cada observador. Y cuando se hace otro silencio Patricia dice: Es un laberinto. Asombro y síntesis. ¡Es un laberinto! No hay más que agregar. La escultura, el museo, las calles de la Ciudad, son un laberinto desde la perspectiva mutante, y no sólo desde ahí. Mutantur, gana el respeto de las guías, toma el espacio y se despliega satisfecho haciendo círculos en distintas esculturas. Ahora en una obra de Iván Navarro, llamada Beat. Beat is a hit, ein schlag, to mix repeatedly, battere, golpear, to do something before someone else does it, like Jack Kerouac with The Beat Generation, dice Angelito. Where are you from?, le pregunta la guía. Everywhere, responde Angelito. Iowa, Frankfurt, Bombay, Venezia, Marruecos, La Paz, Buenos Aires… La idea de golpe queda en círculo Mutantur. La obra de Navarro, hecha con un tambor, luces leds y espejos produce un efecto 3D, parece un túnel. Ricardo le dice a la profe Mariana Sosa: Es como un refugio, un lugar donde esconderse para que no vuelvan a pegarte.

Integración turista

Afuera hay conflictos y resistencias. A la salida, justo cuando hacemos una foto grupal frente al Museo, se detiene un bus turístico de dos pisos con más japoneses y algunos europeos. Los saludamos, miran para aprehendernos (como se mira a los nativos en los viajes), entonces desde Mutantur les queremos aportar a ese conocimiento, darles una certeza actual de la Argentina profunda, y cantamos el hit del verano: MMLPQTP. Los japoneses aplauden. Los guías, de ellos y de nosotros, sonríen, asienten. Así somos, esto pasa, así sentimos. El conflicto aparece, la resistencia también. Aunque se lo tape o disfrace rascando un poco aparece, y Mutantur tiene vocación de mostrar, de hacerlo aparecer.

Mural de la Memoria

La siguiente parada es a pocos metros y en otro museo, el de Arte Moderno, pero no entramos. Mutantes, estudiantes y asamblearios despliegan un telón que llevamos en uno de los carros y lo adosan, trepándose por las ventanas, al frente del edificio. El telón de 2 metros de ancho por 15 de largo, es la réplica en escala de un mural más grande que fue tapado en los fondos del Museo de Arte Moderno, y representa con una serie de fotogramas hechos sobresalientes de la historia Argentina entre los años 1976 y 2001. El Genocidio mediante terrorismo de Estado llevado a cabo por la Dictadura cívico militar. La lucha heroica de las Madres de Plaza de Mayo. El arribo del neoliberalismo. La desintegración social, el cierre de fábricas. La resistencia gremial y piquetera. El debacle financiero de 2001. La revuelta del 19 y 20 de diciembre. El nacimiento de las asambleas barriales. Todo está guardado en este Mural de la Memoria (como dice la canción). Y ahora deslumbra, como testimonio y dato claro de dónde venimos, exhibido por varios minutos en el frente del Museo. Los vecinos y turistas atraídos por el arte, la tarde de domingo y la feria de antigüedades miran el Telón de la Memoria, sostenido por estudiantes y mutantes colgados de las ventanas del Museo, y tal vez piensen en una performance (puede ser), pero es también y sobre todo una acción política de la Asamblea Vecinal Plaza Dorrego, que reafirma identidad, compone el tejido social, y reclama además ( hay una acción judicial al respecto) que el Mural sea copiado y exhibido de forma permanente en el frente del Museo.

Patronato, demoliciones y autopistas

Descolgado o caído el telón, hay aplausos y Mutantur saluda y avanza hacia su anteúltima parada, situada cerca del Museo, sobre la calle Balcarce, Humberto 1º y San Juan, en la media manzana donde está el Ex Padelai. Un edificio abandonado y otro, restaurado y palaciego a punto de inaugurar. La historia es contada a tres voces por la profe Laura Cagnelutti, el mutante Víctor y la asambleísta Yamila. Los edificios del Padelai (Patronato de la Infancia) fueron construidos según el estilo del academicismo francés entre 1887 y 1909 por los hermanos arquitectos Buschiazzo con el fin de dar albergue, atención sanitaria y educación a los niños huérfanos. Los edificios funcionaron hasta 1978, cuando el entonces intendente de la Ciudad, designado por la Dictadura cívico militar, Osvaldo Cacciatore decidió cerrarlos. El brigadier Cacciatore, tal vez por ser aviador o sin duda para beneficiar con negocios a la patria contratista y al sector financiero, se dedicó a construir rutas en el aire: autopistas urbanas. Ordenó entonces desalojar y luego demoler cientos de manzanas edificadas, porque las rutas en el aire eran muy bonitas y prácticas pero debían sostenerse en la tierra. Una de esas autopistas fue la 25 de Mayo, que corre paralela a media cuadra de la avenida San Juan donde ocurre el Mutantur. Esa zona fue devastada y una parte de los muchos desalojados ocupó el Ex Padelai en 1984 -cuando ya había terminado la Dictadura- y constituyó la Cooperativa de vivienda, crédito y consumo San Telmo Ltda. En 1991 el Municipio de la Ciudad pactó con la Cooperativa reciclar como viviendas el 70% de los edificios, pero no cumplió los acuerdos. En el 2000, el Gobierno de la Ciudad puso en marcha la “Unidad Ejecutora Padelai”, para desactivar la Cooperativa y cancelar los derechos adquiridos. Hubo una resistencia, que se hizo más fuerte tras la revuelta de 2001 y continuó hasta el 25 de febrero de 2003. Fue entonces cuando el jefe de gobierno porteño Aníbal Ibarra impulsó un desalojo violento e inició personalmente la demolición arremetiendo, provisto de casco y maza, contra una escalinata de mármol. El estúpido arrebato salvó a los edificios. La difusión en los medios de la imagen del intendente progre atacando con una maza al academicismo francés bastó para imponer una protección a los edificios históricos, que siguieron en pie pero tapiados. Y siguieron los reclamos de la Cooperativa, que tenía adjudicado el 70% de los edificios, y las luchas. Actualmente, el Gobierno de Larreta controla el predio y hace una restauración palaciega sobre la calle Humberto 1º. Los vecinos le reclaman un Centro de Salud (SESAC), que la zona no tiene, pero Larreta ha decidido trasladar aquí a la Jefatura de la Comuna 1, que está ahora en la calle Uruguay 740 y también ocupa un edificio elegante al estilo del academicismo francés. ¿Por qué mudarla entonces?, pregunta un estudiante. Aporta la respuesta uno de los periodistas del tour. Porque corre riesgos de derrumbe, las autoridades comunales no advirtieron que una obra vecina estaba socavando los cimientos de la Jefatura. ¿No advirtieron que al lado, una máquina excavadora les estaba socavando los cimientos? Tal vez la manejara Ibarra. Sonrisa amarga.

El Atlético

El recorrido continúa. Mutantur muestra los desalojos, la exclusión. Y también las luchas. La última parada será la más fuerte. Caminamos una cuadra hacia la manzana de SanJuan­-PaseoColón-Cochabamba-Azopardo y nos detenemos en una plazoleta de cemento con gradas, justo debajo de la autopista 25 de Mayo. Aquí enfrente estuvo el centro clandestino de detención El Atlético, anuncia Mutantur. Por aquí pasaron entre 1500 y 1800 personas, secuestradas y desaparecidas por la Dictadura cívico militar, solamente en un año. Aquí había un edificio de tres plantas dedicado al Servicio de Aprovisionamiento y Talleres de la Policía Federal que durante los años 1976 y 1977 encubrió el secuestro, la tortura y el exterminio de cientos de personas. El Atlético o Club Atlético -como se lo conocía en la jerga militar- fue demolido en 1978 por Cacciatore para construir la autopista. Pero no demolió las pruebas del horror. El sótano donde funcionó el centro clandestino quedó intacto bajo la autopista, tapado por una montaña de tierra. Tras la Dictadura, sobrevivientes, familiares de los desaparecidos y organizaciones de derechos humanos pidieron una excavación arqueológica que todavía hoy, a cuarenta años de la demolición, sigue haciéndose. Ya se encontraron 20.000 objetos y fragmentos que, junto al testimonio de los sobrevivientes, muestran las características y también el funcionamiento del Atlético. Había en el sótano, con frente a Paseo Colón, una sala de secuestradores, dos celdas de aislamiento, un pasillo y una enfermería; siguiendo el pasillo hacia Azopardo había a la izquierda un ascensor, después una sala de guardia y una escalera, por donde llegaban encapuchados los secuestrados, a la derecha de esta sala y detrás de la enfermería, estaban los baños, las duchas comunes y una cocina; siguiendo hacia Azopardo, había una sala de recreación de los represores, equipada con mesa de ping pong, y luego un pasillo central al que desembocaban 18 celdas, nueve de cada lado, que tenían 2 m x 1,6 m; siguiendo había un pasillo más ancho y a la derecha tres salas de tortura -llamadas quirófanos- equipadas con camas de metal; y al fondo había 23 celdas más. Los detenidos desaparecidos llegaban a los tumbos, tratados de forma violenta en la escalera, a la sala de guardia donde se los despojaba de efectos personales, se los engrillaba y se les asignaba una letra y un número -debido a esto pudo estimarse la cantidad de personas que pasaron por El Atlético-. El promedio de secuestros era 6 ó 7 por día y aproximadamente de 40 a 50 secuestrados partía por semana hacia rumbo desconocido. La mayoría de ellos nunca volvió.

Epílogo

Durante las paradas se han sumado vecinos al Mutantur, muchos no conocían las historias del Patronato y El Atlético. La tarde cae bajo la autopista entre tentáculos de cemento. Mutantes y estudiantes hacen una ronda con pañuelos blancos. Mariana con el micrófono habla del ocultamiento, del mapa de la exclusión, de las resistencias y de las luchas tapadas que hemos descubierto en el recorrido. Mutantur extrae del segundo carrito una merienda para todos. Martín extrae de su mochila una cuidada botella de Fernandito, que también comparte. Y finaliza el tour, nos abrazamos y volvemos a cantar el hit del verano: MMLPQTP.

Agradecemos a la Universidad de Avellaneda que tomó a Mutantur como un proyecto de extensión y sumó recursos. E invitamos a los vecinos y turistas al próximo Mutantur que será el 10 de junio de 2018 en Puerto Madero, con entrada libre y gratuita. Para anotarse, comunicarse con la Asamblea Plaza Dorrego en [email protected]

Instagram: asambleaplazadorrego facebook: Asamblea Popular plaza Dorrego

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