Fotografía: Gentileza de Sebastián Lorenzo Pisarello — con Soledad Deza.

 A un año de #LibertadParaBelén. Entrevista a Soledad Deza

por Ximena Schinca

“Ocultar las cuestiones del aborto es mantener la espada de Damocles sobre nuestras cabezas”

Al cumplirse un año desde que la joven tucumana recuperara su libertad el 16 de agosto de 2016, Soledad Deza, la abogada feminista y militante por el derecho al aborto, reflexionó con Periódico VAS sobre avances y retrocesos que dejó una causa que se hizo bandera en la sociedad tucumana y argentina.

Que a Belén le plantaron un feto, tan pronto llegó al Hospital Avellaneda de Tucumán, una tríada conformada por la policía, el personal de salud y el poder judicial para construir una causa fue una de las hipótesis que Soledad Deza concibió después de que la tucumana de entonces 27 años pasara más de dos años en prisión y por tres abogados: Walter Frías Barrera, Abraham Musi (que abandonó su defensa porque la familia no llegó a juntar los 20.000 pesos de sus honorarios) y la defensora oficial Norma Bulacios, quien contrarió el testimonio de su defendida pero no cuestionó ni una de las dudosas pruebas usadas para acusar a Belén. Así y todo cuando se le pregunta cómo supo de Belén, Deza fija el gesto, abre sus ojos siempre-despiertos y repite que llegó a la causa de pura casualidad, cuando la joven presa tras un aborto espontáneo estaba a punto de ser condenada a ocho años de prisión por “homicidio agravado por el vínculo mediando circunstancias extraordinarias de atenuación”.

Por suerte, como suele repetir Belén, la abogada de Católicas por el Derecho a Decidir le cambió el nombre y el destino, asumió su defensa, la bautizó con un nombre ficticio para proteger su identidad, aplicó una lectura comprometida de la causa y avanzó con calma y con prisa porque la chica estaba presa injustamente y ya no se podía esperar más.

Y entonces Belén supo que no estaba sola. El trabajo de empoderamiento fue tan cotidiano como necesario. Si el boñigo machista horada la roca no por su fuerza sino por su impune constancia, el empoderamiento feminista endurece y enternece montañas en un mismo gesto de puño cerrado y mano abierta. Belén necesitaba conocer sus derechos y comprender que habían sido vulnerados. Así aprendió que su causa era también la de todo el movimiento de mujeres, comprendió que su libertad y absolución no era solo una cuestión personal sino también política, y entendió que Belén fuimos y somos todas las mujeres.

– ¿Cuáles son tus reflexiones a un año de la liberación?

– En Tucumán todavía no se han revisado las prácticas al interior del sector de la Salud. No ha habido manifestaciones en ese sentido. Por el contrario, frente a la presión del Movimiento de Mujeres para que la provincia deje de ser la única que no ha adherido a la Ley 25.673, que supone un marco legal para el acceso a la salud sexual y a la procreación responsable, la respuesta del presidente de la Comisión de Salud ha sido que se tiene que sentar con la Iglesia; y si bien la comisión de Derechos Humanos y de Salud han dialogado con el Movimiento de Mujeres, abiertamente no ha habido ningún avance en ese sentido, pese a que como mesa hemos hecho una presentación alegando que hay violencia institucional de parte de los legisladores. Todo eso está en la base de los problemas vinculados al aborto.

Tampoco ha habido una revisión de las prácticas al interior de la justicia, que sigue sin una perspectiva de género excepto cuando se visibilizan estos casos. Hoy tenemos dos casos judicializados de dos niñas abusadas, una de 12 y una de 14, en los cuales está interviniendo el Poder Judicial; y a ninguna de las dos se les garantizó información acerca de que tienen derecho a interrumpir ese embarazo.

– ¿Qué quedó pendiente en la causa tras la absolución?

– Respecto de su absolución, hay que reivindicar el fallo como un pronunciamiento de la justicia local, pero también alertar de que el fallo verdaderamente acorde a los Derechos Humanos fue el que contiene el voto del doctor Daniel Posse. El voto del doctor (Antonio) Gandur es un voto del distraído, que no dice mucho y no se pronuncia sobre la violación del secreto y confidencialidad. Y el voto del doctor (Antonio) Estofán es un voto de la vergüenza, en el cual falta a la verdad y cita el fallo “Zambrana Daza” que no es aplicable porque es anterior al fallo “Baldivieso”, con lo que compone un mensaje hacia los sectores conservadores validando la denuncia post-aborto, lo cual es vergonzoso.

– ¿Cómo respondieron las instituciones a la reintegración de Belén?

– Ha quedado pendiente que se le responda a Belén un pedido que hizo la Secretaria de Derechos Humanos para que se le facilite una casa y un trabajo. Hasta hoy ninguna de las dos cuestiones ha tenido respuesta. La Secretaría de Derechos Humanos no se ha pronunciado. Es lamentable que Belén, primero, se haya tenido que ir a vivir a otra provincia y que todavía hoy no haya conseguido un trabajo ni una casa.

– ¿Qué falta al interior de las instituciones para producir los cambios necesarios y evitar que haya nuevas Belén?

Falta capacitación para incorporar la perspectiva de género. Falta des-incriminar el aborto permitido por la ley y colocarlo en el imaginario como lo que es: una prestación médica lícita. Es necesario desarticular el estigma en las pacientes, pero también en los efectores de la Salud. Hace falta capacitación al interior del Poder Judicial porque no sabemos cómo volvería a fallar ante otro caso de este tenor.

Mientras ocultemos, mientras tengamos en el closet las cuestiones del aborto, la penalización va a ser una espada de Damocles en la cabeza de todas mujeres tucumanas.

Fotografía: Gentileza de Sebastián Lorenzo Pisarello — con Soledad Deza.

 

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