Stargate UAE, posible objetivo estratégico de Irán si fracasa la tregua
El centro de datos que Emiratos Árabes Unidos construye junto con las grandes tecnológicas estadounidenses comienza a ser leído como un activo estratégico en la disputa regional. Si la tregua fracasa, la guerra podría extenderse desde el petróleo hacia la infraestructura que sostiene la economía digital. Una guerra prolongada en el Golfo podría asestar un golpe directo y estructural a la propia economía digital internacional.
por Alfredo Moreno*
Emiratos Árabes Unidos, Arabia Saudí, Bahréin, Qatar y Kuwait han atraído cientos de miles de millones de dólares en inversiones tecnológicas, diversificándose de exportadores de hidrocarburos a convertirse en la columna vertebral de una economía digital global que atiende a la mitad de la población mundial.
El estrecho de Ormuz es uno de los corredores marítimos más estratégicos del planeta. Aproximadamente una quinta parte del comercio mundial de petróleo transita por este paso entre el Golfo Pérsico y el océano Índico, según el World Oil Transit Chokepoints. Sin embargo, paralelo a su importancia energética, el estrecho también funciona como un punto de tránsito para múltiples sistemas de cable submarino que conectan el Golfo con Asia, África y Europa.
Entre los principales sistemas de cable que atraviesan esta región se encuentran: AAE-1, Falcon, Gulf Bridge International Cable System y Tata-TGN Gulf. Esta infraestructura de fibra óptica da capacidad significativa para la transmisión de datos internacionales en la región del Golfo. Además, la capacidad del centro de datos de la región se triplicará hasta 3,3 gigavatios (GW) en 2030.[1]
En Abu Dabi, capital de los Emiratos Árabes Unidos, se desarrolla el proyecto Stargate UAE, una infraestructura de inteligencia artificial (IA) de treinta mil millones de dólares. El proyecto es motorizado por empresas como G42, OpenAI, Oracle, Nvidia, Cisco y SoftBank. Presentada por el presidente Trump en enero de 2025, Stargate UAE es una iniciativa masiva de infraestructura de IA diseñada para posicionar a EEUU como líder mundial frente a China.
La infraestructura de IA de próxima generación que se construye abarca veintiséis kilómetros cuadrados de superficie, el mayor despliegue de este tipo fuera de Estados Unidos.
OpenAI tiene como objetivo construir un clúster de centro de datos de IA de un gigavatio (GW) con el fin de mejorar las capacidades regionales de IA. Microsoft comprometió US$ 15.200 millones para Emiratos entre 2023 y 2029.
Humain es una empresa de IA en Arabia Saudí, propiedad al 100% del Fondo de Inversión Pública, que está aplicando una estrategia de infraestructura de US$ 77.000 millones destinada a alcanzar 1,9 gigavatios de capacidad de centros de datos para 2030, con Google Cloud, AWS y Nvidia entre sus socios clave.
Bahrein alberga la principal nube de Amazon Web Services en Oriente Medio, que presta servicios a clientes bancarios, gubernamentales y empresariales en todo el Golfo.
La infraestructura de datos de Qatar está integrada en los sistemas operativos de Qatar Energy, el mayor exportador de gas del mundo. Las crecientes instalaciones de Kuwait respaldan las operaciones del sector bancario y las empresas petroleras. No son simplemente activos tecnológicos. Son el sistema operativo de la economía del Golfo y de los sistemas financieros y energéticos mundiales.
La inversión en la construcción de Stargate EUA es considerable, pero el flujo de efectivos futuros se mide como un múltiplo del costo de construcción.
El sector bancario del Golfo, que incluye instituciones como First Abu Dhabi Bank, Emirates NBD, Saudi National Bank y Qatar National Bank, opera colectivamente activos por más de tres billones de dólares y opera sus principales sistemas de pago, operaciones de tesorería y servicios de banca digital en la infraestructura digital de la región.
Los fondos soberanos del Golfo Mubadala, ADIA, PIF y QIA administran colectivamente US$ 4,5 billones en activos mundiales y dependen de operaciones digitales en tiempo real para administrar sus inversiones internacionales. Estos fondos gestionan conjuntamente más del 40 % de los activos soberanos mundiales. Enfocados en diversificar economías lejos del petróleo, invierten estratégicamente en tecnología, IA, deportes e infraestructura.
Adnoc, Saudi Aramco y QatarEnergy han avanzado decididamente en la transformación digital de sus operaciones con petróleo y gas. El puerto Jebel Ali en Dubai —el puerto artificial más activo del mundo— coordina US$ 344.000 millones en carga anual por la vía de sistemas de logística digital.
De la sumatoria de valores de toda la cadena digitalizada, desde los bancos hasta las operaciones energéticas, la logística, los servicios públicos y las plataformas de inversión soberanas, resulta un valor de impacto económico combinado de la infraestructura de los centros de datos del Golfo que es de entre 1,5 y dos billones de dólares.
A medida que el petróleo ha definido la economía de la región, los datos están emergiendo como un nuevo activo estratégico del Golfo. La diferencia es que la infraestructura petrolera, cuando se ve amenazada, provoca aumentos repentinos en los precios de la energía; pero la infraestructura digital, cuando se destruye, desencadena un colapso simultáneo en todos los sectores económicos.
Irán ha prometido volver a atacar las infraestructuras digitales si las negociaciones de poner fin a la guerra fracasan y su infraestructura energética es atacada nuevamente.
Los ataques de Irán comprometieron gravemente dos de las tres nubes computacionales en Emiratos y una zona en Bahrein. Amazon (AWS) confirmó daños estructurales, cortes de energía, incendios y agua. Se produjeron interrupciones en Abu Dhabi Commercial Bank, Emirates NBD, First Abu Dhabi Bank, las plataformas de pago Hubpay y Alaan, y la plataforma regional de transporte compartido Careem.
La Guardia Revolucionaria amenazó con arrasar totalmente el centro de datos operado por OpenAI, una infraestructura tecnológica valorada en más de treinta mil millones de dólares, si EEUU concreta la amenaza de un ataque a la infraestructura energética iraní.
La justificación iraní se fundamenta en que estas instalaciones proporcionan infraestructura crítica en apoyo de las operaciones militares y de inteligencia estadounidenses e israelíes. Las empresas norteamericanas han estado bajo amenaza. A principios de abril, el ejército iraní advirtió a importantes monopolios como Apple, Google, Meta, Intel y Microsoft, acusándolos de tener vínculos con el ejército estadounidense e israelí y amenazando sus instalaciones en Oriente Medio.
En caso de que Irán pasara de ataques aislados a una campaña contra toda la infraestructura de los centros de datos y de telecomunicaciones del Golfo, las consecuencias repercutirían simultáneamente en todos los niveles de la economía mundial.
Ante esa posibilidad, el sector bancario del Golfo se enfrentaría a un fallo sistémico. Las redes de pago se detendrían. Las bolsas de valores de Dubái, Abu Dabi y Riad suspenderían sus operaciones. Las operaciones de los fondos soberanos funcionarían a ciegas en el momento preciso en que necesitaran, con mayor urgencia, una gestión activa de carteras de valores.
Los sistemas de producción digitalizados de Aramco y ADNOC se degradarían. La infraestructura de coordinación de gas de QatarEnergy, que respalda la seguridad energética en Europa y Asia, se vería disminuida. Las operaciones logísticas de Jebel Ali se estancarían. Asimismo, se suspendería la prestación de servicios públicos en los sistemas de salud de Emiratos y Arabia Saudí; fracasarían las operaciones de las ciudades inteligentes, la infraestructura de identificación nacional y las transacciones de pago.
El colapso de los centros digitales no se limitará al Golfo; se propagará al exterior por las redes bancarias correspondientes en Londres y Nueva York, mediante los sistemas de suministro que dependen de la logística del Golfo y los mercados energéticos, cuya infraestructura de coordinación digital funciona en plataformas en la nube computacional del Golfo.
Las amenazas petroleras y digitales no son comparables; son complementarias y juntas son más peligrosas.
Cerrar el Estrecho de Ormuz desencadenaría una crisis energética grave, con daño mundial pero limitada sectorialmente. Los mercados han evaluado el riesgo de Ormuz durante décadas. Existen reservas estratégicas de petróleo para esa eventualidad.
La destrucción de la infraestructura digital del Golfo desencadena un colapso simultáneo de los bancos, las operaciones energéticas, la coordinación logística, la inversión soberana y los servicios públicos en los centros tecnológicos del mundo. Se trataría de un escenario nuevo para la economía mundial que no tiene plan B analógico.
El poder de Silicon Valley
Los países del Golfo han construido el programa de infraestructura digital e inteligencia artificial más ambicioso del mundo a la sombra de EEUU. Mientras que Irán ha identificado esas instalaciones como objetivos militares legítimos.
Con el impulso de sus empresas tecnológicas más poderosas, Estados Unidos ha incorporado sus intereses estratégicos y comerciales directamente en esas infraestructuras. Un ataque a Stargate es, de hecho, un ataque a los activos digitales estadounidenses en suelo extranjero.
Si las negociaciones no ponen fin a la guerra y fracasan, el mundo no debería esperar que las consecuencias se limiten a otro choque militar regional. Por primera vez en la historia contemporánea, una guerra prolongada en el Golfo podría asestar un golpe directo y estructural a la propia economía digital internacional.
Los centros de datos y la infraestructura de telecomunicaciones del Golfo se han vuelto demasiado importantes, demasiado expuestos y demasiado conectados con el resto del mundo para ser tratados como algo secundario en la guerra que EEUU desarrolla en Irán.
La economía digital no es independiente del mundo físico; depende de energía, infraestructuras de telecomunicaciones, procesamiento de datos, rutas comerciales y de la estabilidad geopolítica. Cuando uno de estos pilares se interrumpe, como ocurre en Ormuz, los efectos se transmiten rápidamente a sectores que, en apariencia, operan en una dimensión distinta, con un impacto económico en la comida de nuestras mesas.
[1] Para tener una idea de lo que representa esta cifra, el GW es una unidad de potencia equiparable a mil millones de vatios, mil megavatios (MV) o un millón de kilovatios (KW). Es la unidad que suele usarse para medir la capacidad de grandes centrales eléctricas o el consumo de energía a escala nacional.
*Alfredo Moreno es Computador Científico. Profesor TIC en la Universidad Nacional de Moreno (UNM). Integrante de la Red de Pensamiento Latinoamericano en Ciencia, Tecnología y Sociedad (Placts).
