Vigilia Trans en Plaza de Mayo

Desnudo, golpeado y sofocado,  el cuerpo de Ayelén Gómez, una joven trans de 31 años, fue encontrado la mañana del 12 de agosto debajo de una tribuna del Lawn Tenis de la ciudad de Tucumán. Su muerte constituye un travesticidio más en un país que cuenta con una larga y triste estadística de crímenes de odio.

Ayelén Gómez, nació en la provincia de Tucumán. Allí eligió su identidad sexual y allí fue detenida, violada y abusada por dos policías de la seccional segunda de San Miguel de Tucumán en abril de 2012. Inició una causa judicial que la obligó a autoexiliarse en la provincia de Buenos Aires. Tras años de penurias, logró ponerse en contacto con el Bachillerato Trans Mocha Celis, donde inició sus estudios secundarios. Ayelén aparece en el corto “Mocha Celis, la escuela de la ternura”. Allí, con timidez, dice: “me ayudó muchísimo en mi vida. Me hizo tener más responsabilidad, me ayudó a reemplazar el trabajo, por otras cosas que no me servían. Antes tenía libre espacio para consumir cosas que no debía, y ahora los tiempos que tenía libre antes, los tengo para poder estudiar”.

Pero, como para la mayoría de las jóvenes trans, su situación económica era de total vulnerabilidad, no conseguía trabajo digno, era estigmatizada por su elección sexual y se veía obligada a prostituirse para sobrevivir. En el 2015  decide volver a Tucumán, a vivir con su madre y seguir sus estudios en el Centro Educativo Trans de Puertas Abiertas de esa provincia. Pero continuó sufriendo la persecución policial y discriminación laboral.

El brutal asesinato de Ayelén,  conmocionó a la comunidad trans de todo el país que convocó a distintas marchas de repudio. En nuestra ciudad se realizará una la Vigilia Trans en Plaza de Mayo, este jueves 17, luego de acompañar la ronda de las Madres.

Marlene Wayar, una de las más entrañables activistas y referente trans de nuestro país,  periodista y fundadora de El Teje el primer periódico trans latinoamericano, escribió el siguiente texto para convocar a la marcha:

Hartas de dolernos por nuestras muertas.

Hartas de que nos maten justo cuando hemos logrado que una comience y permanezca realizando sus estudios secundarios. Y ahí nos la maten.

Hartas de llegar tarde.

Hartas de sólo verter lágrimas.

Hartas de escuchar sólo palabras de la nada, a la nada, con nada como propuesta que sane la muerte.

Convocamos a los cuerpos travas a un abrazo a la memoria de nuestras muertas, a la memoria de  Ayelén Gómez.

Nos auto-convocamos al abrazo colectivo antes de que nos maten y sea tarde para el abrazo.

Convocamos a aquellos cuerpos capaces de empatizar con nuestros cuerpos travas.

Convocamos a que nos acompañen con el abrazo, pues no hay otra cosa que podamos.

Convocamos nosotras, travas, desde el despoder.

¿Qué pedir?

¿Justicia acaso?

Desde la pobreza, ¿qué comprarles?

¿Acaso respeto?

Y el fracaso insistente, ¿de qué vanagloriarnos?

¿De un documento femenino que habilita al crimen de odio?

Ni sus políticas públicas vacías.

Ni sus acciones sociales que no logran darnos cobijo.

Ni su espiritualidad banal y vana para abrazarnos niñas.

Ni su cobardía para defendernos del asesinato o el maltrato en el barrio.

Ni su mojigatería para compartir el pupitre en la escuela primaria o el secundario.

Ni su desprecio para sanarnos en sus hospitales públicos o privados.

Ni su poco entendimiento para ver el hambre de niñas queriendo mantenerse vivas, del que se aprovechan para prostituirnos.

Ni su egoísmo para compartir la vivienda que de niñas necesitamos.

Ni su miseria excesiva como para incluirnos en sus espacios de trabajo.

Ni sus lindas palabras académicas o sus hermosas artes que no le transforman la vida a nadie.

Desde la experiencia hablamos.

Al abrazo convocamos, a pasar vergüenza en la plaza pública abrazando lo injurioso de nuestros cuerpos.

A enjugar nuestras lágrimas.

Al silencio te llamamos, hartas de gritar que nos están matando.

Les convocamos.

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