Malvinas, espejo y proyección

Por Pablo Camogli*

Malvinas es una historia recurrente de nuestro de pasado porque Malvinas refleja, en sí mismo, muchos de los capítulos centrales del devenir histórico de la Argentina.
En ellos nos miramos y nos reflejamos como en un espejo, que nos devuelve la imagen del pueblo que somos y del país que tenemos. En esa imagen, podemos observar conceptos claves para explicar y entender el desarrollo estructural de la Argentina del mismo modo que podemos encontrar, entre la tundra y la neblina, sensaciones colectivas que nos marcaron como pueblo.
Pero Malvinas -la causa, la gesta, la utopía- no sólo es entendible como construcción pretérita o como estático reflejo, sino que se proyecta hacia el futuro como camino ineludible para la realización de la Nación Argentina. Las diversas etapas y los principales sucesos vinculados a Malvinas, actúan como un espejo para nuestra sociedad, ya que allí nos reflejamos como pueblo y como historia.
Por lo tanto, proponemos recorrer, someramente, algunas de aquellas imágenes que nos prefiguraron hasta este presente.
El primer escenario, es uno casi desconocido por la mayoría de los argentinos.
Es el reflejo de un país que nació bajo el calor de la revolución independentista y que buscó, para sus orígenes, una sociedad igualitaria e integrada.
Así es la imagen que nos devuelven las Malvinas miradas desde el verano de 1824, cuando el comandante militar era un indígena guaraní, llamado Pablo Areguatí, proveniente de la provincia de Misiones.
Durante la primera década revolucionaria, los guaraníes habían sido protagonistas de la utopía colectiva de los Pueblos Libres, y ello los llevó a transformarse en actores sociales y políticos de la realidad circundante.
Sólo en este marco, es que se puede entender la presencia de un representante de los pueblos originarios como máxima autoridad de las islas.
La siguiente imagen, es la de la agresión colonial, materializada el 1 de enero de 1833, cuando una fuerza inglesa ocupó las islas. Esta imagen perdurará en tiempo -y aún perdura- para reflejarnos a una Argentina atada al colonialismo y al imperialismo.
Es que bajo el mito de la Argentina “granero del mundo”, se escondía una realidad muy cruda: la de un país sometido a la condición de semicolonia inglesa.
Aquella élite liberal del centenario, prefirió aliarse al capital británico para saciar sus propios intereses, antes que plantear ante Gran Bretaña una postura clara en defensa de nuestra soberanía.
El tercero de estos reflejos malvineros, es el trágico de 1982.
La locura bélica de la dictadura, traducida en 649 muertos en combate y unos 300 veteranos suicidados, no es más que la continuidad genocida de la represión ilegal.

 
 
 
 

 *Historiador y periodista, autor de  Batallas por la Libertad, Batallas  entre Hermanos y  Batallas de Malvinas. Colaborador de las  publicaciones  El Territorio y Todo es Historia. Ha participado en la elaboración de diversos libros sobre la historia reciente de Argentina.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *