28J: Marcha contra los travesticidios transfemicidios

por Mariela Acevedo*

El 28 de junio se conmemora el día Internacional del Orgullo en memoria de la revuelta —que este año cumple 50 años— en la que travas, putos y tortas resistieron una razzia policial con el boliche Stonewall Inn. como epicentro (Nueva York; 1969). Fue el inicio de un movimiento disruptivo, contrahegemónico, potente que hizo visible las desigualdades y también la necesidad de que la perspectiva feminista se entienda interseccional: en el cruce de clase, corporalidad, género y deseo. Para hablar de la fecha y su recuperación crítica acá, nos encontramos con Florencia Guimaraes, coordinadora en “La Casa de Lohana y Diana”, el único centro de día para la población travesti trans que funciona en la provincia de Buenos Aires; referente de Furia Trava, espacio militante y medio digital; y agitadora de muchas movidas como la que nuclea la “Columna Orgullo Diverse Lohana Berkins” que promueve la Cuarta Marcha contra los travesticidios y transfemicidios que se realiza el viernes 28 de junio a las 17 hs. desde Plaza de Mayo a Congreso en la Ciudad de Buenos Aires.

El sueño de la casa propia
La Casa de Lohana y Diana estuvo primero en González Catán y ahora en Gregorio Laferrere y nació de un proyecto que Guimaraes recuerda como un mandato de la Comandanta Berkins antes de morir. “Lohana dejó muchos tareas”, dirá entre mates la referente de “La Casa” que se autodefine como travesti, conurbana, matancera y feminista abolicionista. La Casa es un refugio contra la intemperie, un lugar al que llegar para encontrar un plato de comida caliente, una ducha, una persona que escuche, por eso Florencia muestra con orgullo el recorrido que se plasma en una carpeta que reúne afiches, hojas de asistencia, planificaciones y propuestas para cada encuentro. Allí, diversidad de temas van surgiendo al calor de “los martes de tejes travestis”: cuerpo, salud, vínculos, violencias son abordadas desde la perspectiva y experiencia propia, “Hacemos teoría travesti” resume Guimaraes. “Sale un tema, o leemos a otras travas, buscamos encontrar cómo nos afecta a nosotras, a nuestros cuerpos… la falta de trabajo, o la forma en la que muchas están en situación de prostitución con todos los derechos vulnerados.” Florencia relata además que el funcionamiento de La Casa ofrecía los miércoles talleres de oficios vinculados a la salida laboral que generalmente se orientan a cursos de estética (manicuría, maquillaje y otros cursos que solicitan las integrantes del espacio) y los jueves se ofrecía un encuentro de salud sexual integral, parecido a “los tejes” pero centrado en la salud, en donde con los aportes de las compañeras construyeron un espacio seguro donde expresar temores, preguntas, planteos; y —señala Florencia— “Un espacio que también está orientado a que las compañeras se formen como promotoras de salud, algo que es crucial para nosotras, primero porque está vinculado al acceso al trabajo y segundo porque también tiene que ver con el hecho de que otras compañeras se sientan cómodas, porque cuando una es travesti se siente más segura si es abordada por otra compañera, puede preguntar cosas que de otra forma no se animaría. En este espacio de salud —sigue Florencia— logramos hacer una especie de portfolio de salud travesti trans hecho por y desde nuestra mirada, en donde reconocemos nuestros cuerpos y nuestros problemas específicos, como puede ser cómo afectan las bombachas trucadoras a nuestro cuerpo o los efectos de la hormonización que muchas veces no están contemplados en los materiales que envían desde el Ministerio de Salud”.
En la actualidad, sin embargo, el espacio ha perdido recursos económicos y humanos y se sostiene de forma autogestiva.Las rondas de tejes travestis, las comidas y meriendas, el espacio de encuentro y contención se sostiene con el trabajo y las donaciones de las compañeras desde que quedó suspendida la subvención que recibían como Centro de Día. El Estado financiaba el proyecto a través de un programa de SEDRONAR (Secretaría de Políticas Integrales sobre Drogas de la Nación Argentina), que recibía el subsidio con la intermediación de la organización religiosa “Dimensión de Fe” que para tal fin prestaba su personería jurídica. “Hubo una malversación de fondos por parte de la organización” señala Florencia y frente a esto el Estado decidió cancelar el subsidio lo que dejó a La Casa sin una ayuda esencial. “No solo por los recursos económicos y humanos que necesitamos, sino también porque para nosotras a nivel simbólico es muy importante que el Estado reconozca La Casa travesti trans como el espacio de una población específica que requiere de asistencia porque tiene sus derechos humanos vulnerados y porque es el Estado el que debe intervenir en su reparación.”
La Casa sintetiza muchos de los reclamos que Guimaraes expresa en términos de política pública y se enmarca en el concepto de “travesticidio social” que Guimaraes explica: con este concepto, que emerge del propio colectivo, se amplía el de travesticidio como sinónimo de crímenes de odio que afecta a la población travesti trans. Las variadas formas de violencia que impacta en los cuerpos de las travestis y mujeres trans une a las dos referentes que son homenajeadas por el espacio: Lohana Berkins murió a los 59 años y Diana Sacayán fue asesinada a los 39. En el caso de Lohana, Guimaraes entiende que su muerte prematura se vincula a privación de derechos, a trayectorias de denegación y vulneración de derechos a la salud, a la educación, al trabajo, a la vivienda digna que hacen que solo el 1% de la población travesti trans llegue a los 60 años, como sobrevivientes de los travesticidios sociales. “El nuestro es un colectivo que tiene una expectativa de vida que ronda los 35 años y es muy fuerte porque yo voy a cumplir 39 años y una se sabe sobreviviente, no sabe cuando va a ser la próxima… no hay poblaciones que pasado los treinta esté pensando que va a morir… a esa edad pensás en lo que querés estudiar o trabajar, en formar una familia… nosotras no”. Mientras que la muerte de Lohana, es para Florencia una muerte evitable, el crimen que sesgó la vida de Diana Sacayán se caratuló por primera vez como un travesticidio, un crimen ejecutado con saña contra el cuerpo de una travesti. “Son dos muertes separadas por cuatro meses que fueron una enorme pérdida para el movimiento. Por eso, La Casa lleva los nombres de nuestras dos militantes históricas pero son muchas las que militaron nuestros derechos y que muchas veces son injustamente olvidadas” sentencia Guimaraes que desde Furia Trava hilvana nombres de compañeras que ya no están. En 2019, ya son cuarenta.

El orgullo como respuesta política
“Si naciera de vuelta, elegiría ser travesti, a pesar de lo que tenemos que atravesar, esto es lo que somos, orgullosamente travesti”, la frase pronunciada por Guimaraes sintetiza el doloroso proceso de reconocerse travesti y agitar con orgullo la sobrevivencia a la crueldad, la felicidad hecha de encontrar placer en el teje de saberes con otras, en el reconocer con bronca los derechos que faltan, las demandas que deben ser reparadas. Luchar para obtener justicia por los travesticidios como crímenes de odio o para erradicar las acciones cotidianas que marginan, excluyen y convencen de que eso es lo normal, lo que toca por ser travesti en una sociedad de privilegios de clase, color de piel y masculinidad hegemónica es parte del inmenso trabajo que hacen desde los espacios activistas. Aunque se logran conquistas legales como la Ley 14.783 de cupo laboral trans-Diana Sacayán que fue sancionada en la provincia de Buenos Aires en 2015, el logro es parcial cuando se ve el mapa de la implementación. La ley no fue aún reglamentada y lo que postula —destinar el uno por ciento de la planta del Estado para el acceso de travestis, transexuales y personas trans a empleo formal— no se aplica, aunque algunos Municipios adhirieron a la ley provincial. Guimaraes señala la paradoja de que la Ley que lleva el nombre de Sacayán sí haya conseguido la adhesión de distintos Municipios, pero no el de La Matanza del que era oriunda la activista y entiende que no hay decisión política para hacerla cumplir. Hay un proyecto de ley nacional de cupo laboral travesti-trans que espera su tratamiento en el Congreso desde julio del año pasado. En la Ciudad de Buenos Aires aún no hay proyectos en discusión al respecto.1

¿Quién marcha por las travas?
La cuarta edición de la Marcha contra los Travesticidios Transfemicidios elige el 28 de junio para hacer visible la violencia contra las travestis y trans. Es una fecha que, como relata Guimaraes, fue abandonada por las organizaciones LGTB locales que decidieron hacer la Marcha del Orgullo en noviembre, entre otras razones por el frío del invierno. “Pero las travas estamos acostumbradas a pararnos en la ruta con temperaturas bajo cero, ¿nos va a frenar el frío?” desafía. La fecha señala también la necesidad de recuperar la emergencia —en el doble sentido del origen y de lo urgente— frente a un evento que fue perdiendo su carácter de denuncia para convertirse más en una efemérides festiva en la que el reclamo travesti trans queda diluido.
En este sentido, la repolitización se puede entender también como la búsqueda por enmarcar el reclamo en el cruce con los movimientos de mujeres, los feminismos y los espacios del activismo travesti y trans, una relación no exenta de tensiones. Así lo recuerda Florencia cuando señala que a Lohana y a Diana las echaron de talleres de Encuentros Nacionales de Mujeres al grito de “Hay varones”. Los años pasaron y hoy ya no se discute la participación en estos espacios ganados. El Encuentro Regional de Mujeres es desde 2017 el Encuentro Regional de Mujeres, Lesbianas, Travestis y Trans y junto con la Campaña #SomosPlurinacional ese parece ser el debate que en octubre se dará en las calles y talleres del 34 Encuentro Nacional de Mujeres de La Plata. Guimaraes sin embargo, considera que este año en La Plata la discusión fuerte estará en los talleres de abolicionismo en los que espera participar señalando la necesidad de abandonar las posiciones más ligadas al biologicismo a las que un sector parece haber adherido.
Los desafíos son muchos: Gritar ¡Basta de travesticidios y transfemicidios!, implica exigir la implementación del cupo laboral trans y de políticas públicas que piensen el mejor vivir de las infancias y adolescencias travestis y trans en las familias y en las escuelas. Ese es un punto de partida básico para lograr trayectorias que permitan una vida digna, acceso a la salud, al trabajo y a la posibilidad cierta de que sobrevivir no sea la única meta.

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1. Un mapa sobre las provincias  y localidades que han implementado iniciativas de cupo laboral trans por la presión de grupos activistas puede accederse en https://economiafeminita.com/mapa-del-cupo-laboral-trans/

*Mariela Acevedo es feminista, licenciada en comunicación y docente. Administra el portal feminismo gráfico y es editora de Revista Clítoris. Escribe, da clases y realiza tareas de investigación en el campo de la comunicación, la salud, los géneros y las sexualidades.

Fotos: Florencia Guimaraes García / archivo Télam 2015

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