Abandono Sanitario en el Centro de la Ciudad

por Rafael Gómez

Desde el año 1969, tras la demolición de la Asistencia Pública en la calle Esmeralda 66 -donde había estado originalmente el Hospital Rivadavia-, el barrio de San Nicolás que es el lugar más concurrido de la Ciudad , también conocido como El Centro, sufre un abandono sanitario del Estado. No hay un solo establecimiento de salud pública en las 140 manzanas del Centro.

Los vecinos de San Nicolás reclamaron varios años por este vacío y acordaron con el Gobierno de la Ciudad , durante el Presupuesto Participativo 2003 y 2004, la construcción de un Centro de Salud en la parte posterior del mercado de San Nicolás, sito en la calle Viamonte 1747, entre Rodríguez Peña y Callao. Éste serviría para urgencias, atención primaria y derivación. En el año 2005 comenzó la obra que tenía un plazo de ejecución de 310 días. Dos años después, en el 2007, la obra se detuvo con un avance de sólo el 14% y está abandonada desde entonces. ¿Qué sucedió?

La increíble crónica financiera, política y burocrática de está obra fue documentada por Periódico VAS en los números: 16; 19; 21; y 27. Recomendamos en particular la nota del número 27, que tiene investigación, humor, confrontación, una buena síntesis, y se llama precisamente: Abandono Sanitario en el Centro de Buenos Aires.

La consecuencia de este abandono sanitario es que los vecinos y visitantes del Centro deben ir a otros barrios para ser atendidos, con las molestias y los perjuicios -en el caso de las urgencias- que esto significa. Los hospitales más cercanos son: el hospital de Clínicas y el hospital Rivadavia en el barrio de Recoleta. ¿Pero qué capacidad y servicios tienen estos hospitales?

UNA SOLUCION

No hay que hacer proyectos fantásticos a largo plazo para encarar el problema, se trata de una urgencia. Para empezar a resolver el abandono sanitario del Centro, el actual Gobierno de la Ciudad encabezado por Macri debe terminar la obra del Centro de Salud en la calle Viamonte 1747; ni siquiera hacen falta recursos propios, los fondos ya fueron otorgados por el B.I.D. (ver el cartel de obra o consultar Periódico VAS N° 21; nota: La Ciudad que no queremos). Otra medida indispensable es recuperar el hospital Rivadavia, una meritoria institución con más de doscientos años de experiencia sanitaria en nuestra Ciudad. Podría conservarse el patrimonio arquitectónico arreglando techos y fachadas, manteniendo la fantástica arboleda, y reciclando el interior de los pabellones neoclásicos según las necesidades actuales y futuras del Hospital. Esto debería hacerse en etapas, y empezando por los sectores abandonados, para garantizar el funcionamiento continuo del Hospital.

La solución es sencilla y evidente, sin embargo el gobierno de Macri no la encara. ¿Hace falta tomar una decisión política, como nos dijo un funcionario del Ministerio de Salud? ¿Hay poco presupuesto?

El Gobierno de la Ciudad ejecutó el 96% del presupuesto de Ambiente y Espacio Público, correspondiente al 2009, y apenas el 45% del presupuesto de Salud. ¿Qué significa esto? Que para este Gobierno es más importante el bacheo de las calles o el cuidado de las plazas, que la salud pública. ¿Cómo se entiende? Muy simple: el bacheo de las calles está relacionado con el negocio de los coches (que bien conoce Macri), y el cuidado de las plazas está relacionado con la inseguridad y las playas de estacionamiento, dos negocios muy rentables. Ver como ejemplo: la Plaza Libertad (Periódico VAS N° 28; nota: La Libertad entre rejas), donde se invirtió una fortuna para enrejarla e instalar un ascensor que comunica la plaza con el estacionamiento privado ubicado debajo. Pero además de los negocios concretos, el área de Ambiente y Espacio Público tiene una ventaja electoral: luce más una plaza florida que un quirófano. Y Macri tiene ambición de ser presidente, y también promueve negocios.

En este sentido, deben considerarse los negocios inmobiliarios que suponen el terreno de la obra abandonada del Centro de Salud en Viamonte 1747, y las seis manzanas del hospital Rivadavia en el cotizado barrio de Recoleta. Va a estar bueno, Buenos Aires, decía hace dos años el eslogan de campaña de Macri. Y resultó cierto: está bueno para los que especulan y lucran con el patrimonio público, para los empresarios parásitos del Estado, para los propulsores a ultranza de la medicina privada, y para los psicópatas que disfrutan el silencioso exterminio de los que menos tienen.