¿Acaso nos falta algo para ser escuela?

¿Acaso nos falta algo para ser escuela?, es la pregunta que se hace la comunidad educativa del Isauro Arancibia, que el miércoles  20 de septiembre, a partir de la 15, realizará un festival para reclamar a la ministra de Educación Soledad Acuña, y al jefe de Gobierno Horacio Rodríguez Larreta, que declaren escuela pública de jornada extendida a este centro educativo.

Más allá de la falta de reconocimiento oficial, el Isauro Arancibia es una escuela modelo. Desde el año 2008 brinda educación primaria a adolescentes y adultos en situación de calle o en riesgo de estarlo. Proporcionando no solo contención, también herramientas para que esta población, estigmatizada o invisibilizada por gran parte de la sociedad, se reconozca como sujeto de derecho. Cuenta con Jardín Maternal, Grado de Nivelación, Plan Fines Secundario, Centro de Actividades Infantiles, 23 talleres de arte, oficio y comunicación, cuatro emprendimientos productivos de economía social, un Centro de Integración Social y la revista La Realidad Chamuyo, una publicación íntegramente editada por alumnos y alumnas de esa institución, cuya venta les garantiza un sustento y un potencial trabajo digno.

En materia de salud, contención, integración social y restitución de derechos sociales vulnerados, articula con el Hospital Argerich, los Centros de Comunitarios de Salud 9 y 15, el Sedronar, el Centro de Acceso a la Justicia y organismos de defensores de derechos humanos.

Un trabajo quijotesco donde, docentes y alumnos, libran una batalla diaria no sólo para para preservar el edificio de esta escuela, también para garantizar la estabilidad laboral de 50 trabajadores y la continuidad de un proyecto educativo inclusivo que abarca un universo de 400 personas.

En diálogo con Periódico VAS, Susana Reyes fundadora y directora de este centro educativo, criticó la indolencia de Gobierno porteño hacia el reclamo de la comunidad educativa: “En 2007 el Ministerio de Educación de la Ciudad aprobó el proyecto para transformar al Isauro Arancibia en una escuela de jornada extendida. Como estos procesos de readaptación duran cinco años, lo que hicieron fue proporcionarnos todas las herramientas y condiciones edilicias para trabajar esta iniciativa. Pero al año siguiente todo cambió, cuando asumió Macri en la jefatura de gobierno, se empeñaron en destruir la escuela en lugar de construirla, y nosotros comenzamos a resistir y a batallar”.

En 2008, el entonces flamante ministro de Educación de la gestión macrista, Esteban Bullrich, firmó un convenio con el Centro Educativo Isauro Arancibia donde se comprometía a poner en condiciones el edificio de la calle Manuel García 370. Las obras nunca se iniciaron. En el año 2009 estudiantes y trabajadores, comenzaron una larga lucha para conseguir un edificio propio. A principios de 2011 se les cedió el predio de Paseo Colón 1318.

“Tener un edificio para nuestra escuela significó terminar con la inestabilidad y la incertidumbre. Todo en la vida de nuestros estudiantes es inestable e inseguro. Estos tres años hemos logrado la permanencia que tanto necesitan”, decía Susana Reyes a mediados de 2014. Había comenzado entonces una nueva batalla. El Gobierno porteño acababa de presentar la traza del metrobús del bajo, y se contemplaba la demolición de la manzana donde se erige el Isauro Arancibia. La resistencia popular frustró la maniobra. Ese mismo año, la Legislatura de la Ciudad habilitó una partida presupuestaria de 14 millones de pesos para concretar el proyecto de escuela de jornada extendida. Con ese dinero se refaccionó el edificio, la guardería infantil, se mejoraron las aulas y se creó el taller de panadería.

La tregua duró poco, en junio del año pasado, el Jefe de gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta anunciaba, en una entrevista radial, la relocalización del Isauro Arancibia para dar paso al metrobús, sin precisar dónde sería trasladado. La mudanza sin destino parecía inminente hasta que la asesora tutelar Mabel López Oliva interpuso un amparo que recayó en el juzgado a cargo de Andrés Gallardo. El magistrado  ordenó al Gobierno porteño que “se abstenga de reducir o demoler total o parcialmente el edificio sito en la Avenida Paseo Colón 1318, donde hoy funciona el Centro Isauro Arancibia y garantice el funcionamiento de la totalidad de la escuela en el edificio actual, en condiciones educativas (pedagógicas y edilicias) adecuadas…”.

 A mediados de este año, funcionarios de los ministerios de Educación y Transporte de la ciudad propusieron a las autoridades del Isauro Arancibia derrumbar unos 10 metros del edificio para dar paso al metrobús del bajo, a cambio de construir 300 metros hacia dentro. La condición era que levantaran el amparo interpuesto por el Juez Gallardo. La contrapuesta fue que lo harían una vez que este centro educativo sea declarado escuela pública por el Gobierno porteño. La respuesta de la ministra de Educación Soledad Acuña no se hizo esperar, el 13 de julio, envió a Susana Reyes una intimación para que se jubile.

“Este año, cuando habíamos llegado a un acuerdo para mantener el edificio, e incluso ampliarlo, el Ministerio de Educación me intima a jubilarme. Yo soy directora de otra escuela, asignada a este centro educativo. Porque, el Isauro Arancibia, al no estar reconocido como escuela pública carece de escalafón docente. Es decir, no existe el cargo de director, al que podría acceder el maestro con mayor puntaje. Si me jubilo, van a nombrar un coordinador, un abogado o a quien les venga en gana. Por eso estamos librando esta nueva batalla para que el Isauro Arancibia sea reconocido como escuela pública antes de fin de año”, manifiesta Susana Reyes, con la certeza de que la intimación a jubilarse es la respuesta del Gobierno al pedido de transformar el centro educativo en escuela.

El Isauro Arancibia, llamado así en memoria del maestro tucumano asesinado por la dictadura el 24 de marzo de 1976, es la primera escuela a la que asisten pibes y pibas en situación de calle, un lugar donde se identifican y sienten como propio. Es un modelo de educación inclusiva donde se capacitan alumnos de distintas universidades del mundo. Pese a estos antecedentes, Susana Reyes asegura que “Ni la ministra de Educación, Soledad Acuña, ni el Jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, visitaron alguna vez el Isauro Arancibia. Es más, Acuña ni siquiera lo reconoce como escuela. Así se lo manifestó al juez Gallardo el año pasado cuando frenamos la demolición del edificio”.

Los orígenes del Isauro Arancibia datan de 1998, cuando Susana Reyes fue designada para coordinar un Centro Educativo para Adultos y Adolescentes de nivel primario para la Asociación de Meretrices Argentinas. Como resultado del trabajo en red con otras organizaciones sociales, comenzaron a concurrir chicos en situación de calle que paraban en la estación de trenes de Constitución. En el año 2001, Puentes Escolares, programa del Ministerio de Educación de la Ciudad, creado con el fin de establecer lazos entre la calle y la escuela, destinó recursos materiales y humanos a este Centro luego de comprobar a través de un relevamiento que los jóvenes en situación de calle asistían y hacían referencia al “Isauro”. Surgió entonces necesidad de la creación de un Jardín Maternal para los hijos e hijas de los estudiantes. Su concreción arraigó la experiencia, la fortaleció y ayudó a su expansión. Actualmente al Jardín concurren aproximadamente 40 niños y niñas. A principios del año 2006, debido a la elevada matrícula, el Centro Educativo se mudó a la cooperativa “El Molino”. En el año 2007, se hizo un convenio con el Centro de Formación Profesional Nº 3 de la Ciudad, allí se núcleo toda la comunidad educativa, docentes y alumnos, y surgió la iniciativa de armar una escuela de jornada completa. La experiencia en un espacio de estas características demostraba su necesidad y viabilidad. Fue entonces cuando el Ministerio de Educación de la Ciudad aprobó en proyecto de convertir a este centro educativo en escuela de jornada extendida.  

A diez años de esta promesa, el Isauro Arancibia funciona como escuela sin estar reconocido como tal. Los trabajadores y docentes no tienen estabilidad laboral, ni gozan de los mismos derechos que un maestro de grado: carrera docente, titularización y/o escalafón. La única esperanza está puesta en la Legislatura porteña, donde desde el año pasado se espera el tratamiento de un proyecto de Ley que incorpora a este centro educativo dentro del marco normativo establecido por el Estatuto del Docente del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, reconociendo los derechos de los trabajadores y docentes que se desempeñan en el mismo.

 

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