Agenciamiento feminista hacia un paro mundial de mujeres

por Ximena Schinca
“…No hay mujer normal de nuestros días que no sea más o menos feminista. Podrá no desear participar en la lucha política, pero desde el momento que piensa y discute en voz alta las ventajas o errores del feminismo, es ya feminista, pues feminismo es el ejercicio del pensamiento de la mujer, en cualquier campo de la actividad”. (Alfonsina Storni)
Está claro. El movimiento feminista de Argentina sigue creciendo al compás de encuentros populares, asambleas acaloradas, discusiones intensas y marchas multitudinarias. Y ahora que nos preparamos hacia un nuevo Paro Internacional de Mujeres para el próximo 8 de marzo; lejos de consensos caretas y calculadores, las mujeres, lesbianas, travestis y trans le pudrimos el juego a la política especuladora y nos juntamos a escucharnos, expresarnos y plantarnos en nuestras propias contradicciones, acuerdos y oposiciones para organizar la parada de banca más contundente e irrefutable que se pueda fantasear.
“Si nuestras vidas no valen, produzcan sin nosotras”, es la consigna rotunda que este año buscará parar el mundo desde Alaska hasta la Patagonia. Un día sin realizar ningún tipo de trabajo es la utopía más radical y contundente que pueda cranearse contra el Patriarcado. ¿Quién realizará las tareas de cuidado indelegables a personas inexpertas y desinteresadas de realizarlas? Organizarse para hacerlo viable será uno de los principales desafíos de esta nueva huelga en comparación con el de 2017.
Está clarísimo. En tanto el movimiento feminista se agranda, hay que afinar estrategias para esquivarle el bulto a la rosca política, patriarcal y verticalista, que queremos derribar. Sí, ninguna se chupa el dedo, junto al rating en los programas de chimentos –lo sabemos–, se vienen las ofertas de partidocracias, burocracias sindicales y medios para sus fines.
No queremos sus “brishitos”, qué se los unten.
Si solo en Argentina nos matan a una cada 30 horas; y en América Latina y el Caribe, todos los días 12 mujeres son asesinadas por el hecho de ser mujeres. Si aún no tenemos estadísticas confiables y completas de la expresión de violencia machista más extrema (los femicidios); si el Estado y su brazo judicial desestiman y ningunean todos los otros tipos de violencia (simbólica, económica, psicológica e institucional); si en Argentina, 3.228 niñas, adolescentes y mujeres adultas están desaparecidas; si el 98 por ciento de los abortos en la región son inseguros; si el promedio de horas semanales dedicadas al trabajo no remunerado en la región, es de 13,72 horas en hombres y de 39,13 horas en mujeres; si la brecha salarial es cada vez más ancha y el trabajo no remunerado cada vez más esclavo.
No queremos sus honores, que se los lleven.
“Somos muy pocas las que estamos sobreviviendo”, dijo Lara Bertolini, del Bachillerato Popular Trans Mocha Celis, durante una de las asambleas convocadas para organizar la huelga. Las estadísticas dicen que las mujeres trans y travestis fallecen, en promedio, a los 32 años resultado de la violencia y la exclusión social que padecen. Aplaudida por la multitud, Sabrina Montenegro, de la Asamblea Lésbica Permanente, proclamó que “necesitamos que esta asamblea se diga anti biologicista”. Así, lejos de manifestar como algo compacto y homogéneo, el movimiento feminista se afianza como agenciamiento que establece relaciones para lo que se hace y se dice.
No queremos sus privilegios, que se los guarden.
En esa multiplicidad de intensidades diversas, en Argentina, la invitación a esta huelga de mujeres, lesbianas, travestis, trans e identidades feminizadas se proclamará en contra del ajuste impuesto por el gobierno de Mauricio Macri, los despidos, la reforma previsional y laboral; agitará los pañuelos verdes por el derecho al aborto legal, seguro y gratuito; y denunciará todas las formas de violencia, incluyendo la económica.
En Buenos Aires, un comunicado del colectivo Ni Una Menos señala que este 8M paramos porque “la violencia policial y represiva trabajan al servicio de las violencias económicas, laborales y financieras que se aplican con especial saña sobre el cuerpo de las mujeres”. En España, el Movimiento Feminista de Madrid celebró la huelga convocada para el Día de la Mujer porque “desborda el concepto de huelga tradicional. (…) Las mujeres no solo trabajamos en trabajos reglados sino en precarizados”. En Estados Unidos, mujeres y aliadxs marcharán por la igualdad, justicias y los derechos humanos de mujeres y todas las personas oprimidas por razones de género. Por su parte, el movimiento de base PIM (Paro Internacional de mujeres, agita para que el 8 de marzo nos apoderemos del mundo con “piquetas, demonstraciones, o happenings, flashmobs, giras feministas, debates y conciertos”, y que abandonemos el trabajo, salgamos a la calle, ocupemos el espacio público en más de 60 países, “mostrando nuestra fuerza y solidaridad, tomando lo que nos pertenece”.
Las convocatorias son múltiples; el agenciamiento es el paro.

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