Crónica de una ciudad que se disputa a sí misma

Zivals, el Mercado de San Cristóbal y la batalla por el patrimonio 

Por momentos, Buenos Aires parece una ciudad que avanza sin mirar atrás. Pero cuando uno escucha a quienes habitan sus rincones más antiguos, surge otra historia: la de una ciudad que se defiende de sí misma.

por Mariane Pécora

La esquina que nunca cerró
A las seis de la tarde, la luz del mural de Charly García cae sobre la vereda de Corrientes y Callao como si fuera un faro. La gente entra y sale de Zivals con la naturalidad de quien vuelve a su casa. Algunos buscan discos, otros libros, otros simplemente se refugian en el ritual de hojear, escuchar música o tan solo para conversar.
Zivals nació en 1971 y nunca cerró. Ni durante la dictadura cívico-militar-eclesiástica, ni en el 2001, ni en la pandemia. “La cultura no se apaga”, repetían sus trabajadores cuando la Ciudad parecía desmoronarse. Hoy son 35 personas sosteniendo un espacio que la Legislatura declaró Sitio Destacado de la Cultura.
Pero esa esquina, que sobrevivió a todo, enfrenta ahora una amenaza inesperada: la expropiación y demolición para construir el vestíbulo de la futura Estación Corrientes de la Línea F.
La noticia llegó sin aviso. “Nos enteramos por un plano”, cuenta uno de los trabajadores. El Ministerio de Movilidad e Infraestructura les habló de “convivencia”, pero cualquier cierre implica tres años de obra. Tres años sin comunidad, sin actividad, sin vida. Tres años que equivalen a desaparecer.

El silencio técnico y las alternativas ignoradas
En septiembre de 2026, Zivals presentó dos alternativas técnicas que permitirían construir la estación sin tocar el edificio:

  • Estación Tucumán 2×1, un proyecto previo de la propia Ciudad que resolvía la combinación entre las líneas B y D sin expropiaciones.
  • Pasaje Discépolo, a metros de la esquina, espacio público apto para accesos y vestíbulos.

Ambas propuestas fueron entregadas formalmente. Ninguna recibió respuesta técnica. “Es como hablarle a una pared”, dice Fernando Laviz, uno de los responsables del local.
Mientras tanto, la Ciudad insiste en que la expropiación es “la única opción”. Pero no explica por qué.

A pocas cuadras, otro frente de resistencia
En el Mercado de San Cristóbal, puesteros y puesteras conviven con la angustia. Algunos con más de 40 años en el lugar cuentan una historia que suena demasiado familiar: presiones, clausuras selectivas, aumentos de alquileres, cortes de servicios, contratos rescindidos sin motivo.
El mercado, fundado en 1880, es uno de los más antiguos de la ciudad. Un espacio donde generaciones enteras compraron, trabajaron, se conocieron. Un punto de identidad barrial que sobrevivió a todo menos a la especulación inmobiliaria.
“Nos quieren vaciar”, dice Marta, a cargo de un puesto de venta de frutas. “Si nos vamos, el mercado muere. Y si el mercado muere, el barrio pierde su corazón”.
La Ciudad habla de “puesta en valor”. Las y los puesteros hablan de “desalojo encubierto”. No hay un plan de obra claro. No hay garantías de continuidad. Hay, sí, un patrón.

Dos historias, una misma lógica
Zivals y el Mercado de San Cristóbal no son similares. Pero sus conflictos comparten una estructura inquietante. Vulnerando todo derecho a la participación ciudadana, el Gobierno de la Ciudad adopta decisiones de alto impacto urbano carentes de estudios técnicos públicos, afectando a comunidades históricas que nunca son consultadas. Este opaco proceso administrativo concibe al patrimonio cultural y social como un obstáculo, donde la prioridad está puesta en el avance del cemento sobre la memoria colectiva.
En ambos casos, la Ciudad sostiene que las obras son necesarias. Pero no explica por qué deben hacerse exactamente donde están estos espacios. Ni por qué no se estudian alternativas. Ni por qué el costo cultural no aparece en ningún informe.

La Ciudad que se defiende
En Zivals, los clientes firman una petición que pide revisar el trazado de la estación. En San Cristóbal, los puesteros organizan asambleas y marchas. Resisten. En ambos lugares, la gente se abraza a lo que siente que es suyo.
“Buenos Aires es esto”, dice un vecino mientras señala la esquina de Corrientes. “Si sacan esto, ¿qué queda?”.
La pregunta resuena también en el mercado: “¿Qué ciudad queremos? ¿Una ciudad de edificios vacíos o una ciudad de gente?”

La contradicción que la Ciudad no explica
La Legislatura declara a Zivals patrimonio cultural. La Ciudad impulsa su demolición. El Mercado de San Cristóbal es Área de Protección Histórica. La Ciudad permite su vaciamiento. La contradicción es tan evidente que ya no se puede ignorar: Buenos Aires protege su patrimonio en los papeles, pero lo destruye en la práctica.

La batalla por la memoria urbana
La historia de Zivals y del Mercado de San Cristóbal no es solo la historia de dos lugares. Es la historia de una ciudad que se debate entre el progreso y la memoria. Entre la infraestructura y la identidad. Entre el desarrollo y la comunidad. Las obras pueden ser necesarias. Pero la forma en que se deciden define qué tipo de ciudad se Y hoy, en Buenos Aires, hay dos rincones que resisten para que la ciudad no se olvide de sí misma.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *