Vivir así no es vivir

Endeudarse para comer; para pagar el alquiler; para llegar, raspando, a fin de mes. ¿Cómo afecta a las mujeres y disidencias un fenómeno que crece mientras los bolsillos se enflaquecen? La responsabilidad de un Estado cada vez más ausente y de las empresas que todo devoran.

                                                                                              por Jesi Faria

“A fines del 2025 saqué un préstamo de 1.800.000 pesos a través de la app del Banco Francés, a pesar de que mis ingresos eran súper bajos porque no llegaba siquiera a los 800 mil pesos ni de casualidad. Lo hice para poner en cero la tarjeta de crédito, Mercado Pago, arreglar la moto tras un accidente; para acomodarme al menos un poquito. Y como por el alquiler pago relativamente poco, porque es el departamento de la mamá de una amiga, hasta pude adelantar un mes.

En ese momento yo trabajaba en Infonews y ganaba 350.000 pesos, cuidaba a un nene dos veces por semana y también hacía alguna que otra entrega en moto”. Así comenzamos la charla con Rocío Bao, una de las personas endeudadas: en el país hay casi seis millones de personas en situación de mora y más de veinte millones con alguna deuda registrada. Mientras el 54,7 por ciento de la población adulta sostiene algún tipo de crédito activo, el Presidente pregunta, absolutamente desconectado de la realidad, si les pusieron una pistola en la cabeza para tomar deuda.

“El primer factor y piedra fundacional de esta situación es la pérdida de poder adquisitivo de los hogares. El costo de la vida no se puede cubrir con el dinero disponible y así, el endeudamiento deja de ser una vía para el ascenso social o la inversión familiar y pasa a cumplir una función paliativa”, remarcan Ciudad Futura y Movida Ciudad en su Manual de Autodefensa Financiera, que también contó con aportes del Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE) y del Grupo de Intervención y Acción Feminista (GIFF). Es simple, pero eso no le quita complejidad: una persona o una familia no decide gastar menos, sino que gana menos y, entonces, la deuda tapa ese agujero en el bolsillo.

A punto de estallar

No es algo personal, no le pasa a alguien porque sí, no es un acuerdo entre privados. La conversación con Rocío continúa; su caso no es un caso aislado: es casi una regla de estos tiempos. “Ante la inestabilidad de mis ingresos, al poco tiempo tuve que volver a usar la tarjeta para gastos cotidianos como compras en el súper; volví a usar Mercado Pago para pagar el alquiler: es decir, linkee la tarjeta a MP y así pude pagar el alquiler en cuotas”, me cuenta. Y agrega una frase que demuele: “No me quedó otra, sino no llegaba”.

Entre enero y febrero pasados, a Rocío le comenzaron a llegar notificaciones por la deuda de una cuota del préstamo. Después llegaron otras. Al tiempito le cancelaron la tarjeta. ¿Qué pasó después? Mensajes por WhatsApp que amenazaban con embargarla y otros que le decían que iban a bloquearle el monotributo y que si en 24 horas no se comunicaba, entonces iban a judicializarla. Se sumaron mensajes desde otras líneas. “Los fui bloqueando varias veces, pero me escribían desde otros números. En la última instancia me dijeron que debía abonar diez millones”. No dan respiro; nadie puede querer vivir así; no se elige.

En materia de autodefensa financiera, hay que saber que no hay embargo al recibir WhatsApp porque solo una jueza o juez puede ordenarlo; que una carta documento no significa que ya haya un juicio, sino que es una intimación previa; que las entidades financieras y proveedores no financieros de créditos, sistemas de tarjetas de crédito, no pueden amenazar ni hostigar, ni llamar a los lugares de empleo, tampoco avisar a familiares, amistades o vecinas y vecinos; tampoco debitar todo el sueldo.

¿Cómo impacta en la salud mental?

Rocío dice que la afectó muchísimo, que sintió miedo, angustia, impotencia. “En principio, la cuestión es poder pensar la relación de la deuda con el sufrimiento psíquico”, reflexiona Sofía Guggiari, psicóloga, escritora y performer. Si hay preocupación, no se puede dormir, hay insomnio, estrés y vivir 24 horas sacando cuentas. “Entonces —sigue Guggiari— aparece una cuestión muy de la instancia superyoíca recayendo sobre la persona: el deber recae sobre la persona, la vergüenza recae sobre la persona, la culpa recae sobre la persona. Y empieza una especie de ensimismamiento yoico, así le digo yo, donde la persona no solamente tiene que hacer cálculos para vivir, sino que además se atormenta con una especie de rumeo mental”.

¿Cómo se vive con tanta preocupación y tensión?

¿Cómo se sigue cuando se está esperando una notificación del banco, cuando se suma un nuevo trabajo o tarea para generar otro ingreso que cubra la deuda, cuando solo se sacan cuentas? “La sensación —señalan en el Manual de Autodefensa Financiera— de que es imposible encontrar una solución a un malestar tan intenso configura un escenario sumamente delicado para la salud mental. Los contextos de crisis económica en general y de endeudamiento particularmente multiplican los cuadros de ansiedad, depresión, comportamientos autolesivos, suicidas y de violencia en general. En el mismo sentido, se evidencia el aumento de la medicalización (psicofármacos) o de los consumos problemáticos (alcohol o drogas) y de adicciones (al juego, por ejemplo) como formas de “soportar” o de lidiar con sufrimientos que se vuelven crónicos”.

La dimensión de género

“Desde que comenzamos nuestra investigación desde una perspectiva feminista en el año 2018, constatamos que hay una afectación particular del endeudamiento en la vida de las mujeres, lesbianas, travestis y trans. En primer lugar, tiene que ver con la forma en que se ensambla el nivel de endeudamiento con los trabajos más precarizados”, adelanta Luci Cavallero, socióloga, investigadora y especialista en economía feminista, militante de Movida Ciudad y de Ni Una Menos. Cavallero nos explica que hay una brecha salarial y una brecha en la formalidad: “La informalidad de los trabajos se mantiene históricamente porque hay una redistribución desigual de los cuidados: las personas que cuidan y que tienen a cargo mayores niveles de trabajo no remunerado son las que tienen inserciones en el mercado laboral más precarias”. De ese modo, el endeudamiento es más precario en las poblaciones que cuidan, que tienen trabajos informales. En ese contexto, Luci analiza: “Antes de endeudarse con un banco, lo hacen con empresas como las emisoras de tarjetas de crédito ligadas a supermercados o a casas de electrodomésticos. Y ahora con billeteras virtuales. Entonces, antes del crédito bancario hay un endeudamiento con entidades financieras no bancarias”.

Ahora hay un endeudamiento para vivir: para cubrir gastos básicos; para alimentos y productos básicos; para servicios, impuestos, alquileres y vivienda, porque en los sectores vulnerables nueve de cada diez personas tienen ingresos que no alcanzan para sus gastos familiares. Lo remarcan desde Endeudadxs organizados en su página de Instagram. Es una alarma que no deja de sonar.

“Hay un ensamblaje entre endeudamiento y mandatos de género. En general, las empresas financieras apuntan a poblaciones como la de las mujeres que van a hacer cualquier cosa para sostener la economía doméstica en un contexto de privaciones y de mayor precariedad. Notamos que el endeudamiento destinado a vivir tiene una preponderancia en las mujeres y, por lo tanto, hay una marca de género en el destino de la deuda, que en el caso de las mujeres siempre es un endeudamiento para cubrir las necesidades básicas del hogar. Por otro lado, obviamente, este endeudamiento que vimos y que estudiamos desde un principio con una marca de género ha devenido una condición común a toda la clase trabajadora”, anticipa Luci.

Nadie se salva en soledad

“¿Qué le diría a una persona endeudada? —me pregunta Sofía—. Que se organice políticamente, que esté con otros”. En sintonía, Rocío evalúa que “las iniciativas sociales de las organizaciones lograron poner en agenda esta problemática, viralizar la situación crítica de deuda porque el tema llegó a los medios y a la oposición, que pudo meter presión para tratar uno de los tantos proyectos que hay para paliar la deuda de gran parte de la población”. En Caballito, todos los lunes hay un espacio de escucha y orientación en la Casa Popular Evita Vive (Fragata Presidente Sarmiento 616) a partir de las 17:30.

«Camila representa una realidad que viven muchas personas”

La Legislatura porteña fue testigo de un conmovedor relato: Érica contó cómo su hermana Camila, de solo 23 años, se suicidó tras el hostigamiento que recibió: «La historia de Camila no comienza con su desenlace, comienza mucho antes: cuando una persona deja de ser tratada como una persona y pasa a ser tratada exclusivamente como una deuda».

“Como cualquier chica de su edad, buscaba su independencia y bienestar. Quería trabajar, estudiar y salir a comerse el mundo dentro de sus posibilidades. Criada en una familia de clase media baja, no contaba con las herramientas para dedicarse solamente a estudiar: quería trabajar y poder afrontar sus gastos mínimos.

En la madrugada del 20 de noviembre a las 4 de la mañana recibí el llamado de mi papá diciéndome que mi única hermana se había quitado la vida. La Policía Científica incautó de su dormitorio cuadernos, papeles, comprobantes y evidencia que permitía reconstruir sus últimos momentos”, dijo Érica con la garganta anudada. Un día antes, su mamá había recibido un audio por WhatsApp de un supuesto estudio jurídico que indicaba que Camila tenía una deuda con una empresa.

«El audio era sumamente violento y amenazante. Hablaban de mi hermana como deudora y amenazaban con embargar los pocos bienes que tiene mi papá, aun cuando él nunca había firmado una hipoteca ni había dejado esos bienes como garantía por un préstamo de mi hermana… Cuando escuché este audio, entendí que no se trataba de un abogado ni de un embargo. Se trataba de miedo, depresión y violencia psicológica».

 

 

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