Criminalizar la pobreza: El peor abandono es la indiferencia

Por Celeste Choclin

Desigualdad de derechos, desigualdad de oportunidades, desigualdad en la alimentación, en el hábitat, la educación, la salud. Un gran abanico de problemas excluye diariamente a hombres, mujeres, jóvenes, adolescentes, niños, niñas, que en repetidas ocasiones no mencionan su dirección para no ser tildados de “villeros”. Ellos conocen de sobra la estigmatización cotidiana donde pobre se asocia a “peligroso” y lleva al conjunto social a cruzar la vereda, a dar la espalda y solicitar castigo.

La muerte de Kevin Molina en el barrio de Zavaleta (Villa 21-24) bajo la indiferencia de las fuerzas de seguridad (la revista La Garganta Poderosa denunció que la Prefectura liberó la zona) y silenciada por los grandes medios, da cuenta de esta desigualdad: hay crímenes que acaparan todas las pantallas y movilizan a abogados prestigiosos, policías y fiscales, y otros que se mantienen permanentemente en el anonimato ¿Por cada minuto mediático otorgado al caso Ángeles, cuántas muertes en las villas se callan?

Los jóvenes pobres sólo tienen aparición mediática cuando cometen delitos o cuando se presume su culpabilidad. Por estos días se vuelve a hablar de bajar la edad de imputabilidad. Los medios toman el tema y lo amplifican presentándolo como “la gran solución”, “la gran preocupación de la gente”. Una permanente lógica de castigo y exclusión a los sectores más pobres de la sociedad para remediar la inseguridad. Que la cárcel está poblada por pobres, no es una afirmación ligera. Lejos de pensar en la inclusión social, de realizar un debate profundo acerca de la marginalidad y la violencia institucional, la solución sólo parece venir de una manera y desde un lugar: el castigo a los más vulnerables en el ámbito penal. Un remedio que, más que curar, nos enferma cada vez más.

La mirada de la sospecha

Tal como señala la antropóloga Rossana Reguillo, en los últimos años se ha instalado una “geopolítica del miedo” donde la seguridad a nivel mundial ha sido el gran relato ordenador de la dinámica social. Ligado a la construcción social del miedo, hay todo un discurso potenciado por los grandes medios de comunicación que pide a gritos “mano dura”, “tolerancia cero” y encarna la idea de la sospecha y una estigmatización cada vez más fuerte hacia el pobre, el inmigrante, el que vive en una villa. La condena se dirige al que menos tiene y deja inmune al más pudiente. Resulta mucho más efectivo y sencillo condenar a los pequeños hacedores del delito o apresar a “sospechosos”, sin que se llegue a probar su culpabilidad, que buscar a las grandes organizaciones delictivas.

Señala la investigadora Alcira Daroqui, que en los discursos contra la inseguridad aparece la idea de un “ciudadano” luchando contra otros que son los “potenciales ofensores” y aparecen “zonas de riesgo”, en general relacionadas a las villas miserias, donde todos los habitantes son sospechosos. Se delimita, entonces, “quiénes son ciudadanos, quiénes son no-ciudadanos, quiénes son los que tienen derecho a reunirse y debatir sobre el tema inseguridad, quiénes no lo tienen, quiénes padecen más inseguridad, quiénes cuentan con más seguridad”. Se advierte en este discurso que están absolutamente descuidados, abandonados y prácticamente ni siquiera nombrados los sectores pobres. Por lo tanto, la muerte de Kevin y de los tantos Kevin que no son nombrados, pareciera que no entra en el debate de la inseguridad.

Cuenta Emilio Calatayud, juez de menores de Granada (España): “llevo juzgados 16.000 chavales, una de las experiencias que más te choca es cuando a las 10 de la noche se cierra la celda y allí no se oyen voces de criminales, lo que se escucha son llantos de niños” (emitido por el programa Bajada de Línea N°159) ¿Por qué no conocer qué hay detrás de cada joven vulnerable? ¿Qué vida lleva un chico que no ha tenido contención familiar, que vive situaciones de riesgo, que fue discriminado desde la infancia? ¿Qué remedio puede proporcionar la reclusión a un chico de 14 años por un tiempo que puede ser la mitad o más de su vida? ¿Qué solución proporciona deambular en centros de menores durante años?

Los pibes estamos en peligro

Conocer a los chicos y las chicas es el primer paso para acercar las distancias que impone la cotidiana condena social. “Ningún pibe nace para chorro” es el nombre de la campaña que la Revista Mu viene realizando hace unos años a través de distintas propuestas. Los chicos de la villa La Cava de San Isidro junto a la ONG “ACEJ” realizaron en 2009 el documental “Chicos rodando” con la idea de mostrar otra cara que la de la estigmatización, bajo la consigna: “No somos peligrosos estamos en peligro”. “La 21 Barracas” (2012) realizada por Víctor Ramos (ONG “SOS Discriminación”) y actuada por jóvenes de la Villa 21 es otra película que muestra una cotidianeidad marcada por los tiroteos entre bandas, cuyas balas sortean cuerpos como el de Kevin.

El pasado miércoles 25 de septiembre, distintas organizaciones sociales nucleadas en el “Encuentro Niñez y Territorio” y el “Foro por los Derechos de la Niñez y la Adolescencia de la provincia de Buenos Aires” realizaron una caravana contra la baja de la edad de imputabilidad, que partió de parque Rivadavia y culminó con un abrazo simbólico al Congreso Nacional. Chicos del Sur, CTA Capital, Asociación Civil El Palomar, Juventud CTA Provincia, Fundación Che Pibe, entre otras tantas organizaciones, marcharon junto a los chicos contra una propuesta que no hace más que criminalizar la pobreza: “¿Porque creen que endurecer las penas disuade a la hora de cometer un delito? ¿Qué consecuencias genera el encierro, en el cuerpo y la psiquis de nuestros niños/as y adolescentes? El sistema penal castiga, separa, excluye, deja marcas imborrables, no incluye, no integra, no repara.”, señalaba el documento de la convocatoria a la caravana.

El encierro, la discriminación, la mano dura, la segregación social no hacen más que recrudecer el problema. Pero, además, la carencia afectiva, la falta de reconocimiento social y una sociedad anclada en el éxito individual y en el consumo de objetos que prometen “felicidad”, van menoscabando la autoestima de los que menos tienen, de los que quedan “con la ñata contra el vidrio”.

Desde los afectos

Projeto Axé es una gran organización en Salvador de Bahía dedicada a la inclusión de chicos en situación de calle a través de una metodología particular: la pedagogía del deseo. El nombre de esta organización por la que ya han pasado unos 20.000 niños quiere decir, en la religión candomblé, “impulso vital”, “energía positiva”. Y es que desde la organización sostienen que todo niño, todo joven es el mejor axé de una sociedad. Por lo tanto, hay que cuidar y trabajar con los sectores más vulnerables para levantar una autoestima vapuleada y lograr el reconocimiento de una sociedad que los excluye a diario. Lejos de posturas asistencialistas, la idea es poder motorizar su propio deseo y hacerlo a través de la experiencia artística desde donde puedan expresar su propia voz, su sentir, y ser escuchados.

Nuestros niños, nuestros jóvenes son nuestro tesoro, ese “impulso vital” que hace que una sociedad crezca, sea rica y diversa. En vez de discutir a qué edad se lo condena o cuántos policías y cámaras de seguridad hay que poner en los barrios más pudientes, deberíamos debatir acerca de otra condena: la condena social. Y preocuparnos por las condiciones de vida de los que menos tienen, por la exclusión cotidiana, la desprotección, el estigma mediático, la falta de afecto, la carencia de contención familiar, la violencia institucional.

Caravana contra la baja

Así concluía el documento de convocatoria a la caravana: “Decimos ¡NO A LA BAJA! Y sí a la alegría, a la salud, a la educación que queremos, a la vivienda digna. Sí a la mirada que abrace, que se anime a encontrarse en los ojos de los pibes/as, que no les dé la espalda, porque no hay peor abandono que la indiferencia.”

Fotografía: Francesc Catalá Roca

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Para seguir leyendo

– Daroqui, A. – Kaminsky G.– Pegoraro J., “Inseguridad. Conversaciones entre Alcira Daroqui, Gregorio Kaminsky y Juan Pegoraro”, Revista Argumentos, Nº 3, diciembre de 2003.

– Guemureman, Silvia y Daroqui Alcira, La niñez ajusticiada, Editores Del Puerto, Buenos Aires, 2001.

– Kessler, Gabriel. El sentimiento de inseguridad. Sociología del temor al delito. Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2009.

– Reguillo, Rossana, “La in-visibilidad resguardada: Violencia (s) y gestión de la paralegalidad en la era del colapso”, Revista Alambre. Comunicación, información, cultura, Nº1, marzo de 2008.

Comentarios

  1. Hace un par de años publiqué en mi MUro las historias de chicos y jóvenes recuperados por el Juez Calatayud de Granada que con paciencia, un equipo de gente preparada para hacer suplencia de padre o madre si es necesario, dentro de un hogar de tránsito alegre, pintado de colores vivos, con vista a unos bellos jardines, profesores de artes, teatro y deportes, les hacen reflexionar y adquirir hábitos saludables anntes de volver a sus faamilias, después de cometer un ilîcito, y apoyanndo a cada grupo familiar por un tiempo, hasta ver qque se puede evitar la reincidencia … ¡AsÏ es como se logran las cosas, no bajanndo la edad de castigar más severamente, sino tomando el ejemplo, de los responnsables del MInisterio Público español!

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