“La función del arte es poner temas que nos incomodan sobre la mesa”

por Mei Kisz

Toda imagen y todo símbolo son un intento por captar metafóricamente el mundo. Incluso sucede con las palabras. Porque “M” + “E” + “S” + “A” no es una mesa, sino un conjunto de letras que remiten al objeto. De alguna manera lo representan. Del mismo modo, un relato, una imagen, una escena o cualquier creación artística, por más realismo que se intente, no es la realidad. Así, en el arte se crean representaciones de aquello a lo que se busca aludir. Sin embargo, esto se vuelve complejo cuando se quiere narrar un hecho traumático. Porque el trauma, dice Lacan, no puede ser representado. El ejemplo más clásico es el que describió Benjamin: soldados que volvían de la guerra y no podían generar un relato de lo que habían vivido.
Por esto, hacer arte sobre lo traumático requiere construir una retórica del silencio en la que aparecen con especial protagonismo los síntomas: pesadillas, lapsus, miedos, tensiones.
Olvidos. Hay que rodear, generar indicios. “Porque hay silencio, vacíos, pero hay otras cosas que hablan. Las miradas, por ejemplo”, dice Belén Santos, actriz de «Silencio de hembra», obra que puede verse los domingos a las 15:30 horas en el Tadrón Teatro.
La narrativa de esta propuesta parte de un interrogante: ¿Qué pasa con esa parte de mi historia que me aparece como un vacío? Así, desde lo teatral se crea una simulación para que la persona que ve la obra se enfrente a ese punto ciego del lenguaje, ese silencio que no puede ser simbolizado ni representado. Por eso la trama profundiza en la búsqueda. Lo importante en “Silencio de hembra” no es qué debería haber en lugar de ese vacío, sino cómo se construyen la identidad y las relaciones con otras personas a pesar de ese vacío.
Así, la niña que aparece en escena empieza a relatar su historia y se bloquea porque nota que hay recuerdos que no tiene. “Hay cosas que sabe porque le contaron o escuchó a alguien que lo dijo, pero no tiene un recuerdo nítido. El leitmotiv de la obra es qué se hace con eso”, dice la actriz en comunicación con Periódico VAS.
En principio, parece que el silencio con el que se enfrenta la protagonista tiene que ver con la muerte de su padre, que sucedió cuando ella tenía un año. Sin embargo, a medida que avanza la obra, empieza a aparecer otra cosa: el vacío es la violencia. No la muerte, sino la irrupción de un cuerpo adulto en el cuerpo de una niña. El abuso intrafamiliar. La nueva pareja de la madre. La impunidad.
“Silencio de hembra” trae, así, una propuesta que no busca reproducir el horror ni ofrecer una explicación de lo sucedido, sino mostrar cómo los efectos persisten en el tiempo. El vacío, los recuerdos fragmentarios y las palabras que no llegan a pronunciarse se convierten en recursos para dar cuenta de una experiencia que solo podrá ser narrada cuando se adquieran las herramientas psicológicas necesarias para mirarla de frente y apropiarse de ella.
Es en ese sentido en el que “Silencio de hembra» interpela al público, incomoda y promueve que se hable de temas dolorosos. Y es ahí donde reside una parte fundamental de su potencia política y estética. “Nos pasó que una señora se quedó sentada después de la obra. No se iba. Y cuando nos acercamos, nos contó su historia personal, también atravesada por situaciones violentas. Por eso es importante que estén en cartel las obras con temáticas sociales”, dice Belén Santos. Porque hay construcciones escénicas que irrumpen y rompen una barrera, que posibilitan la palabra y eso hace posible que se conviva con aquello que en algún momento fue un silencio traumático. En la obra, pero también en la vida. Porque, como dice la poeta Bárbara Alí, “El silencio no se domina/ al silencio se lo acaricia/ como a un animal dormido/ aunque tenga el pelaje/ lleno de espinas”.

Mei: Al final de la obra, la niña crece y dice que es libre. Si algo aprendimos en estos últimos años es que la palabra libertad no significa lo mismo para todas las personas. Para ella, esta chica que vivió una infancia violenta, que convive con un trauma, ¿qué es la libertad?

Belén: La libertad, para ella, es la posibilidad de tener el recuerdo. Y ese es un hallazgo grande de libertad. Es libre porque sabe quién es. Porque desde ahí puede seguir adelante y construir nuevos vínculos.

Mei: Conocer la historia propia para decidir con información

Belén: Porque a partir de la memoria podemos seguir adelante.

Mei: ¿Cómo trabajaron desde lo teatral para construir todo esto que no se nombra? Porque si lo nombraban, no era verídico.

Belén: Buscamos recursos como la mirada, las tonalidades. El relato que recuerda de otras personas. El de la abuela, que no quiere ni ver a esta pareja de la madre de la nena; el clima que se genera cuando este hombre dice “hija”, aunque no es la hija. Y el recurso de la música. En momentos en los que debería haber un recuerdo que no está, ella va al piano, busca una melodía o toca una tecla. Es esta niña que busca recursos en otros lenguajes para expresar lo que no puede decir.

Mei: La música genera climas profundos.

Belén: Y eso no era parte de la obra. El piano estaba en el teatro y cuando ensayamos pedí probarlo. A partir de ahí surgió como necesidad y recurso. Ante eso le pedimos a Andrea Spinadel que haga la música original. Y es interesante porque el recurso del piano funciona tanto para esta niña que busca en el arte un modo de expresión como para el público que, en medio de esta obra que es un unipersonal, puede escuchar una sonoridad distinta a la de la voz que narra.

Mei: Pensaba en la temática más general de la obra y se me venían un montón de palabras: memoria, identidad. Y, sobre todo, violencia.

Belén: Es un tema del que muchos no quieren hablar. Porque a las personas que vivieron una situación así les cuesta ponerlo en palabras. Y a las que no les pasó, suelen mirar para otro lado. Es un tema sensible. Pero la función del arte es poner temas que nos incomodan sobre la mesa. No puede ser toda una comedia que solo busque divertir. En realidad, incluso en las comedias suele haber críticas. Está bueno un teatro que invite a pensar, a reflexionar.

Mei: Estamos en un momento en el que las políticas públicas relacionadas con todo lo que es hablar de género, de abusos y maltratos fueron recortadas. Está el intento de que no se hable de Educación Sexual Integral. No es menor que ese sea el contexto en el que se inscribe esta obra.

Belén: Hay que hablar de estos temas cuanto antes. Por eso nosotras invitamos también a escuelas secundarias a ver la obra. Al principio nos parecían chiquitos, tenían trece años, pero después, conversando con ellos cuando vinieron, aparecieron unas reflexiones maravillosas. Estos temas no tienen que ser un tabú. Queremos que se hablen en las aulas y en los espacios artísticos. Porque a partir de ver una obra alguien puede identificarse y romper el silencio.

Mei: Esta obra formó parte del 20° CICLO TEATRO X LA JUSTICIA (2026) como obra anfitriona, un ciclo que se lleva a cabo en el Teatro Tadrón a partir del encuentro de teatristas que coinciden en la intención de poner en el centro de la escena la temática de la Justicia y los Derechos Humanos. ¿Qué significó esto para la obra?

Belén: Fue hermoso. No nos podíamos postular porque Herminia, la directora de Silencio de hembra, es una de las fundadoras del ciclo. No sería ético que participemos. Pero lo que hicimos fue ser la obra anfitriona y abrir la jornada, un viernes a la noche. Y estaban los que habían ganado el premio de este año; estaba el jurado. Entonces abrimos el ciclo. Y es importante que se sostengan los espacios de búsqueda de la verdad, la memoria y la justicia.

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