LoS SoLoS

por María de los Angeles Alemandi

 

La soledad llega sin previo aviso. Ni siquiera golpea la puerta: abre, pasa. Y de repente forma parte de nuestra vida. Se instala en la mesa, en la cama, y hasta parece poner su cepillo de dientes en el baño. A veces se vive junto a la soledad con plenitud y otras con mucha angustia, depende del momento en que se presente. Hoy, muchas personas eligen estar solas. Lilian Suaya, psicóloga e investigadora de la UBA cree que «esto una cuestión cultural. Antes, la mujer de 30 era una solterona y se la discriminaba por eso; en cambio hoy, el deseo de autonomía tiene que ver con la libertad de elección. Pasaba también que uno se iba de la casa recién cuando se casaba, ahora muchos estando aún en pareja deciden vivir solos. Y si eligen estar con el otro es porque quieren». Para estos últimos son interminables las propuestas de diversión y consumo. Cientos de emprendedores descubrieron aquí su oportunidad y desarrollaron servicios para necesidades reales o inventadas. Hay ofertas de agencias matrimoniales o consultoras de vínculos que encuentran una Julieta para cualquier Romeo que no tenga tiempo, paciencia o ánimo para buscarla, pero sí dinero para pagar el servicio. Existen programas turísticos para singles, cenas grupales, millones de ofertas de chat para conocer gente, y lo más novedoso del mercado: las citas rápidas. Alejandra Campero invita a participar en «De 10 en 8». «Una noche, diez citas, poco que perder y mucho por ganar», reza la página de Internet que promociona un juego «seguro, divertido y sin compromisos» donde diez personas tienen citas, en el mismo lugar al cambiar de mesa, que duran ocho minutos; que alcanzan y sobran para saber si hay afinidad con el otro, dice Alejandra Campero. Pero hay otra soledad «que llega cuando los hijos se fueron, cuando se enfrenta una separación o alguien se queda viudo», dice Lilian Suaya. Para esas personas y otras que comienzan una búsqueda interior, ella coordina el Café Psicológico. Una alternativa diferente de las pro-puestas clásicas para solos y solas. En el espacio cultural La Ronda, Suaya organiza ciclos de cine debate, de literatura, y de música, con el café de fondo. «La idea es recuperar la práctica del encuentro y poder conversar con otros para intentar reinventar la vida. El Café Psicológico funciona desde el momento en que uno cree que tiene que cambiar algo. No desde el lugar de la carencia sino desde la búsqueda. Lo que prima es poder generar vínculos», explica Lilian Suaya. Otro tipo de propuesta es La Casa de Tere, donde las personas «sensibles, con humor» y sin pretextos culturales se reúnen los sábados a la noche con ganas de relacionarse. Teresa Listig, licenciada en psicología social, abre las puertas de su propia casa desde hace nueve años. «La soledad se vive con culpa y dolor porque conocer gente es difícil. Hay mucho prejuicio y pocas propuestas éticas. Los lugares frívolos son comunes. En el chat la gente miente. Las líneas telefónicas están en un juego perverso y nadie se compromete… Esta es una propuesta netamente social donde la gente quiere vincularse y si de golpe dos personas se atraen y forman una pareja, mucho mejor», dice Teresa Listig. En el ciberespacio hombres y mujeres de más de 50 años publican sus avisos y sus direcciones de correo electrónico para dejarse encontrar: «Estoy buscando a un señor para enamorarme, ser feliz, ¿sos vos esa persona?»; «Busco una mujer para una relación seria y hermosa»; o «Soy separada, tengo 58 años y busco a un hombre para entablar una amistad». Estos deseos son como aquellos mensajes que se arrojan al mar dentro de una botella. Nombran el lado más triste de la soledad, ése que espera todo del otro sin comprender que se puede hacer mucho por uno mismo desde espacios que refuerzan los lazos con otros, que invitan al diálogo y la reflexión. Elegir estar solo es una opción que tiene que ver con la libertad y con la autonomía. Sentirse solo es encontrarse abandonado en el mundo y siempre vale la pena correr el desafío de buscar los modos de amarrarse nuevamente a él. Y el que busca, encuentra. La soledad, así como un día ingresa sin previo aviso, puede deshacer sus maletas, decidida a quedarse por mucho tiempo. Aunque sea una tarea difícil, tal vez lo mejor sea hacerse amigo. Mirarla fijo y pre-guntarle acerca de sus idas y venidas, de sus días tristes y sus ausencias. Al final de la charla quizá sepamos un poco más de nosotros. Y buscando lo otro: una compañía, un motivo para seguir, un lugar de pertenencia al final uno también se re-encuentre con uno mismo.