Matemurga arribó a Portugal

por Sergio Arboleya

El grupo de teatro comunitario Matemurga lleva a Portugal la singular experiencia barrial que ostenta dos décadas de trayectoria presentándose hoy y el jueves próximo en las ciudades de Faro y Oporto, donde hará confluir a locales y más de una treintena de visitantes para ofrecer su espectáculo “Herido barrio”.

El conjunto dirigido por Edith Scher, teatrista, cantante y música, se convierte con este par de actuaciones en el segundo elenco argentino de estas características en llegar a Europa -el anterior había sido el Grupo de Teatro Catalinas Sur, que se presentó en Barcelona en 2001-, lo que para la artista demuestra que “el teatro comunitario argentino es referencia mundial”.

“No es casual que muchos grupos en Argentina tengan visitas de estudiantes e investigadores de otros países que viajan a conocernos, asisten a las funciones y escriben trabajos para las universidades. El teatro comunitario argentino, de vecinos para vecinos es, también, un modelo de gestión en el que muchos se interesan”, postula Scher.

Edith es autora de los libros “Teatro de vecinos. De la comunidad para la comunidad”, reeditado en 2018 en Donostia, y “Matemurga 2002-2012”, que escribió conjuntamente con Liliana Palavecino, y además de su labor específica en el barrio porteño de Villa Crespo da talleres de teatro comunitario en todo el país y en festivales de Portugal, Madrid, Rotterdam, Medellín y Las Tunas.

Como fruto de esos viajes de formación e intercambio, ahora Matemurga inicia la celebración por 20 años de camino en inéditas funciones en suelo portugués.

“Estuve en Portugal en 2013 y en 2018 invitada, en ambas ocasiones, por Hugo Cruz, actual director del Festival MEXE, de la ciudad de Oporto. La primera vez dirigí a muchos vecinos de Santa María da Feira como parte de las actividades del Festival Imaginarius. La segunda viajé a Faro para dar un taller al que asistieron vecinos de esa ciudad y también de Quarteira, ambas de la zona de Algarve”, evoca Scher.

Sin embargo, esos intercambios se profundizaron a partir de lo que la formadora reseña: “Miguel Martins Pessoa, que había visto, entre otros espectáculos y grupos, uno de Matemurga, me contó que acababa de fundar un grupo de teatro comunitario en Quarteira donde luego fui a dar un taller en el Teatro Das Figuras que entonces quiso traer a Matemurga y hacer una producción compartida”.

Pese a la magnitud del emprendimiento, la aventura del grupo barrial -que reúne a más de 80 personas, generó cuatro títulos (“La caravana”, “Zumba la risa”, “Herido barrio” y “Falta el aire”), desde 2015 acoge a La Orquesta del Mate, que dirige Yamila Bavio y ofrece talleres de formación, y un año después sumó un grupo de titiriteros al mando de Sergio Ponce-, pudo plasmarse y no la detuvo ni el impasse generado por la pandemia.

¿Este viaje puede considerarse un regalo por los 20 años de actividad del grupo?

Este viaje es casi una epopeya. Es el fruto de un enorme esfuerzo, de nuestra constante apuesta a la desmesura, a los sueños. Es, sin duda, un regalo, pero un regalo para el que tuvimos que trabajar mucho. Los pasajes fueron costeados por nosotros (la mayor parte fue a pulmón), aunque en Faro todo el alojamiento y la comida están cubiertos por la Cámara Municipal y la producción artística está en manos del Colectivo JAT, Janela Aberta Teatro, y en Oporto toda la producción está en manos de MEXE Associação Cultural. El mayor regalo es la concreción del proyecto, la comprobación, una vez más, de que juntos podemos lograr lo que en soledad sería imposible.

¿Qué otros hitos reconocen en este camino de Matemurga?

Matemurga no inició su camino en Villa Crespo. Fue durante tres años y medio un grupo sin anclaje barrial, nacido a partir de una propuesta que hice en 2002 al programa de radio “Mate Amargo”, en el cual yo era columnista de teatro, para convocar a sus oyentes a formar parte de una murga teatral. El tiempo y la pertenencia a la Red Nacional de Teatro Comunitario nos hizo ver que la cuestión territorial era central para crecer y por eso a comienzos de 2006 comenzamos a echar raíces en Villa Crespo, un barrio que hasta entonces no tenía un grupo de estas características. Desde nuestro nacimiento hasta hoy tuvimos varios hitos: desde ya, los estrenos de los espectáculos, pero además los discos grabados, los viajes a los encuentros de teatro comunitario, las actuaciones para organismos de derechos humanos, el hecho de haber participado con algunas escenas cantadas cuando se enterraron, en Plaza de Mayo, las cenizas de Azucena Villaflor, y muchos otros más.

¿Cómo definirías el presente del teatro comunitario argentino y cómo se inscribe Matemurga en él?

Creo que es un presente muy prolífico y en permanente expansión. Hace muchos años solo existían el Grupo de Teatro Catalinas Sur y el Circuito Cultural Barracas. A partir de una clara decisión de los directores de esas experiencias de expandir esta práctica y de entusiasmar a otros, nacieron muchos grupos más y, casi inmediatamente, nació la Red Nacional que desde su origen promovió la fuerte unión que tienen los más de 40 grupos existentes. Más allá de las diferentes elecciones estéticas, hay un permanente apoyo y un espacio de consulta y compañerismo. Eso es algo de un valor incalculable. Con relación a la cuestión artística, creo que es saludable que cada grupo vaya por los caminos que considera mejores o los que más lo expresan. Matemurga es parte medular de la construcción de esta red y, precisamente, ensancharla hacia otros lugares del mundo es uno de los motivos importantes de este viaje a Portugal. Creo que el teatro comunitario, cuando confía en que el arte es algo más que una herramienta para transmitir contenidos, y se apoya en la fuerza que tiene la creación comunitaria de ficción, constituye una de las experiencias más transformadoras que existen. En Matemurga creemos que la práctica artística ensancha el horizonte humano.

¿En qué otros países hay una escena para el teatro comunitario?

Hay muchas experiencias de teatro comunitario en Latinoamérica (existe la Red Latinoamericana de Teatro en Comunidad), aunque no todas tienen características tales como la gran cantidad de integrantes, la mezcla de generaciones, la permanencia en el tiempo. También hay experiencias en algunos países de Europa y probablemente existan otras que no conocemos.

Fuente: Télam

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