Microdepartamentos. El engaño del Buen Vivir

Sandra Inés Sánchez, Federico Manuel Kulekdjian y Jonatan Emanuel Baldiviezo realizaron un extenso informe sobre Derecho y Justicia en las problemáticas habitacionales y el rol que juegan las instituciones y organizaciones sociales habitacionales [1]. Sandra y Federico forman parte del Instituto Superior de Urbanismo, Territorio y el Ambiente, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la UBA y del CONICET, Jonatan Baldivieso es abogado y preside el Observatorio del Derecho a la Ciudad. En forma conjunta, los tres profesionales elaboraron un análisis sobre las consecuencias en la aplicación del nuevo Código Urbanístico porteño.
Uno de los capítulos de este estudio, denominado Departamentos y microdepartamentos: cambios culturales y artificios comerciales, sintetiza el concepto de Ciudad que el Gobierno porteño alienta, a la vez que desenmascara un entramado de negocios inmobiliarios que nada tienen que ver con el derecho al buen vivir y el acceso la vivienda digna.

El nuevo Código de Edificación porteño establece una superficie mínima de 18 m2, pero no garantiza cómo compensar las necesidades de espacios alternativos para desplegar todas las necesidades de la vida doméstica. En las nuevas formas de habitar que se presentan con los microdepartamentos de superficie extremadamente reducida.

Este ideario de los microdepartamentos se instaló progresivamente en el mercado a partir del uso de las unidades de oficinas como viviendas.  Los discursos en torno al co-working, como el alquiler de espacios compartidos de trabajo, y co-living como el alquiler de dormitorios con espacios comunes compartidos destinados a la sociabilidad, bajo la forma de alquiler temporario destinado al turismo, atravesó los conceptos de lo doméstico y dio un giro a la renovación de la oferta inmobiliaria.El desarrollador Pablo Brodsky lo explicaba claramente en un reportaje del año 2017:»El atractivo de estas unidades es que por menor costo de inversión al de una unidad tradicional a estrenar, el precio del alquiler es similar al de una unidad de 35 m2, mejorando así la rentabilidad de su inversión».[2]

Por su parte, desde el desde el Consejo Profesional de Arquitectura y Urbanismo (CPAU), el arquitecto Augusto Penedo defendía la irrupción de estas nuevas unidades de vivienda en el mercado. En sus concepciones: una ciudad como Buenos Aires, con buenos espacios públicos, plazas, parques, servicios, transporte, cultura y espectáculos puede ofrecer una calidad de vida que substituya el espacio necesario en un departamento. En una entrevista con Clarín ARQ del mes de septiembre del año 2016, Penedo señalaba que «para bajar los costos de los departamentos tenés dos opciones, o empeoras la calidad de la construcción o los haces más chicos. Hasta ahora se siguió la primera opción y no solucionó el problema de la vivienda, hay que probar el otro camino».

A partir de la puesta en marcha del nuevo Código Urbanístico porteño, y bajo el supuesto atractivo de bajar los precios de las propiedades y beneficiar el acceso a la vivienda, el mercado acomoda su margen de ganancia. Aumenta la rentabilidad porque, con la misma cantidad de ambientes, los departamentos terminan teniendo un 25% menos de superficie pero el m2 incrementa de valor. El negocio es lograr mayor cantidad de departamentos por edificio con el menor volumen constructivo. Cuando la clase media típica necesita un dormitorio más y no puede pagar un departamento grande, busca en un departamento chico explica Diego Migliorisi.[3] De esta manera, mercado inmobiliario ofrece actualmente unidades de menor superficie que hace 15 años. Una unidad de tres ambientes promedio puede totalizar unos 65 m2, cuando antes era común que rondara los 80 m2. Con el boom inmobiliario se perdieron unos 15 m2. El negocio inmobiliario es más rentable en la medida que se reduce la superficie, el monto de inversión de los desarrolladores, sin disminuir el costo final de las unidades habitacionales.

En esta nueva tipología, donde la especulación inmobiliaria prima sobre la calidad de vida de la población, quienes menos se adaptan son los segmentos etáreos extremos: los niños y los adultos. Los primeros por falta de espacio para desplegar una vida saludable, los segundos porque deben despojarse de todo su bagaje cultural, para al ingresar a un microdepartamento, poder comenzar una historia eternamente presentificada, desde ceroespeculación inmobiliaria a costa de la calidad de vida de la población.

En este sentido, Javier Urbina, psicólogo urbanista de la UNAM, sostiene que a lo largo de meses suele traer conflictos fuertes. Cuando alguien quiere estar solo y no tiene dónde, representa una presión muy seria. En espacios reducidos, la convivencia se vuelve hostil ante la falta de privacidad, y los habitantes de estas pequeñas viviendas desarrollan una pelea por el espacio: No faltarán las disputas entre vecinos por apropiarse de áreas comunes comenta.
Según el documento Hacia una vivienda saludable de la Organización Panamericana de la Salud, la vivienda es el lugar donde pasamos la gran mayoría de nuestras vidas. En las recomendaciones se destaca que las cocinas deben estar bien ventiladas y los lugares de preparación de alimentos no deben estar cerca de los lugares de dormir, ya que contar con espacios separados, genera bienestar y seguridad a los integrantes de la familia.[4]

Si alguien imagina que con este  tipología comercial de reducción de espacios habitables se está transitando hacia un socialismo decimonónico por la vía del capitalismo. Se equivoca. El actual contexto en el que se proponen estos microdepartamentos no promueve el comunitarismo. Al contrario, con la constante disminución, uniformidad restrictiva, y privatización de los espacios públicos, con la concentración de la propiedad en cada vez menos manos, con el incentivo a la cultura del consumo y del individualismo, los microdepartamentos surgen sintomáticamente como otra forma más de depredación de la vida humana por parte del capitalismo.

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[1] Trabajo  realizado en el marco de los siguientes proyectos subsidiados: UBACyT- Modalidad I BA: Derecho y justicia en las problemáticas habitacionales: el rol de las instituciones y las organizaciones sociales, con sede en el ISU/FADU/UBA (Directores: Sandra Inés Sánchez y Rodrigo Amuchástegui)- Programación Científica 2016-2018 (1/1/2016-31/12/2017); UBACYT Interdisciplinario BA, Área Marginaciones Sociales PIUBAMAS: Espacio social y políticas públicas de acceso a la tierra y la vivienda en Buenos Aires en perspectiva histórica, con sede en la Sección de Antropología Social; Instituto de Ciencias Antropológicas; Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires; (Directoras: Claudia Fabiana Guebel y Sandra Inés Sánchez). Programación Científica 2017-2019 (1/1/2017-31/12/2019); y el Proyecto CONICET bianual de Sandra Inés Sánchez: Intersubjetividades en el espacio doméstico en la Ciudad de Buenos Aires en dos escenarios históricos (2017-2018).
[2]Télam, Los microdepartamentos, última novedad del mercado inmobiliario 25/3/2017.
[3]IProfesional,La clase media argentina resigna metros cuadrados y convive en casas cada vez más chicas 14/4/2015.
[4]Organización Panamericana de la Salud. Hacia una vivienda saludable ¡Que viva nuestro hogar!9/2011, Bogotá D.C. Colombia.

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