Teatro para romper fronteras

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Por Celeste Choclin

La propuesta del Encuentro fue intercambiar experiencias de creación comunitaria desde la Latinoamérica profunda, a través de espectáculos, talleres y conferencias.

Estar juntos, relacionarse, traspasar fronteras con la memoria bien presente, proponer miradas latinoamericanas han sido temas que sonaron fuerte en esta segunda edición del Elti (Encuentro Latinoamericano de Teatro Independiente). Llevado a cabo entre el martes 3 y el sábado 7 de septiembre, el Encuentro tuvo al Teatro Andamio´90 como sede central, además de La Carpintería Teatro y El Galpón de Catalinas. Las jornadas se sucedieron con mate en mano, un ambiente sumamente cálido y una permanente sensación de ida y vuelta que pretendió romper las fronteras entre países, pero también entre actores, espectadores, estudiantes, investigadores teatrales y demás participantes que se dieron cita en cada una de las actividades propuestas. Se dictaron talleres en La Carpintería Teatro, como “Dramaturgia de la precariedad” a cargo de Santiago Roldós (Ecuador) y “La máscara andina” por el grupo Yuyachkani (Perú); conferencias dedicadas a dramaturgia, clown, teatro comunitario. Y espectáculos con grupos provenientes de diferentes latitudes latinoamericanas: Karaoke (Orquesta Vacía) por Muégano Teatro (Ecuador), IMpacífico por Maque Pereyra (Bolivia), Adiós Ayacucho del grupo Yuyachkani (Perú), y de nuestro país: La mirada en el agua por Equipo Llanura (Santa Fe) y las obras Carpa Quemada del Grupo Catalinas Sur y Arpán (Buenos Aires). Al culminar la función se realizaron charlas con los protagonistas, que permitieron conocer las historias, los procesos, las creaciones encerradas detrás de cada obra.

Apagar los celulares, la función va a comenzar
Amenizó el frío del martes 3 de septiembre la cita en un Obelisco en hora pico, atestado de tránsito. Por unos momentos la gente pudo detener su andar ligero y sus rostros de preocupación cotidiana, para observar con mezcla de inquietud y alguna sonrisa dibujada al grupo de actores que, con grandes lupas y trajes detectivescos, repartían los programas del inminente encuentro. La fiesta teatral se desplazó por la avenida Corrientes y sorprendió a una mujer que, con la mirada fija hacia adelante y los auriculares puestos, no alcanzó a darse cuenta de lo que estaba ocurriendo hasta que un programa del Elti se le apareció delante de la cara y uno de los actores, que trataba sin resultado de llamarle la atención, finalmente exclamó: “por favor, desenchúfese por unos momentos del celular y vea la programación, el Encuentro de Teatro está por empezar”.

“¿Cómo comienza un comienzo?” arrancó narrando la Compañía Viable. Acompañado por la música en vivo, un actor-cuentista abrió un gran libro con imágenes que delicadamente fueron desplegando la imaginación de los espectadores que, con la sala del Andamio´90 repleta, escuchaban atentamente el relato. Como si se tratara de aquellos cuentos leídos por alguna abuela en camisón, el breve relato mostraba cómo el recuerdo del pasado permitía afianzar el presente y anticipaba, de esta manera, alguna de las temáticas que recorrerían parte de la programación.
Pasaron al frente los integrantes del grupo organizador UmaMinga (palabra quechua que significa Uma: cabeza y Minga: trabajo colectivo): Verónica López Olivera, Maite Velo, Gabriela Julis, Ignacio Masjuan y Florencia Bignoli. “La idea no es hacer El Encuentro, sino un encuentro más que genere otros encuentros”, señalaron y sostuvieron que lo importante es el intercambio, una construcción que se va haciendo en forma colectiva: una “minga”. De allí la idea de reunir grupos teatrales latinoamericanos, la necesidad de recuperar la hermandad pensándonos como una gran región y de hacer de ello una verdadera fiesta.

El investigador teatral Carlos Fos abrió el encuentro con un llamado a la necesidad de encontrarnos “¿Cómo es posible enhebrar un tejido social, si no están los cuerpos? Esto no lo podemos hacer por Facebook”, de allí que diferenció este evento, de los festivales que siguen lógicas donde se prioriza a los espectáculos y se tornan fetiches, olvidando la vivencia real de las personas que participan. El investigador advirtió que el encuentro de los cuerpos, el trabajo colectivo, los espacios que promueven la horizontalidad, son temas necesarios desde donde plantear una actividad como la teatral que nació comunitaria y debería permanecer por siempre con ese espíritu. Un encuentro, finalizó, se advierte cuando se opone a los “cuerpos dóciles”, aquellos cuerpos que están presentes, que comparten, que celebran.

Así lo entendieron los chicos de Chumba Percusión, que le dieron ritmo a una sala que se contorneaba frente a un grupo que mostró una percusión con elementos muy originales (tubería y tachos). Cargada de dramatización a través del baile, pero también la gestualidad alegre y alborotada le dio cuerpo a un espectáculo que desbordó de energía.
La jornada siguiente continuó con teatro y dramaturgia. Mauricio Kartún y su conferencia “Dorso. El lado en sombras de la creación” fueron ovacionados y luego le siguió la obra La mirada en el agua, del Equipo Teatro Llanura de Santa Fe. El grupo, con nada menos que 40 años de trabajo, ancló su relato en las inundaciones del litoral y esa necesidad de los artistas de ir un poco a contramano de la corriente.

Teatro comunitario, celebración de vecinos
“Si no nos ponemos a pensar para quién hacemos teatro, estamos en problemas” fueron las palabras de Adhemar Bianchi, director del Grupo Catalinas Sur, “¿Qué queremos contar como vecinos? Desde ese planteo comienza nuestra dramaturgia y el proceso de creación colectiva”, reafirmaba Ricardo Talento, director del Circuito Cultural Barracas que, junto a Agustina Ruiz Barrea, coordinadora del Grupo Pompapetriyasos, formaron parte de la jornada de teatro comunitario el jueves en el Galpón de Catalinas. Desde la idea de un teatro de vecinos para vecinos, señalaron que el arte es un derecho humano esencial y no un servicio, de allí la necesidad de desarrollar la creatividad del vecino, un ámbito que aparece mutilado en nuestra sociedad. El crecimiento continuo de los grupos de teatro comunitario y su permanencia a lo largo del tiempo hablan de “una necesidad real de espacios de encuentro, de lugares donde disfrutar” sostuvo Agustina Ruiz Barrea. Tal como manifestaron los directores, lejos de la segmentación propia del mercado, los grupos de teatro comunitario cuentan con elencos numerosos donde participan todas las generaciones juntas (desde chicos hasta adultos mayores) y las obras suelen recorrer la memoria de la comunidad desde las propias vivencias, con un anclaje importante en el barrio: “se trata de ponerle una voz, no la voz, sino una voz posible a la comunidad” declaraba Bianchi.
Tal como comentaron los coordinadores de estos grupos, hacer obras que hablen del barrio y ocupen los espacios públicos permite tener otro compromiso con ese territorio, incorporar al mundo teatral a mucha gente que nunca fue espectador de teatro, actuar y fomentar un teatro que no se concentre sólo en el centro de la ciudad. Las obras de teatro comunitario casi no cuentan con difusión mediática y sin embargo siempre tienen mucho público: “Hay algo del compartir que se pone en juego. El que está como espectador se siente invitado. Hay mucho teatro que deja a la gente afuera y aquí se sienten involucrados” sostenía Talento.
Luego de una recorrida por este teatro gestionado por el Grupo Catalinas Sur y formar parte del ritual de la choriceada que se realiza previa a cada espectáculo, se dio comienzo a la última obra de este grupo pionero que este año cumple 30 años.

Carpa quemada completa la trilogía histórica de dos obras que se han convertido en verdaderos clásicos del Grupo Catalinas Sur: Venimos de muy lejos y El fulgor argentino. En la obra se recrea de forma monumental el siglo XIX argentino, contado por payasos de un circo. Está basada en una historia real, la del payaso Frank Brown, que puso su carpa de circo en Florida y Córdoba en 1910, año del Centenario de la Patria, y como no daba “buena imagen” se la quemaron. La ficción comienza cuando los payasos un tanto chamuscados se trasladan a la Boca a contar su propia versión de la historia del siglo XIX. Con acróbatas, muñecos, títeres, escenografías variadas, personajes satíricos y la potencia del canto colectivo, el espectáculo no se priva de cuestionar próceres afincados en sillones, inmortalizados en estatuas y vanagloriados con la “pluma y la palabra”, para narrar otra historia: la de los vencidos. De esta manera hacer tambalear el estatus de la “civilización” para que hable la “barbarie”, mientras de forma conmovedora resuena el canto de los pueblos originarios, víctimas de uno de los mayores genocidios de la historia. Fiel a su estilo, la obra también cuenta con mucho humor, la alegría de la fiesta, la celebración y esa “desmesura del teatro comunitario” de la que se jactan sus integrantes.

Postales de alienación, señales de libertad
Con gran expectativa, el grupo Muégano Teatro de Ecuador, presentó el viernes Karaoke (Orquesta Vacía) en Andamio´ 90, en una sala que no cabía ni un alfiler. Como postales de alienación cotidiana, los tres actores en escena, con una plasticidad corporal majestuosa, interpretaron sujetos modernos que con movimientos mecanizados como los de un PACMAN devoran los productos y las promesas de felicidad de la sociedad de consumo. Una fuerte crítica a la cultura imperante donde los personajes, desde la corporalidad, el gesto y parlamentos que se expresan a borbotones como cataratas de palabras desesperadas, muestran la necesidad de “revolucionar en su origen todas las relaciones sociales”. En la charla posterior a la obra, Pilar Aranda (actriz) y Santiago Roldós (actor y director) comentaron que en la escuela teatral que dirigen en Guayaquil procuran generar un espacio de autoconocimiento corporal en un ámbito donde los cuerpos de los jóvenes que se acercan se muestran cercenados, confinados a un esquema corporal rígido y lo que quieren, relataban los actores, es convencerlos para que se abran y puedan “defender su propio deseo”.

Le siguió la presentación de IMpacífico, que sorprendió con la expresión descarnada de Maque Pereyra, que hizo de la danza contemporánea un himno al reconocimiento de su Bolivia natal. La obra expresa en su propio cuerpo, recreado con imágenes del mundial de fútbol y las guerras que padeció este país, el sentir de un pueblo que apenas conquistó un triunfo efímero en el mundial de 1994, y las paradojas de encontrar el lugar de la victoria en un espectáculo que privilegia la rivalidad entre países. En conversación posterior al espectáculo puso en palabras esa tensión dramática que sostuvo sola en el escenario: “Es una batalla interna, un palpitar constante. Siempre me enseñaron que lo extranjero era mejor y yo soñaba con la idea de irme a estudiar afuera, pero luego pensé: ¿por qué me tengo que ir?…y la Pachamama me hizo quedar aquí”, declaró con una voz quebrada por la emoción, mientras los aplausos resonaban en la sala.

Con la memoria presente
El último día se presentó Arpan. Donde la memoria, la alienación y la pregunta por la identidad (¿quién soy?, ¿qué elijo ser?) recorrieron un relato mágico para chicos y también para los grandes.

Por problemas meteorológicos, el cierre previsto en la Plaza de Mayo debió pasarse a la sala del Andamio´90. Allí Femina que puso melodía al encuentro, desplegó su música de estilo rap-fusión cargada de juegos de palabras, poesía y mucha fiesta. El evento programado del Libro Liberado no se pudo llevar a cabo en la vía pública como era previsto, sin embargo Luli Cirelli, impulsora de este movimiento que tiene por objetivo compartir libros, pasarlos de unos a otros “para que no se quemen como en la ficción de Fahrenheit 451”, colocó libros donados entre otros por Argentores y el Instituto Nacional del Teatro debajo de las butacas para obsequio de los presentes. Pero el verdadero regalo de la jornada lo dio el grupo Yuyachkani, que con Adiós Ayacucho caló fuerte en los corazones de los espectadores. Se trata de un joven que, en el marco de la terrible represión en Perú de los años 80, donde murieron y desaparecieron más de 69.000 personas, cuenta cómo fue despedazado y viajó con su cuerpo mutilado desde un pueblo de la sierra hasta Lima para pedir al presidente que le restituyan sus partes y así poder darle sepultura. Con una interpretación magnífica y un ambiente cautivante que recuerda los rituales sagrados, el grupo Yuyachkani (su nombre en quechua significa “estoy pensando, estoy meditando”) que cuenta con 40 años de trayectoria, supo dar vida a una historia que, como comentaron luego sus protagonistas, en el marco de una comisión creada por la memoria en Perú, se presentó en distintos pueblos víctimas de esa gran represión para que los sobrevivientes se animaran a hablar. Como la de nuestros desaparecidos, la historia resulta común en muchos puntos de nuestra extensa geografía latinoamericana, por eso se había planeado su presentación en un lugar emblemático como la Plaza de Mayo. Pero a mal tiempo buena cara y la representación en el espacio intimista que proporciona la sala teatral creo tal clima que hizo deslizar un lagrimón a más de un espectador.

El cierre murguero con Le puse Cuca Murga cerró un encuentro donde los participantes se reunieron, aplaudieron al unísono, se emocionaron, se identificaron con lenguajes que, pese a las distancias de nuestro extenso continente, resultan muy cercanos porque forman parte de nuestras voces, de nuestros saberes. Y de una memoria, a veces acallada, a veces olvidada que es necesario compartir para hacer presente. Así lo canta el Grupo Catalinas Sur al final de su espectáculo: “Hoy estuvo el fuego en esta carpa/Ese fuego prepotente y vanidoso/Que pretende borrarnos de la historia./Fuego contra fuego apaga el fuego/Le opusimos otro fuego/¡La memoria!/Es un frágil fuego/¡Hay que cuidarlo!/Desde abajo/Desde la pista de un circo/Desde un escenario/Desde la plaza, la calle/Desde el barrio/Alimentarlo, apantallarlo, soplarlo/Desde abajo”. (Grupo Catalinas Sur, Carpa Quemada)

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Y el Elti continúa
El 19 y 20 de noviembre se realizará el Elti Extensión. Dos jornadas de teatro con entrada libre y gratuita en el Centro Cultural Haroldo Conti (ex Esma). Allí se presentarán las obras del dramaturgo argentino Arístides Vargas: Instrucciones para abrazar el aire, basada en la vida de Chicha Mariani -quien estará presente y recibirá un homenaje por sus años de lucha- y La razón blindada dedicada a la experiencia del hermano del autor, Chicho Vargas, y sus compañeros detenidos en la cárcel de Rawson durante la última dictadura cívico-militar. Luego de la obra habrá una charla debate con el dramaturgo.
Sede: Centro Cultural Haroldo Conti (ex Esma), Libertador 8151 Informes: [email protected]; www.elti.com.ar

Fotos: Sol Schiller

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