“Todo lo hermoso es posible”

Marcos Britos es el autor de “Todo lo hermoso es posible”, una abarcadora historia del recordado Teatro Fray Mocho y su mentor Oscar Ferrigno extendida a casi 600 páginas.
Britos estuvo anoche en la colocación de una placa donde fue la sede del grupo, en Juan Domingo Perón 1522, junto a medio centenar de memoriosos y ex integrantes -entre ellos Adriana Aizemberg, Lito Cruz, Hugo Álvarez y Constanza Maral- que desafiaron una dura tarde de frío y lluvia.Además de la placa se pudo ver, entre otras grandes fotografías, a “los Mochos” durante su extensa gira por el país en 1954, una representación de “El nuevo mundo”, de Lope de Vega, y otra de “Los casos de Juan el Zorro”, de Bernardo Canal-Feijóo, y la puerta del teatro dañada en 1961 por una bomba incendiaria, responsabilidad de un grupo conocido como La Barbarie, mientras se representaba “Nekrasov”, de Jean-Paul Sartre.mocho-1
“Todo lo posible es hermoso”, editado en 2015 por el Consejo Provincial de Teatro Independiente de la provincia de Buenos Aires, retoma la frase emblemática de aquel colectivo que introdujo en la Argentina los conceptos del francés Jean Vilar y su TNP (Théâtre National Populaire) y difundió el teatro de Bertolt Brecht y de los debutantes argentinos Osvaldo Dragún y Andrés Lizarraga.
Sobre Oscar Ferrigno, Britos -también premiado poeta- señaló que dio “centralidad e inclinación a Fray Mocho, elenco que entre 1952 y 1958 recorrió más de 80.000 kilómetros para realizar 623 representaciones en más de 200 ciudades, pueblos y parajes, por lo que sumando la sala porteña el elenco fue visto por más de 300.000 espectadores”.
“La Argentina tenía la mitad de los habitantes actuales y la mayoría de sus rutas eran de tierra; algunas veces armaron escenarios ellos mismos a la vista del público, en lugares donde los espectadores observaban las escenas sin bajarse del caballo -apuntó el autor-; ellos vestían de una forma llamativa, que cautivaba a muchos que nunca habían visto teatro y adelantando en 20 años la moda de la juventud.”
Recordó que en su paso por Chile, el equipo viajó en tren por el sur del extenso territorio compartiendo los vagones con los campesinos, que llevaban sus productos e incluso sus animales.mocho
Agregó que los Mochos eran también una escuela y un centro de estudios e investigación “que tradujo por primera vez al castellano el texto fundacional del método del distanciamiento (de Brecht), dio a conocer masivamente a Konstantin Stanislavski y al teórico Émile Jacques-Dalcroze, montaron una biblioteca especializada y mantuvieron su sede en uso durante una década y una sala durante seis años”.
“Allí, artistas e intelectuales transmitieron sus conocimientos mediante charlas y conferencias y las cifras estadísticas dan cuenta de un trabajo y un tesón propios de grandes personalidades y grandes objetivos”, expresó con entusiasmo.
Se preguntó: “¿Cómo fue posible que jóvenes con 26 años promedio pudieran llevar adelante ese emprendimiento sin auspiciantes, ahora llamados ‘sponsors’, ni propaganda?”, dando a entender que la segunda posguerra y la situación política y social de la Argentina y el continente estaban prohijando una generación que llegaba para mejorar muchas cosas.
“¿Cómo hacían -reiteró- si sólo contaban con el apoyo de comisiones de Cultura, grupos culturales, vocacionales o secretarías municipales y en muy pocos casos provinciales?”
Britos tiene su hipótesis: “Puesto a elegir una razón, entre las muchas que conforman los cimientos mismos de la fuerza que los llevó adelante, elijo el deseo de concretar un sueño colectivo; el que muestra en su centro la gira nacional del 54, que no fue la única sino la más extensa y acaso la más íntimamente ligada a las bases fundacionales del Fray Mocho”.

F/F. Santa Cruz Alejandro/ Télam


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Teatro Cerrado / Teatro Abierto

 

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