Un balazo para Gardel

Por Mónica Oporto

Si los tangos cuentan historias, uno de ellos debería narrar lo ocurrido un 11 de diciembre de 1915, cuando Carlos Gardel cumplía 25 años.
Ese año la fama de Gardel se había extendido desde el Abasto a todos los rincones donde el tango se iba imponiendo en las preferencias.  Y para festejar su cumpleaños salió de farra con sus amigos Elías Alippi, Carlos Morganti, Pepito Petray, Pancho Martino y Abelenda.

Carlos Morganti relata que, estando en el Palais de Glace, se produjo un incidente entre Alippi y el “Gallego” Gregorio Serna, en el que Gardel salió en defensa de su amigo Alippi. Aunque decidieron abandonar el lugar y seguirla en otra parte, el incidente continuó.  Serna y un grupo de patoteros persiguieron el auto en que se desplazaban  Gardel y sus amigos, los interceptaron y, bajando de sus autos,  un tal Roberto Guevara le disparó un tiro a Gardel en un confuso episodio de la pelea. La bala se alojó en su pulmón y no hubo orificio de salida.

Detalles más o menos, coinciden en lo central distintas versiones del episodio, excepto una, según la cual todo había comenzado dos años antes, cuando Gardel conoció a la hermosa Madame Jeannette, “La Ritana”, quien regenteaba una lujosa casa de citas y con la que sostuvo un apasionado romance que enfureció a Juan Garesio, un pesado que era propietario de El Chantecler y a la sazón esposo de La Ritana.

Fiel a su fama de malevo, Garesio fue al encuentro de Gardel a la salida de El Armenonville la noche en que el cantor celebraba su cumpleaños. Lo increpó por la relación amorosa con su mujer y fue entonces que Alippi y los demás amigos intervinieron para evitar que la situación pasara a mayores. Lograron dejar el lugar pero Garesio los persiguió y a la altura de Av. De Libertador y Agüero logró interceptarlos. Allí se produjo la pelea y el famoso disparo que hirió a Gardel.

Esa misma versión refiere que Garesio no quedó conforme con lo sucedido y quiso llegar hasta las últimas consecuencias. Fue entonces que intervino el caudillo conservador Alberto Barceló, protector de Gardel, y a través de su lugarteniente, el temible Ruggierito, hizo saber a Garesio que si no desistía de su venganza, se las iba a tener que ver con él, de manera que Garesio no tuvo otro camino que conformándose con los cuernos. Al fin y al cabo, La Ritana no se los había metido con cualquiera. Y don Alberto era don Alberto.

Todos los relatos coinciden en que Gardel fue trasladado al Hospital Ramos Mejía donde los médicos decidieron no extraer la bala -alojada en el pulmón izquierdo- por ser un lugar de difícil acceso. Ahí quedó y nunca debió ocasionarle grandes molestias, porque cada día cantó mejor.

No faltará, sin embargo, el fanático que se lamente preguntándose hasta dónde habría llegado Carlitos de no tener que cargar con un plomo metido nada menos que en el pulmón.

 

 

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