Corrientes y el laberinto

por Laura Molina

Además del frío, de los cortes de gas, de los tarifazos eléctricos, de los sueldos que no alcanzan y de la incertidumbre laboral, los vecinos de la calle Corrientes, CABA, debemos soportar la escena de una ciudad bombardeada. Estruendo de taladros y máquinas excavadoras, hombres con cascos amarillos, multitud de zanjas, montículos, caños, rollos de cable. Las calzadas y las veredas convertidas en un laberinto de vallas amarillas que debemos recorrer con cuidado. Todo está así desde hace más de seis meses. Sólo cambia la geometría del laberinto, las zanjas, las calles trasversales cortadas, las zonas de calzadas y veredas perforadas. ¿Es una guerra?

No. Es la obra del metrobús y peatonalización de la calle Corrientes. Obra inconsulta con los vecinos, que está haciendo de todas maneras el gobierno de Rodríguez Larreta. Mientras tanto sigue el estruendo (¿por qué taladrar tanto?) desde muy temprano hasta la noche, y a veces también de noche. Algodones no alcanzan. Los departamentos abruman. Las oficinas torturan. Los locales comerciales están casi vacíos dentro del laberinto. Corrientes ha dejado de ser un paseo. El tránsito avanza lento por dos carriles. Los colectivos no tienen parada porque el laberinto amarillo ha clausurado varias. Y los colectiveros no paran en las esquinas, y si paran no abren las puertas, dicen que por seguridad la policía no lo permite. Los vecinos deben caminar cuatro o cinco cuadras por el laberinto para encontrar una parada. Y circular por el laberinto es peligroso, no apto para discapacitados: subir y bajar por rampas de madera, andar por pasillos estrechos, esquivar a los hombres de cascos amarillos, aspirar la nube de las máquinas amoladoras, alejarse de las soldaduras, vigilar el tránsito vehicular, chocar con otros vecinos, encontrar una valla, buscar una salida, tropezar, caer en una zanja…

Hace más de seis meses que empezó el tormento y amenaza continuar hasta el año que viene (no hay en exhibición plan ni costo de la obra), porque hoy, en julio de 2018, todavía no acaban la vereda y la calzada sur de Corrientes; ¡y queda por hacer la peatonal en la parte norte! Hay un obrador en Corrientes y Uruguay, con patios, galpones y edificios de dos plantas, que parece una pequeña aldea en crecimiento. Es decir que todavía falta mucho sufrimiento. ¿Hace falta? ¿Por qué la obra? ¿Se trata de una mejora o un ornamento? La cuestión de fondo es preguntarse si vale la pena o, más concretamente, preguntarse por qué el gobierno de Larreta hace esto.

Hace once años durante el gobierno de Telerman se realizó el ensanche de veredas en Corrientes. Ver la nota de esta misma cronista, ¿Infierno en El Centro de Buenos Aires? escrita para Periódico VAS Nº 16 en febrero de 2007, https://www.periodicovas.com/infierno-en-el-centro-de-buenos-aires/ Ahora, ya establecido el paseo, el lugar está modificándose para instalar un metrobús y eliminar cordones. ¿Hacía falta un metrobús? No. Porque debajo de Corrientes ya pasa un subte que supera todas las ventajas del metrobús y además no contamina.

El gobierno de Larreta planea destinar dos carriles para transporte público junto a la vereda sur, después hacer un cantero, y destinar los dos carriles junto a la vereda norte para peatonal durante la noche, de 19 hs a 2 hs. Corrientes es la vía óptima para salir de la Ciudad, ¿por qué transformarla en peatonal a la noche? O en todo caso, si se decide convertirla en peatonal, ¿por qué simplemente no se cierra al tránsito en vez de gastar tanto dinero en sacar los cordones?

¿Por qué se hace esta obra? No hay respuesta desde lo urbanístico que la justifique. Además los vecinos tampoco la pidieron. Queda como explicación la ornamentación. Y llegado a este punto. ¿Hace falta, dada la notoria crisis económica actual gastar 370 millones de pesos en ornamentación? (cifra que probablemente se duplicará o triplicará al terminar la obra) ¿Hace falta, cuando el sistema de salud y la educación están colapsados, cuando crece la deuda externa, cuando hay un 50% de pibes pobres, cuando se pide austeridad a la gente, gastar 370 millones en ornamentación? ¿Hace falta torturar durante un año a los vecinos por una ornamentación?

La respuesta humanitaria y lógica es no. Sin embargo, como se verá a continuación, puede haber otro criterio, otros intereses y otra lógica.

Lo primero a considerar por esta cronista -y seguramente también por Ud. estimado lector o lectora- es el negocio. La obra pública es un formidable negocio que no ha sido ni es ajeno a este particular gobierno de Cambiemos. Las empresas ganan, los funcionarios también, y las obras son carísimas. Pero hay algo más profundo que esto. El objetivo de hacer una obra ornamental, suntuaria, inútil. ¿Por qué querría el gobierno de Larreta hacer algo así?

Hay un criterio en este Gobierno de ciudad de cotillón. ¿Qué quiere decir esto? Es algo así como el cotillón que se arma en las fiestas infantiles. Una fantasía de evasión y engaño, como las piletas sin fondo pintadas en los balnearios municipales. La calle Corrientes es particularmente de cotillón para el gobierno de Larreta. Tiene guirnaldas en cada esquina que se encienden todas las noches del año, tiene las estatuas de los grotescos personajes de Sofovich, las veredas con líneas de luces y estrellas. Parece un programa de televisión para un público infantil o de adultos oligofrénicos. Y todo fue obra del gobierno de Cambiemos.

Otro criterio de este Gobierno, en sintonía con el cotillón pero más elaborado, es el del parque temático. Aquí el objetivo no apunta tanto al público infantil sino al turismo -que es el arma secreta del Gobierno, según los dichos de Mauricio Macri-. La construcción de un parque temático, tanto en Disneylandia como en los llamados centros históricos de las ciudades europeas, requiere un proceso de gentrificación. Ausencia de vecinos originarios. Es decir, una construcción dedicada al turismo excluye a los vecinos. No vive nadie en Disneylandia y tampoco hay vecinos en el centro histórico de Roma. Son lugares congelados, donde se recrea una fantasía o un pasado determinado, donde no vive el vecino actual ni tampoco deja su impronta. Recomiendo al lectore para entender a fondo estos procesos la excelente nota del historiador Gabriel Luna, El Centro vacío. La peatonalización que te excluye, Periódico VAS Nº 95, https://www.periodicovas.com/el-centro-vacio-la-peatonalizacion-que-te-excluye/

Conclusión

Llegado a este punto, donde aparece claramente el negocio, la ornamentación, el parque temático, el turismo y la consecuente gentrificación, esta cronista debe rectificarse y sincerarse con el lectore. Cuando al final del primer párrafo, tras describir el laberinto, las violencias y las torturas impuestas a los vecinos, se pregunta ¿si todo eso es una guerra? y se responde inmediatamente que no, hay un error. La cronista se equivoca. Este Gobierno hace una guerra (está echando a los vecinos) para ocupar un territorio con fines determinados.

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