Día de la mujer afrodescendiente

arte, grito y resistencia

Si quieres seguir el rastro
de la diáspora africana en Buenos Aires,
descalza tus pies
y baja tu mirada
que allí, muy por debajo del asfalto
duerme silente el empedrado
donde yacen nuestros huesos
y memorias adoquinadas.

Si quieres resarcir los imaginarios
sobre la diáspora africana en el Sur que somos,
vuelve tu mirada al Paraná y al Río de la Plata,
que allí, bajo el influjo de la gran Yemayá,
siguen intactas nuestras aspiraciones libertarias.

Lilia Ferrer Morillo

por Mariane Pécora

La obra de la artista plástica afroargentina Maga Pérez, la poesía de la escritora afrovenezolana Lilia Ferrer Morillo y la interpelación que la actriz y directora teatral afrocubana Alejandra Egido plantea en cada puesta en escena, son algunas de las expresiones artísticas de mujeres afro que, en el empeño de suturar esa herida tajante que la hegemonía blanca se empecina en mantener abierta, exorcizan, deconstruyen y producen las mutaciones necesarias para despojar al arte de cualquier subjetividad estigmatizante.
El 25 de julio se celebra el Día Internacional de la Mujer Afrolatina, Afrocaribeña y de la Diáspora; esta fecha no se enlaza a un hecho trágico, sino a una conquista del feminismo negro, que en 1992 reunió en Santo Domingo un cónclave de guerreras de 32 países de América Latina y el Caribe con el objetivo de definir estrategias de incidencia y resistencia política contra la opresión racial. La Ciudad de Buenos Aires recién reconoció esta fecha en 2012.
En el marco de una sociedad donde la mujer afro se enfrenta a diario al negacionismo histórico, desafía parámetros denigrantes que la ubican en trabajos de servidumbre o, en el peor de los casos, ofreciendo servicios sexuales; el testimonio de estas creadoras no solo cobra relevancia. Se hace grito.

Que quién soy me dices
soy Yèyémòólú
convertida en antófila viajera
soy el pozo de la rosa
también ventisca de arenas
desciendo de piedras prehistóricas
rompo goznes embrujados
de tinglados y corrales
Yo exorcizo la conquema

Foto: Julián Albarez /Télam

El artivismo de Maga Pérez
“Los reconocimientos que hemos conseguido como comunidad, no son producto de ninguna magia, mucho menos de la buena voluntad de algún gobernante, son batallas ganadas en una lucha que lleva generaciones”, dice la artista plástica y periodista Maga Pérez, que se define como artivista, pues encuentra en el arte el espacio para expresar la reivindicación del legado histórico, cultural, político y económico de la comunidad afrodescendiente del tronco colonial a la que pertenece. “Se dice que no hay negros, que no hubo una historia de trata esclavista o que si pasó fue en tiempo muy breve… Sin embargo, nuestra presencia es el testimonio vivo de que la esclavitud existió, descendemos de las personas traídas desde el continente africano para ser vendidas y esclavizadas, por lo tanto, formamos parte de la identidad nacional”.
Tal vez una de las primeras manifestaciones artivistas de Maga Pérez fue desafiar al racismo desde el amor: formó pareja y tuvo dos hijas con el artista plástico Daniel Rocco Cándido, hombre blanco de ascendencia italiana. “El hecho de vernos juntos generaba situaciones violentas en los ambientes donde nos movíamos, desde preguntar cuál era mi procedencia, hasta hacerme sentir cosificada por ser negra. Conmigo Rocco vivenció el racismo en carne propia”, sentencia la artista, que plasmó esa mirada en un collage titulado Maga y Rocco.
Este relato da cuenta de una sociedad porteña poco permeable a aceptar la integración cultural. “Desde nuestra comunidad venimos luchando por la creación de una Casa de la Cultura, donde confluyan todas las expresiones culturales afro. Esto es algo que nuestro país nos debe y que, como muchas de las reivindicaciones que logramos en los últimos años, vamos a conseguir”, apunta Maga que, como autodidacta, se siente profundamente identificada con el legado artístico de León Ferrari y la capacidad de expresar en sus obras todo lo políticamente incorrecto. “Mi objetivo es abrir espacios de reflexión a través del arte y reivindicar historias”. En 2011 su retrato de María Remedios del Valle formó parte del homenaje que el Ministerio de Educación realizó a la Madre de la Patria; esta imagen ilustra ahora la biografía que Daniel Brion escribió sobre la mujer afro que batalló por la independencia nacional junto a Manuel Belgrano.
En este sentido, Maga, que se reconoce feminista negra, asegura que la transformación está en manos de las mujeres. “El mundo tal cual nos fue entregado por los varones no sirve. Tenemos que rehacerlo entre todas, las blancas, las negras, las originarias, las que se autoperciben como su deseo manda. Y, si bien existe un feminismo hegemónico que se presenta como el origen de todas las luchas, dado el lugar de privilegio que ocupa, sobre todo a nivel académico, lo cierto es que fuimos las negras las que iniciamos el camino de la emancipación. La mujer negra fue la primera que se enfrentó a la mercantilización de su cuerpo, al patriarcado del patrón, al machismo de la patrona y tomó conciencia del sexismo cuando era abusada. La historia da cuenta de que en el inicio estamos nosotras, que no venimos a añadirnos al feminismo, sino que fuimos el motor para que muchísimas mujeres de la hegemonía blanca, puedan encontrar el camino de su propia liberación”.

Que quién soy me dices
soy mano mineralizada
desde el otro lado del espejo
Soy la Àtìbà, la más vieja
soy la piedra de granito
esperando hasta que vuelvas.

Foto: Ignacio López

La interpelación de Alejandra Egido
En 2010, la actriz y directora afrocubana, Alejandra Egido, fundó Teatro en Sepia – TES, una compañía teatral integrada por profesionales afroargentinos y afrolatinos que, en el empeño de modificar y subvertir el imaginario de nación blanca y europea impuesta por la elite dominante, revisita historias solapadas de nuestro país, para exponer desde una teatralidad no canónica, esas corporalidades invisibilizadas y estereotipadas.
Egido se concibe a sí misma como trabajadora de la cultura, concepto con el que se formó en su país natal, donde les artistas gozan de todos los beneficios del trabajo regularizado y forman parte de una compañía teatral, que les brinda un espacio de pertenencia estético y la posibilidad de estrenar hasta tres obras por año. “En contrapartida a esto y a la luz de la pandemia, la verdad es que no sé para qué está preparada la Ciudad de Buenos Aires”, dice.
“En la pos pandemia, ¿esto se rectificará? ¿Era o es Buenos Aires una Ciudad cultural? ¿O esta definición es parte del imaginario social? ¿Sobre qué cimientos se erige una Ciudad cultural? Estas son las preguntas que nos hacemos desde el arte, porque la fragilidad en términos laborales y artísticos que se evidenció con la pandemia es tan inmensa que nos hizo tomar conciencia de la inconsistencia de larga data que sobrellevamos como hacedores de cultura”, agrega.
En este punto, y respecto a las medidas paliativas lanzadas por el Ministerio de Cultura de la Nación para afrontar la crisis del sector, Alejandra Egido recabó información relevante que surge de preguntas sobre el origen étnico y el género que plantean estas convocatorias. “Por ejemplo -explica-, en el subsidio Fortalecer Cultura, el empleo por cuenta propia representa un 24% entre las mujeres afro que obtuvieron ese beneficio, frente a un 36% de varones afro. Se trata de mujeres de bajos ingresos, la mayoría forma parte de las categorías A y B del monotributo, siendo muy poco significativa la participación de las categorías E o superior (el 1%). Estos datos exponen la precariedad laboral que enfrentamos las mujeres afro en el país, en este caso desde el lugar de la creación”.
¿Qué políticas publicas culturales que proporcionen espacios de expresión a las creadoras afro hacen falta?, preguntamos.
“Necesitamos tener convocatorias específicas para fomentar la producción de las creaciones afrofemeninas. Necesitamos que los espacios culturales públicos, que sostenemos con nuestros impuestos, incluyan en su programación, incluso con un cupo, las obras de las creadoras afro en las disciplinas de danza, teatro, artes plásticas, música. Necesitamos que, en las distintas cátedras de la Universidad de las Artes, se incluya el arte afro e impartir nosotras nuestras experiencias afroartísticas y diaspóricas. Necesitamos Políticas públicas federales que nos permita tener un mayor desarrollo como trabajadores de la cultura y a su vez generar un arte con mayor solidez”.

Que quién soy me dices
Soy la bisagra en el muro
Soy trinchera, soy la piedra
Soy puente antiguo que se sostiene
con huesos que duermen
con huesos que esperan.

Foto: Roberto Famá Hernández

La reExistencia de Lilia Ferrer Morillo
“En un mundo pandémico, supremacista y desigual, el arte que nos puede es el arte capaz de romperlo y recomponerlo todo”, sostiene la escritora y activista afrovenezolana, Lilia Ferrer Morillo, autora del poemario Imba Voces del Tiempo (CICCUS, 2019), colaboradora en numerosas revistas nacionales e internacionales1 e integrante de la Federación Internacional de Escritoras y Escritores por la Libertad (FIEL).
Desde su trabajo como poeta, la autora de las estrofas del poema Enigma que recorren esta nota, observa cierta apertura hacia las propuestas literarias afrocéntricas y originarias en la sociedad porteña. “Esto es fundamental si tenemos en cuenta que en diversos estudios sobre la influencia afroargentina en el arte y en la literatura, se ha venido tratando fundamentalmente la trama racializada de lo visual y lo grotesco en estas representaciones. Como ejemplo de ello, podemos citar el trabajo de María de Lourdes Ghidoli (2016) quien estudia en un período específico de tiempo las mutaciones de lo negro grotesco en Argentina. Irrumpir tales representaciones grotescas y la subsiguiente invisibilidad y negación de la identidad afroargentina, es un ejercicio cotidiano de resistencia y reExistencia en este territorio”.
“Lamentablemente -agrega- recientemente hemos asistido a la retoma del debate descarnado sobre el mito generalizado en torno al negacionismo de identidades afroargentinas. La recurrente expresión: los argentinos bajamos de los barcos, no hay negros, porque murieron todos de fiebre amarilla o en las guerras de independencia, entre otros negacionismos, constituyen la reiteración de una política estatal de borramiento de identidades consideradas periféricas, para privilegiar la europeización y blanqueamiento nacional. Esto ha dificultado disponer de políticas públicas que recién se han ido formulando en los últimos lustros”.
Otro escenario en la lucha por el reconocimiento plurinacional, diverso, transfronterizo e interseccional es el movimiento feminista argentino. “No fue sencilla la interna para desenmascarar la invisibilidad histórica de las identidades y pieles periféricas en los movimientos feministas. Creo que el hito más reciente fue el 34° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Trans, Travestis y No Binaries que en 2019 se desarrolló en la ciudad de La Plata, y al que le siguió todo un movimiento planetario decolonial que exige la reparación histórica sobre los genocidios, negacionismo e invisibilidad y extranjerización cometidos en contra de naciones originarias y afrodescendientes en el continente. En ello, los movimientos feministas comunitarios, decoloniales, originarios y negros están marcando la pauta”.
En este sentido, considera que a nivel de políticas públicas en nuestro país está pendiente la reparación histórica del genocidio real y simbólico  de los y las afroargentinas y pueblos originarios, como también una serie de acciones reparativas para el conjunto de la comunidad afroargentina, afrodescendiente, africana y originaria. “Urge, por ejemplo, formular una Ley similar a Ley de Capacitación Obligatoria en Género o Ley Micaela, orientada a la formación de las y los funcionarios públicos en materia étnico-racial; ésta podría denominarse Ley Marcelina Meneses, en memoria de Marcelina y su pequeño Joshua, migrantes bolivianos que en 2001 fueron víctimas de un crimen de odio racial en Avellaneda. Otra acción reparativa para el conjunto de la comunidad afro es la puesta en marcha de una política pública equiparable a la recientemente promulgada Ley Diana Sacayán-Lohana Berkins, referida a la promoción al empleo para personas travestis, transexuales y transgénero. En el caso de nuestra comunidad, sería una Ley para la promoción al empleo de afroargentinxs, afrodescendientes y africanxs”.

1. Revista Internacional de Arte & Literatura “Voces del viento” (Argentina), Semanario Cultural “Todas Adentro” (Venezuela), Revista Extrañas noches: Literatura visceral (Ediciones Frenéticos Danzantes, Buenos Aires), Pandemia: Antología Poética (Biblioteca de las Grandes Naciones, País Vasco), entre otras. Ha participado en festivales internacionales de poesía como: Festival de Poesía y Música Afrocaribeña: Cantar la Resistencia (República Dominicana, 2020); Poesía Realenga (2019, 2020), Insurgencia Cultural (2020), La Luna con Gatillo (2021), Minga Poética (2021).

Comentarios

  1. Nos identificamos con el arte, grito y resistencia de las mujeres afrodescendientes
    Alentamos su lucha y ofrecemos nuestro apoyo y soliradidad

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