Teatro San Martín / Cultura del Gran Hermano

por Gabriel Luna

Tras varias postergaciones, el Gobierno porteño propuso la reapertura del Teatro General San Martín sito en avenida Corrientes 1530 para el sábado 27 de mayo. El Teatro había sido cerrado sin mayor explicación, por refacciones. Las refacciones, de carácter leve, que hubieran podido hacerse sin inconvenientes con el teatro abierto, o, cerrando el edificio en un mes, van tardando hasta ahora, 27 de mayo de 2017, dieciocho meses. Es decir: para cambiar revestimientos, alfombras y hacer arreglos de caldera, aire acondicionado y vestuarios, como estaba previsto al inicio de la obra van tardando un año y medio. El tiempo para levantar el edificio completo desde el pozo. Hay una clara intención de prolongar el negocio de obra y otra cosa más: mantener el teatro cerrado. A este Gobierno claramente no le interesa la cultura, o al menos la cultura de emancipación, que es la cultura asociada al general San Martín, prócer de la Independencia, padre de la Patria y mentor del lugar.

 ¿Cuándo se abrirá el Teatro?

Una curiosidad. Este cronista escribe arriba: “van tardando”. ¿Por qué el tiempo  compuesto? ¿Por qué no poner tardaron?, se preguntará un lector atento. ¿Acaso el Gobierno porteño no anunció finalmente la reapertura para el 27 de mayo? Es cierto. El Gobierno anunció una gran apertura con cortes de calle y una serie de espectáculos, pero no abrió el Teatro San Martín.

Ninguno de los “grandes medios” dice en las noticias del día 28 que el Teatro seguía cerrado. Infobae, Perfil, Página12, Clarín, La Nación, dicen que el Teatro fue reinaugurado, reabrió, etc., La Nación dice que “renació de sus cenizas”, como si volviera de una demolición y no de una refacción menor. Lo cierto es que el público ni este cronista pudieron entrar al Teatro (y hubiera sido bueno entrar porque hacía frío). Surge una pregunta inmediata: ¿Por qué mienten los “grandes medios” a sus lectores? La respuesta excedería el espacio de esta nota. Lo cierto es que el teatro siguió cerrado y dados todos los plazos incumplidos no sabemos cuándo abrirá.

¿Qué pasó entonces? Hubo un espectáculo afuera, en la calle. Se cerró la avenida Corrientes desde Uruguay hasta Callao, se montó un enorme escenario inflable a la altura de Paraná. La gente fue concentrándose entre Paraná y Montevideo. Entonces tuvo lugar una experiencia atroz.

La llegada del Gran Hermano      

Pasadas las 19 hs. crecía el frío y empezó una obra de marionetas de Pichón Baldinú. El jefe de Gobierno Larreta, el ministro de Cultura Ángel Pititto Mahler y el director del Teatro San Martín Jorge Telerman miraban probablemente a resguardo desde los pisos altos y vidriados del edificio vedado. Las marionetas hablaban como payasos, la música era de estruendo, las luces encandilaban, se multiplicaban los personales, la gente cubría la avenida. De pronto cambió la música, se amontonaron las marionetas y comenzaron a extraer un objeto del     escenario. Tras la expectación, lo que surgió fue un muñeco robot gigante de diez metros de altura. La música tornó a tecno ensordecedor y el muñeco se movió. Tenía por cabeza un televisor que emitía imágenes. Las imágenes era de la película 1984 -de la novela de Orwell-. El muñeco gigante dio unos pasos hacia Callao. En la cabeza se veía por momentos el rostro del Gran Hermano, ese hombre de bigote y mirada penetrante, la imagen se convertía en una boca y también en un ojo enorme que nos miraba. El muñeco parecía caminar sobre la gente, pisándola. Era una pesadilla. La cultura del Gran Hermano, de la opresión y el control. Todo lo contrario al afán emancipador de San Martín.

   

       

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