Actualidad:
El mundo ha vivido equivocado
 
Entrevista:
Marisa Wagner
Los Montes de la Loca
 
Cine y Contexto:
Película: El Lector
Desde el Holocausto a la Franja de Gaza
 
 
El Oficio de Luthier
 
Agenda Cultural
 
EL MUNDO HA VIVIDO EQUIVOCADO
 
Rafael Gómez

 

No es la primera vez que pasa. El “Negro” Fontanarrosa ya lo había anunciado en un libro memorable. El mundo ha vivido equivocado. Y antes que él lo anunciaron Derrida, Tato Bores y Foucault, Cortázar, Sartre y Deleuze, Jauretche, Discepolín y Freud, Herman Hesse y José Ingenieros, Darwin y Marx, Hegel, Bolivar y San Martín, Kant, Rousseau y Moreno, Newton y Pascal, Galileo y Hernandarias, Shakespeare y Cervantes, Tomás Moro y Leonardo Da Vinci... Séneca, Aristóteles y Sócrates, Confucio y Lao Tse... Todos ellos lo dijeron. Hoy lo anuncian Bauman y Pinti, Saramago y Chomsky, Naomi Klein y Eduardo Galeano, John Holloway, Osvaldo Bayer, Pérez Esquivel y Houellebecq, Alfredo Moffatt, García Márquez... El mundo desde siempre ha vivido equivocado. La evolución es un malentendido. Hay a lo largo del tiempo una sucesión interminable de errores y descubrimientos, de tormentas y dichas, de mentiras y verdades, de idas y venidas. Todo resulta confuso entre sombras y relámpagos, entre el ruido y la furia. La historia parece a veces contada por un idiota, como dijo el poeta. Pero otras veces no. Hoy, la historia trasmitida por los grandes medios de comunicación parece contada para idiotas, pero no por idiotas. Surge la confusión y la sombra, pero también el relámpago que alumbra hasta los sitios más recónditos. Sólo hay que mirar. Hoy, con sólo recorrer esta Ciudad de contrastes asombrosos y acceder a Internet, no hace falta ser un genio, un poeta o un sabio para descubrir las equivocaciones del mundo. Están expuestas, son como carteles intermitentes. Veamos algunas.

Están colapsando en efecto dominó bancos y corporaciones líderes en Estados Unidos y Europa dejando los tendales de desocupación y pobreza. ¿Se trata de un fenómeno? ¿de algo casual? La catástrofe del libre mercado no es accidental ni fortuita sino una equivocación. ¿Pero de dónde proviene? La idea implantada de que las codicias particulares producirán beneficios sociales fue el principio del abismo. Con este pensamiento mágico del egoísmo y un puñado de estadísticas, los economistas de Chicago y Harvard construyeron el modelo del libre mercado y la globalización económica: un sistema que libera a los bancos y las corporaciones de las regulaciones y protecciones de los Estados nacionales. Quiere decir, que las empresas privadas (los bancos y las corporaciones) al actuar según sus intereses particulares en un mercado libre de la injerencia estatal, aportarán beneficios y crecimiento a la sociedad en su conjunto. Esa es la teoría. Pero los intereses particulares son la obtención de la mayor ganancia. Esto iguala la utilidad social y el crecimiento de una sociedad, a la obtención de mayores ganancias de las corporaciones y los bancos (1). Y no sólo iguala sino que antepone la utilidad social y el crecimiento de una sociedad, o de un país, a la obtención de ganancias de las corporaciones y los bancos. De modo que resultan totalmente prescindibles, y hasta nocivos, el Estado y las demás organizaciones sociales -dicen los economistas de Chicago y Harvard -: para lograr el crecimiento de un país, sólo debe procurarse la libertad de las corporaciones y los bancos para obtener ganancias y el país crecerá en consecuencia.

Es increíble que varias décadas atrás semejante modelo fuera aceptado por una sociedad y tuviera aplicación. Sin embargo ocurrió.

El modelo fue aplicado en 1973 en Chile después de un golpe militar y la muerte de Salvador Allende; fue aplicado en Brasil y Uruguay, también bajo dictaduras militares; fue aplicado en Argentina (1976), golpe de estado mediante, feroz represión y muerte de treinta mil personas; fue aplicado en Inglaterra por Margaret Thatcher en 1982, durante la guerra de Malvinas; fue aplicado en Bolivia (1985) por Jeffrey Sachs, un economista de Harvard llamado para controlar la inflación debida al abultado endeudamiento externo; fue aplicado en Polonia (1989) también por Sachs, para detener la inflación; y en China (1989) de la mano de Milton Friedman y la férrea cúpula del partido comunista, entonces ocurrió la masacre en la plaza Tiananmen; el modelo se aplicó en Sudáfrica (1990) y volvió aplicarse en Argentina (1990) con Menem y Cavallo; entró en Rusia (1991) gracias a Boris Yeltsin que disolvió la Unión Soviética , y tuvo que sitiar el Parlamento con tanques, y hacer una represión sangrienta parecida a la chilena, para poder seguir las recetas de Sachs y los muchachos de Chicago; el modelo fue aplicado en Indonesia (1996), Tailandia (1997), Corea del Sur (1997), Filipinas (1998); fue aplicado en Irak (2003), invasión militar mediante y más de un millón de civiles muertos; fue aplicado en Sri Lanka (2004) después del terrible tsunami que dejó doscientos cincuenta mil muertos y más de dos millones y medio de personas sin vivienda; fue aplicado en el salvamento y la reconstrucción de Nueva Orleáns (2005) tras el huracán Katrina...

El modelo de libre mercado o modelo neoliberal se aplicó en casi todo el mundo, los resultados fueron (y son): la muerte de millones de personas y un aumento pavoroso de la desocupación y la pobreza. La teoría fue una equivocación. Las prácticas fueron una catástrofe tras otra. ¿Entonces por qué se insiste en seguir aplicando ese modelo? La respuesta es sencilla y dura. Porque sirve para aumentar las ganancias de los bancos y las corporaciones, de sus directivos y accionistas, de los economistas de Harvard y Chicago. Y porque sirve -como veremos enseguida- para enriquecer a los gobernantes corruptos que reprimen, engañan, y entregan sus países al libre mercado.

La base del modelo es evitar la injerencia del Estado para que las corporaciones y los bancos privados crezcan y operen “libremente”, sin regulaciones. Esto quiere decir que el Estado no sólo debe disminuir el control de las empresas privadas, sino que además debe ceder su propio espacio. Entonces hay que reducir y debilitar el Estado. Hay que reducir los empleados, el gasto social, y también disolver las empresas públicas para que no compitan con las privadas... En realidad, el objetivo principal del modelo es que los bancos y las corporaciones compren a precio vil las empresas estatales y se hagan cargo del negocio. La gestión previa de los gobernantes consiste en vaciar las empresas públicas para venderlas baratas, hacer despidos masivos, “flexibilización laboral”, y reducir los gastos asistenciales en salud, educación, alimentación, vivienda.

Hay que arrasar los Estados nacionales, y a veces también las poblaciones, para imponer el libre mercado. Los casos mencionados arriba son elocuentes. Hacen falta golpes militares y represión, fuertes crisis económicas, engaños mediáticos, invasiones armadas, bombardeos, torturas, maremotos y huracanes, para vencer la resistencia social, desquiciar el estado, y aplicar el modelo (2).

En nuestro país, el golpe militar, la tortura y la feroz represión de 1976 sirvieron para instalar el modelo que se consolidó en los años 90 mediante el engaño durante el gobierno democrático de Menem. Recuérdese que Menem en su campaña electoral no propuso profundizar ni instalar el modelo neoliberal: “de haberlo hecho no me hubieran votado”, dijo con picardía años después. Recuérdese que Domingo Cavallo, su ministro de Economía, fue también presidente del Banco Central de la Nación Argentina durante el gobierno de la Junta Militar. Recuérdense los esfuerzos de aquellos “patriotas” de la televisión, Neustadt y Grondona, que auspiciados por esas empresas a las que les “interesaba” el país, trataban de convencernos de que había que achicar el estado y privatizar hasta las veredas. Recuérdese la caída de la industria nacional por abrir el mercado a las corporaciones. Recuérdese la especulación financiera de la banca privada, el plan de convertibilidad, el remate de las empresas públicas: la venta de YPF, Aerolíneas, ENTEL... Recuérdese el espejismo de la riqueza sin producción, el dólar equiparado al peso, el crédito fácil, los viajes a Miami, la llegada del consumismo. Recuérdese el final del espejismo y la aridez del desierto dejado por el modelo en diciembre del 2001, gobierno de De la Rúa , el corralito de los depósitos bancarios, la pobreza y los cartoneros en las calles... Recuérdese quién era entonces ministro de Economía: ¡otra vez Domingo Cavallo, doctorado en Harvard y al servicio del libre mercado!

La actual crisis económica, Estados Unidos (2008), se desató porque los bancos hicieron operaciones inmobiliarias de alto riesgo para obtener mayores ganancias ( 3) y, como reza la doctrina neoliberal, no hubo controles estatales para impedirlo. Esas operaciones disfrazadas de confiables se expandieron en el libre mercado a los fondos de inversión y produjeron más ganancias. Creció el crédito, el consumismo, el espejismo de la riqueza... hasta que las hipotecas empezaron a caer. En menos de un año hubo 1.200.000 ejecuciones en Estados Unidos. Bajó el precio de las propiedades. Estalló la burbuja inmobiliaria. Los activos tóxicos (sin respaldo) contaminaron todo el sistema de crédito y se desplomaron las bolsas. Quebró la aseguradora AIG (la más importante del país, 120.000 empleados). Quebraron las grandes bancas: Lehman Brothers, Merrill Lynch, y el Citigroup (la mayor empresa financiera del mundo con más de 300.000 empleados). Cayeron las corporaciones: General Motors (320.000 empleados), Ford y Chrysler (330.000 empleados), entre otras. Y empezó la catástrofe que nos afecta a todos.

Entonces intervinieron los Estados nacionales -los prescindibles y nocivos Estados, según la teoría del libre mercado- para sacar las papas del fuego inyectando billones de dólares en las corporaciones y los bancos privados. Esto, sumado a los casos mencionados arriba, habla muy claro del fracaso del modelo, pero además... ¡No se usó el dinero público para ayudar a las víctimas, la gente sumida en la pobreza, la gente sin casas o sin empleos, sino para salvar a las empresas que provocaron la catástrofe! La conclusión puede sacarla hasta un chico de primaria: los gobiernos que tomaron estas medidas no representan a la gente sino a los bancos y a las corporaciones (4).

De esto se infiere que la democracia y el libre mercado son incompatibles. Los gobiernos nacionales responden a las corporaciones y los bancos. A nosotros, amable lector o lectora, nadie nos representa. Las elecciones son nada más que un circo mediático (5). Elegimos a quienes ya fueron elegidos por las corporaciones y la clase política. Estamos finalmente en manos de los directivos de los bancos y las corporaciones. Ellos son quienes en definitiva gobiernan y manipulan nuestras vidas. ¿Tendrán estos señores el buen criterio de corregir el rumbo de sus negocios para impedir el hambre, la pobreza, el desamparo, las crisis económicas, la desocupación, la opresión, las guerras? No. Nunca lo hicieron y tampoco lo harán. En realidad, han hecho todo lo contrario: impulsar guerras e invasiones, armar crisis económicas, generar pobreza, arrasar los recursos del planeta, dislocar sociedades, servirse de la crisis, de la pobreza y la desocupación... Pero no ha sido por maldad -dirán ellos- sino para obtener mayores ganancias. Veamos un ejemplo reciente. Cuando recibieron el rescate económico del estado, los directivos de la aseguradora AIG festejaron y se repartieron 168 millones de dólares en concepto de bonificación. ¿Fue este un caso excepcional? No. Durante la catástrofe financiera desatada en el 2008, los directivos de Wall Street que la ocasionaron decidieron premiarse. Se repartieron un total de 18.400 millones de dólares, deducidos de la ayuda aportada por el Estado para salvar sus empresas, es decir, del dinero de los contribuyentes.

Los directivos de las corporaciones picados por la competencia y lanzados a buscar mayores ganancias provocan las crisis, eso está claro. Pero antes de considerar las crisis, es bueno saber que los productos que dan mayores ganancias no suelen ser los más útiles para la sociedad. Un ejemplo. Hay en este país 47 millones de teléfonos celulares, más de un aparato por persona. Pero hay un déficit de 3 millones de viviendas. Significa que 12 millones de personas no tienen techo, o viven hacinados y/o en condiciones precarias. ¿Por qué ocurre esto? Porque los celulares dan mayores ganancias que construir viviendas. Así pasa con la mayoría de las cosas. Las corporaciones producen aquello que da mayores ganancias sin considerar su utilidad social. La soja es otro ejemplo local muy claro. Implantada por las corporaciones agroquímicas en la codicia de los terratenientes y la clase política, la soja -usada para alimentar chanchos chinos y vacas europeas- se ha extendido largamente por los campos en desmedro de las producciones para nuestro propio consumo provocando un aumento insoportable de los lácteos y las carnes en el mercado interno. Pero además, la soja requiere menos mano de obra que las producciones habituales -genera desocupación-, arrasa los campos, perjudica el ecosistema, y su fumigación con fuertes agroquímicos produce todo tipo de enfermedades.

El resultado de preferir las mayores ganancias a la utilidad social está a la vista. Solo hay que recorrer la ciudad para palpar la pobreza y el desamparo, ver los hospitales públicos colapsados -la salud pública tampoco es un gran negocio-, ver el descontento profundo de la gente, la depresión, la basura en las calles, la humillación, la violencia, la mala alimentación, la mendicidad, la droga, a veces la protesta. Para “sostener” todo esto el libre mercado, que no es otra cosa que la fase actual del capitalismo, ha cambiado el concepto de hombre. Y esta, tal vez sea la equivocación más grave que pesa sobre el mundo. De animal racional, cultural y social el hombre se ha convertido en un solitario animal de consumo. Y ni siquiera consume muchos nutrientes sino símbolos y basura. Las corporaciones y los bancos han reducido al hombre a un animal que trabaja, mira pantallas, y consume. A mayor consumo, más ganancia y satisfacción. La vida se transforma en entretenimiento estéril y egoísta para los que entran al círculo, y el resto es marginal, basura de las calles. ¿Podemos torcer ese destino y combatir a las corporaciones y los bancos? Sí, ciertamente hay muchas formas de combatir a las corporaciones y los bancos, pero primero, antes de arreglar el mundo -como decía Gabriel García Márquez- debemos arreglar al hombre.

1. Esta equivocación que consiste en equiparar la utilidad social con la obtención de ganancias, la advierte Albert Einstein en su artículo “Por qué el Socialismo”.

2. Los procesos detallados y analizados de estos casos están en el libro de Naomi Klein: La Doctina del Shock

3. Dieron créditos inmobiliarios a tasas elevadas pero sin garantías suficientes.

4. El plan de inyectar dólares del Estado a las empresas privadas fue de Henry Paulson, secretario del tesoro de Estados Unidos. Antes de asumir ese cargo público, Paulson fue directivo del grupo inversor Goldman Sachs. Este grupo inversor dotó a Henry Paulson de 44 millones de dólares al abandonar la firma para asumir un cargo público de apenas 190 mil dólares anuales.

5. Ver la nota El Circo Electoral publicada en Periódico VAS N° 8; también puede hallarse en www.periodicovas.com haciendo clic en Números Anteriores o en www.periodicovas.com/democracia.htm#circo

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Marisa Wagner
 
LOS MONTES DE LA LOCA
 
 

Poeta, escritora y “loca”. Se desempeña como docente en la Escuela de Psicología Social que conduce Alfredo Moffatt y forma parte del Frente de Artistas Externados del Borda. Pasó parte de su vida internada en distintas instituciones psiquiátricas y ha vertido esa experiencia en su literatura.

 

Por momentos sus movimientos suelen ser convulsivos, le cuesta estar quieta. No hace mucho descubrieron que esto se debe una disquinecia tardía o daño neuronal, producido por el exceso de medicación que soportó durante sus internaciones. Padece del hoy famoso “trastorno bipolar”, desorden psicológico que, con una adecuada contención psiquiátrica y una medicación controlada, no requiere internación. Sin embargo, la quinta parte de su vida ha estado internada en distintos manicomios -como le gusta llamarlos-. La pobreza, la soledad, falta de trabajo y, por supuesto, su enfermedad, la llevaron a estos sitios. Hasta que, como sucede en los cuentos mágicos, desde un hospicio escribió un poema. Ese poema ganó un premio. Y ese premio se transformó en un libro: Los Montes de la Loca . Cuyos poemas no son cuento, sino más bien una denuncia, una demanda, y el descarnado reflejo de miles de enfermos mentales.

P. VAS. ¿Qué es la locura?

Marisa Wagner. Leopoldo María Panero, poeta español internado en los manicomios desde hace 30 años, define a la locura como una ausencia provisoria de uno mismo . Y creo que esa es la explicación más acertada, porque cuando estás en un delirio o en una crisis psicótica, realmente entrás en un estado de inconciencia tal que te sentís separado de tu propio ser.

P. VAS. ¿Por qué se enloquece?

M. W. Se enloquece por un dolor extremo o por una soledad extrema. Un mundo injusto genera subproductos patológicos, y eso somos nosotros. De hecho, algunas personas pueden zafar de la locura y sobreviven. Claro, se mutilan un riñón o el hígado, hacen algo psicosomático, mueren de cáncer... La enfermedad se les aloja en el cuerpo. Otras personas, con un mecanismo absolutamente sensible, enloquecemos. Este mundo genera locura por donde lo mires. A los niños empiezan a darles Ritalina a los tres años. Estamos construyendo adictos, cosa que es muy rentable para la industria farmacéutica. Y ni hablar de los que están el la calle sin otra madre que la estación Retiro, como dice un amigo poeta. ¿Cómo hacés para sobrevivir entre tanta injusticia y crueldad sin enfermarte?

 

Si yo no estuviera loca…/ ¿Qué estaría?/ ¿Muerta?/ ¿Desaparecida?/ Y estar loca…/ ¿No es una manera -como otra cualquiera-/ de desaparecer o morirse?/ Pero no filosofemos… ¡no jodamos!/ Si yo no estuviera loca estaría cuerda./ Haciendo la fila/ para pagar la luz, el gas, el teléfono./ Haciendo otra fila/ para pagar los impuestos./ Estaría mirando los clasificados./ Los informativos./ Estaría soñando/ con ser alta, flaca, rubia/ -como las modelos-/ Estaría yendo al Shopping,/ por ejemplo./ No sé si lo resistiría./ Creo que no sabría qué hacer del otro lado.

 

P. VAS. ¿A vos qué te pasó?

M. W. Yo venía cargando muertes: la de mi padre, la de mi hijo, la desaparición de mi pareja, de compañeros de militancia. Un día no resistí más y tuve un brote psicótico. Mi primera internación fue en el Borda, en el año 1987, con un diagnóstico impreciso. Pensaron que se trataba de un episodio aislado y me largaron a los seis meses sin medicación. Pero las crisis delirantes agudas se repetían cada dos o tres años. Y he ido a parar con mis huesos a los manicomios: Borda, Moyano, Alvear, el Servicio de Salud Mental de Olavarría, el hospitalito de Hinojo, y Montes de Oca, donde estuve internada tres años sin interrupciones, desde 1995 hasta 1998.

P. VAS. ¿Cómo es estar del “otro” lado?

M. W. Cuando atravesás la puerta del hospicio entrás a un lugar sin tiempo, sin tarea. Un lugar donde todos tus derechos humanos son vulnerados y todo aquello que hagas o digas, puede ser usado en tu contra o llamado “delirio”. Un lugar donde dejás de ser una persona para ser un número, una ficha, una historia clínica. Sos un “paciente”, al que de buenas a primeras, drogan, sobremedican, colocan un chaleco “químico” para que no moleste. Y así te quedás, babeando todo el día. El manicomio es un campo de concentración donde rige el maltrato físico y psicológico: ataduras a la cama, electroshocks, inyecciones de leche, shocks insulínicos... Resulta muy difícil salir del manicomio porque es una cloaca social, igual que la prostitución o los chicos en la calle. Encierran al que piensa diferente, al que estorba, al que no tiene donde ir. A mí me tocó el manicomio con doble castigo: por loca y por pobre. El mundo no tiene espacio para un loco rehabilitado. Y nadie anda ofreciendo trabajo por los hospicios en una sociedad con miles de jóvenes desocupados.

 

A esto/ me gusta llamarlo/ -sencillamente-/ hospicio o manicomio./ Siempre rechacé los eufemismos./ Es como que viene mejor/ llamar las cosas por su nombre/ al pan, pan/ y al vino, vino./ Y a las pastillas/ chaleco químico./ Y aquello tan, tan viejo y tan cierto,/ que uno está loco/ pero no come vidrio./ Tal vez, tenga del mundo/ una visión,/ un tanto escatológica,/ un tanto, tal vez, parcializada,/ pero bueno…/ por algo estoy en el hospicio.

 

 P. VAS. Tu libro, sin embargo, parece escrito desde la lucidez…

M. W. Mi libro no fue escrito desde la locura porque en la locura no creás nada. Hay gente que hace una apología de la locura; creen que “estar loco” es genial. Eso no es cierto, estar loco es muy doloroso y no tiene nada de genial. No permite el rigor, la mesura que necesita cualquier obra artística. No hay arte desde la locura. Tampoco la locura es permanente, como dice Panero: la locura es un estado provisorio . Se nos hace creer que la locura es un estado permanente para poder justificar las internaciones de por vida, los olvidos, los abandonos. Al apartar las personas que molestan, la sociedad tiene la ilusión de esta sana. Para eso existen los muros en los hospicios: para que los que pasan por fuera sientan la maravilla de estar sanos. Aunque estar en un manicomio, no siempre es estar loco. De los años que estuve internada en Montes de Oca, tres meses los pasé con la patología psiquiátrica, los tres años restantes fui una paciente social. Es decir, alguien que permanece internado porque no tiene dónde ir, ni cómo vivir, ni un techo. Alguien a quien es preferible “dejar adentro” porque en el hospicio su vida corre menos peligro que en la calle. En Montes de Oca hay gente que está hace diez, quince, veinticinco, treinta años. Las altas son escasas, se dan después de muchas vueltas.

 

Ya no consumo Halopidol,/ sólo Tegretol, Anafranil y Litio./ Estoy “compensada”./ Traduzcamos:/ me mantengo de éste lado,/ es decir, sin delirios…/ y deambulo…/ (porque, nosotros, los pacientes, deambulamos)./ Es una nueva costumbre que he adquirido./ Deambulo -como digo-/ “libremente” por el enorme parque del hospicio…/ Estoy lúcida, ubicada en tiempo y espacio,/ por lo tanto:/ sé en qué día vivo./ ¿Vivo? Me pregunto,/ y me entra la tristeza y me deprimo./ La historia clínica se pone gorda de tristezas./ Yo soy mi historia clínica./ ¿Dejé de ser mi historia, acaso?/ Es muy malo preguntarse tantas cosas/ que complican, además, el tratamiento./ Tengo sueños, pesadillas…/ que a nadie se las cuento, por las dudas,/ no sea cosa, vayan a la historia clínica./ Pero si tengo insomnio, por ejemplo,/ esto es inocultable,/ y va derecho a la historia clínica./ Mi psiquiatra, entonces,/ regula las pastillas./ Duermo. Se anota en la historia clínica./ Doctor, estoy amando…/¿Esto también irá a la historia clínica?

 

P. VAS. Pero a vos de alguna forma el arte te sirvió para salir…

M. W. Nadie puede salir solo del manicomio, necesitás de tus amigos, de tu familia. En mi caso, fue mi amiga Nomi Lerner quien comenzó a visitarme y me ofreció vivir en su casa. Y luego Alfredo Moffatt me facilitó un trabajo, un techo, comida. Y desde entonces soy docente en la Escuela de Psicología Social. El arte tiene una función terapéutica, ayuda a que uno se reconstruya, pero cuando se logra un producto artístico, se lo logra en salud. Cuando llevaba dos años internada muere mi ex pareja, a quién no pude visitar por razones obvias. Entonces escribo un poema y alguien del servicio de rehabilitación decide enviarlo a un concurso. El poema gana el primer premio, y el premio consistía en la edición de un libro. Entonces tuve que sumergirme en la construcción del libro, porque tenía escritos muy pocos poemas. Y así surge Los Montes de la Loca , que desenmascara la realidad de los hospicios y donde están los duelos a todos mis muertos. El libro se publicó en el año 2000 y empezó su camino, ahora va por la séptima edición.

P. VAS. También fue al teatro…

M. W. Fue al teatro. Y a mí me conmovió ver plasmados los poemas en cada personaje. Y este año vuelve a escena Los Montes de la Loca II , por el grupo de teatro El Carrusel de las Artes, nuevamente dirigido por Fanny Dimant.

 

“Cuando se toca fondo/ y se mastica el polvo, / te das cuenta, aprendés, /que aún no lo has perdido todo,/ que hay más para perder,/ que el fondo, en realidad, no tiene fondo,/ que aún se puede descender/ y descender/ Se piensa que ya no se puede estar más solo/ y sin embargo, sí se puede…/ hay más soledad, te lo aseguro/ Pero un día…/ un día cualquiera, se te da por mirarte en el espejo/ (no abundan los espejos en el manicomio,/ por razones obvias, se me ha dicho)./ No importa, el espejo del que hablo, está en otro lado,/ adentro./ Y te das cuenta, por ejemplo,/ que tenés dos piernas,/ te las mirás, las sometés a prueba,/ y te vas a dar una vuelta por el parque del hospicio./ Y te cruzás entonces, con otro espejo que deambula,/ más valioso y fidedigno…/ ¡Y acaece la revelación!/ ¡Qué voy a estar sola…si somos mil setenta locos acá adentro!/ Y cuando nos juntamos los espejos/ uno le da coraje al otro y resistimos./ La subestimación./ La discriminación./ Los abandonos./ Pero bueno, estas ya no son cosas de locos.”

 

P. VAS. ¿Cuál es la delgada línea entre la locura y la lucidez?

M. W. La línea entre la cordura y la locura es muy imprecisa, muy difusa. Hay un momento en el que sentís que la realidad te supera, que dejaste de entender los códigos de los demás, que te quedaste muy solo y sin puentes... Entonces te inventás un personaje porque esa soledad es insoportable. Es preferible inventarse un otro que te persigue que caer en el vacío yoico, en la despersonalización. El delirio no es la enfermedad, sino la defensa contra ese vacío existencial terriblemente profundo que tenés enfrente.

P. VAS. Pero ese vacío existencial no es solamente tuyo, es un problema de toda la humanidad…

M. W. Obvio. Yo creo que cada cual elige su camino. Hay personas por ahí que jamás se brotan pero viven de una manera espantosa, acelerados, endeudados, perseguidos… Hay otras que eligen empastillarse, drogarse, hacer una hipocondría… Y otros, en algún lugar, elegimos volvernos locos. Porque la locura no es para cualquiera, no se vuelve loco el que quiere sino el que puede.

P. VAS. ¿Cómo es eso?

M. W. Tenés que tener un resto para volverte loco. Animarte a andar por abismos muy terroríficos…

P. VAS. Y ahora, ¿ cómo te definirías loca o cuerda?

M. W. Yo creo que soy una persona que en algunos momentos de su vida está loca. Y la mayor parte del tiempo, cuerda. Tengo una patología que se llama bipolar que, como la palabra lo dice, tiene dos extremos o polaridades: manía y depresión.

P. VAS. ¿Alguna vez pensaste suicidarte?

M. W. No. Pero cuando estás en situación de delirio ponés en juego tu vida. Y eso, de alguna manera, es un suicidio encubierto. Al estar indefenso y delirante en la calle te convertís en un blanco fácil para recibir la violencia de los otros. Generalmente uno termina en una ranchada con alcohólicos, por ejemplo, y ahí corres el riesgo de que te violen o te golpeen… He estado en situaciones límites, pero no me he permitido llegar a ese extremo. Tengo un registro de hasta dónde puedo tolerar, de que la vida tiene que estar en otro lado.

 

Ladrillo a ladrillo/ había levantado mi pared./ El mundo estaba allá, del otro lado/ -quieto, previsible, ajeno-/ Pero llegaste…/ ladrillo a ladrillo/ derrumbaste/ mi paz de naftalina./ Todo está otra vez bajo sospecha,/ ya no hay nada que se quede quieto./ El desorden se adueñó del reloj de arena de mis venas./ Es otra vez el caos, como al principio./ ¿Qué voy a hacer con todo esto?/ Ya no puedo ni quiero pedirle al corazón/ que marche más tranquilo./ Es que tu piel huracanada/ le ha puesto espuelas de plata a mi deseo./ Y todo es vértigo encendido,/ lava, piedra madre y torbellino./ Todos los vientos/ y además el viento./ Estoy desnuda, hambrienta/, tengo mucha sed./ Me acabo de dar cuenta que estoy viva.

 

P. VAS. ¿Estás escribiendo?

M. W. Ahora estoy trabajando en un libro que voy a titular Paredón y Después , trato de plasmar mi experiencia al salir del manicomio. Porque es como que se sale con la palabra “manicomio” pintada en la frente. La gente le tiene tanto miedo a la locura...

P. VAS. ¿Qué fue lo que más te sorprendió al salir?

M. W. Estar encerrada es como estar en un freezer, sin contactos con el mundo, detenida en otro tiempo. Cuando salí del Montes de Oca, lo primero que me llamó la atención es ver que todo el mundo hablaba solo por la calle. Parecía un brote psicótico. ¡Pero claro!, era la telefonía celular. Lo que más me sorprendió, a los pocos días de estar “afuera” fue que en menos de catorce cuadras, por Rivadavia, llegué a contar 40 personas en situación de calle. Familias enteras, ancianos, niños, torrentes de personas viviendo en la calle. Y me dije: este es el manicomio del otro lado.

P. VAS. ¿Antes no era igual?

M. W. Antes había más gente con la situación resuelta. Por lo menos, lograba sostener su familia, su trabajo, su casa… después vino todo este deterioro del desempleo. Cuando todas esas estructuras sociales se van a la mierda, las personas quedan individualmente aisladas. El problema de todos comienza a ser el problema de cada uno. Y arreglate como puedas.

“Eche veinte centavos en la ranura…”/ y pase./ -voy a mostrarle un mundo-/ un contrauniverso, acaso./ Un pedazo de realidad, que casi seguro,/ usted teme y desconoce,/ y porque desconoce, teme./ De salvoconducto,/ le vamos a pedir -es cierto-/un cigarrillo,/ una moneda, para comprar yerba y azúcar./ Pero, vaya sabiendo…/ a veces, pedir es una excusa./ Queremos ser mirados/ oídos/ saludados/ Pero si el susto no lo paraliza, todavía,/ digo… por verse tan rodeado,/ dé otro paso…/ le falta lo mejor, le aseguramos./ ¡Ah!/ Si por esas cosas de la vida,/ le anda haciendo falta/ un poco de ternura…/ (que es escasa afuera, lo sabemos)/ “Eche veinte centavos en la ranura…”

 
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CINE Y CONTEXTO

EL LECTOR

Desde el Holocausto a la Franja de Gaza

por Laura Molina
 

 

Dirección: Stephen Daldry.

Guión: David Hare.

Libro:Bernhard Schlink.

Reparto: Kate Winslet (Hanna), Ralph Fiennes (Michael adulto), David Kross (Michael joven), Bruno Ganz, Lena Olin.

Origen: Estados Unidos - Alemania.

 

 

 

Lo primero para decir es que se trata de un filme admirable y de excelente factura. La película ofrece una historia muy bien contada: tiene seis bloques temporales que van alternándose o sucediéndose formando una trama sin fisuras, asombrosa y a la vez verosímil, donde la tensión crece sin romperse. Además, las actuaciones son impecables y conmovedoras. Kate Winslet acaba de ganar, entre otros premios, el Oscar 2009 a la mejor actriz por su interpretación de Hanna. Todo parece perfecto. Pero al promediar el filme, el protagonista -que es precisamente el lector aludido en el título- empieza a contar la historia (recién conocida por el espectador) a su hija. Entonces el espectador tiene la sensación de que el protagonista necesita contar para salir del infierno, para poder discernir entre sus creencias, sus valores y sus sentimientos opuestos: entre lo maligno y lo bueno, el amor y el odio, el perdón y la condena, la culpa y la inocencia, lo vital y lo letal. El protagonista necesita contar para poder integrar y dar sentido a su existencia. Y el espectador es inducido a creer que esa historia es imprescindible, un legado para la hija del protagonista que se extiende hasta el propio espectador. Me pregunto si será cierto. ¿Hay en la historia de El Lector resonancias universales “benéficas” para el espectador?, por decirlo de algún modo.   La historia empieza aparentemente cuando Hanna y Michael se conocen. Es un día de lluvia en Berlín, otoño de 1958. Él tiene un ataque de hepatitis en la calle, ella lo asiste y lo acompaña hasta la casa. Se enamoran en primavera. Ella tiene 35 y él 15. Hanna inicia a Michael en el sexo y Michael inicia a Hanna en la literatura. Él es un lindo muchacho que lee con entusiasmo a Homero, a Goethe, a Tolstoi, a Chejov... Y ella se desnuda, espléndida y tierna, proponiendo distintas posiciones eróticas. Este amor de sexo y palabras, de pieles y páginas, de caricias y encantos, dura todo el verano. Comparado con otros amores cinéfilos e iniciáticos, resulta más intenso que el de aquella película llamada Verano del 42; pero termina igual. Una tarde imprevista Michael encuentra un departamento vacío. Hanna se ha marchado sin dejar señas ni escribir adioses. El espectador puede interpretar esto como una manera de impedir lo ineluctable: conservar intactos en la memoria la belleza y el encanto antes de que el tiempo y la sociedad desgasten o destruyan ese amor prohibido, tan terso y doblemente iniciático. Sin embargo, lo que sucede es de otra índole. Hanna tiene un secreto. Los personajes vuelven a encontrarse ocho años después por casualidad. Michael estudia derecho y asiste como observador al juicio de cinco guardianas del campo de Auschwitz. Hanna aparece entre las acusadas. El estupor del personaje refleja y acentúa el asombro del propio espectador. Se desbaratan las expectativas. Ya no se trata de una historia de amor iniciático y poético, sino de otra historia del Holocausto. Y esto supone cambiar el código de recepción. Después de Auschwitz la poesía no es posible, dijo Theodor Adorno. Tal vez la frase pueda ser rebatida, pero se ajusta bien en este caso. La especulación romántica y el goce erótico son reemplazados por los temas propios del cine del Holocausto: la ética, el horror, la compasión, el odio, la condena, el perdón, la culpa, la cuestión judía... No obstante el giro de la historia, hay un núcleo temático -un puente entre el romance y el horror- que el autor del libro y el director del filme quieren destacar. Se trata del secreto profundo de Hanna. Que no es su participación en el Holocausto. Pero que da cuenta, entre otras cosas, de su participación. Solamente Michael descubre el gran secreto. Hanna no sabe leer. Y a tal punto llega su celo por ocultar el analfabetismo, que en una instancia del juicio prefiere confesar la autoría de un informe terrible antes que someterse a una prueba caligráfica. La consecuencia es una condena a prisión perpetua. Michael hubiera podido salvarla exponiendo ante el tribunal. Tiene el deber de decir lo que sabe, pero no lo hace. Duda. ¿Protege su propia intimidad? ¿Respeta el secreto de Hanna? ¿La traiciona? ¿Cambia la vivencia de su romance por el horror de Auschwitz? Y sigue preguntándose junto al espectador. ¿La mujer de todos sus sueños, era en realidad una perversa? ¿Había abusado de él como antes había abusado de los judíos? ¿Se trataba de una perversión particular o de la perversión de un sistema? ¿Podía Michael condenar a Hanna cuando él mismo la había escogido?   Ocho años después, en 1974, Michael se ha recibido de abogado, se ha casado, divorciado, y convertido en un taciturno. Lee y graba los libros de aquel verano del 58 y envía a Hanna los casetes. Ella consigue los libros, escucha la voz e intenta seguirla en el texto, identifica frases, palabras, detiene el reproductor, marca en las páginas las palabras que reconoce, memoriza significados, continúa, detiene el reproductor... Y así, en solitario, con mucho esfuerzo, aprende a leer y escribir en prisión. Michael recibe la primera carta de Hanna en 1978. Mira orgulloso la pequeña letra rígida y ordenada como la de los libros. Pero no contesta las cartas, sigue enviando casetes con obras diversas (incluso propias) durante seis años más. Hasta que llega el indulto de Hanna. A veinte años de la condena, Michael recibe una llamada desde la prisión: Hanna saldrá en libertad y él es la única relación que ella tiene con el mundo exterior, sin su apoyo no podrá soportar el cambio. Meses después, Michael decide visitarla al penal. Hace veintiocho años que no se hablan. Ella tiene tibias esperanzas y él frialdades disfrazadas. Resuelven que él vendrá a buscarla en una semana para hacer efectivo el indulto. Pero el espectador avispado percibe que Michael no la ha perdonado. La noche anterior a la libertad Hanna se suicida.   El libro no termina igual que la película, con el protagonista contándole la historia a su hija como un legado. Pero en el libro el protagonista es también narrador, de modo que la diferencia del mensaje final es mínima: “La historia debe ser contada y difundida porque es valiosa y provocará beneficios para todos”. No me queda claro cuáles son esos beneficios, tampoco quiénes son los beneficiados. Aunque estoy segura de que no somos todos. En principio, taquilla, TV y DVD mediante, los beneficios son millones de dólares para Hollywood y asociados. El Holocausto ya es un rubro más, como el cine de horror, de aventura, de crimen, guerra, comedia, etc. La consigna social que justificaba negociar con el genocidio era mostrar el Holocausto para que no volviera a ocurrir nunca más. Esto sí hubiera sido de gran beneficio para todos. Sin embargo, tras centenares y centenares de películas de difusión masiva y global repetidas hasta el cansancio durante 60 años, el Holocausto sigue vigente y hasta se multiplica en el mundo con otros nombres. La Franja de Gaza es uno de esos nombres, un enorme campo de exterminio a la vista de todos creado por Israel (¡tremendo contrasentido!, ¿no?). Irak y Afganistán son otros campos de la muerte. Los países de África, Asia y América Latina con crisis económicas inducidas, nichos de pobreza, hambre, desempleo, muertes por enfermedades evitables, guerras inducidas, y fronteras rigurosamente vigiladas por el Primer Mundo, también son campos de exterminio.   ¿Qué ha sucedido entonces? ¿Por qué a pesar de tantísimas producciones millonarias harto difundidas por todo el mundo durante décadas, Hollywood no nos ha salvado del Holocausto? Tal vez no pueda, piensa una. Es posible que no pueda. Pero lo que resulta tristemente demoledor es que tampoco ha querido. ¡Y esto sorprende, porque Hollywood es un conjunto de corporaciones dirigidas por judíos! El cine masivo demonizó a los nazis, idiotizó a los alemanes, hizo “justicia reparadora” al estilo John Wayne de la mano de Simón Wiesenthal y el Mossad, generó odio, condena, sionismo. Propició la vuelta de los mitos del pueblo elegido y la tierra prometida, generó compasión y culpa (en la opinión pública mundial), propició que Estados Unidos fuera el sostén económico y político del Estado de Israel, y, consecuentemente, contribuyó a crear la impunidad de Israel para invadir Palestina a sangre y fuego, y a mantener una guerra permanente en la región, asolando y excluyendo al árabe de la misma forma que fuera asolado y excluido el judío en Alemania. Conclusión. Hollywood no intentó desarmar la ideología nazi y el racismo sino que impulsó un cambio de roles. La víctima se convierte en victimario. Y el victimario en víctima. Esto ocurre en la película El Lector. Hanna, la bella y sensual guardiana de Auschwitz se convierte en una víctima, purga una pena de veinte años, es indultada, y gana, por la seducción del libro y la película, la compasión y el perdón de los espectadores. Hanna encarna la expiación del pueblo alemán pero también puede encarnar a los victimarios actuales. Su secreto pretende explicar el horror: fue brutal por ignorancia, por no saber “leer” en la realidad que le tocó vivir. ¿Podrá decirse lo mismo de la soldado Lynndie England que torturó en Abu Ghraib, de los soldados israelitas que torturaron en la Franja de Gaza, de los marines que invaden y masacran en Irak y Afganistán, de los gobernantes que ordenan las guerras, de los ejecutivos de las corporaciones que hacen negocios con las guerras y que invaden, contaminan y despojan el Tercer Mundo. ¿Serán todos ignorantes, buenas personas, que no saben leer la realidad?
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EL OFICIO DE LUTHIER
 

La palabra francesa luthérie , hace referencia al arte de construir instrumentos de cuerda. El nombre luthier proviene de la palabra francesa luth , que procede del árabe 'laúd'. Genéricamente Al'ud significa "la madera". En el mundo hispano se traduce el término como «laudero» o «lutero» y su significado se amplía a quien construye y repara cualquier tipo de instrumento de cuerda. En Argentina, el término se usa a veces, por extensión, a todo constructor de instrumentos musicales (idiófonos, membranófonos, cordófonos o aerófonos).

La técnica de fabricación artesanal permite la creación de instrumentos únicos, no solo por la estética celosamente cuidada y los toques personales que solicita cada cliente, también por el sonido que se obtiene al trabajar la madera parte por parte. Trabajando con las manos, el Luthier, puede precisar la flexibilidad o la rigidez necesaria para cada sección. Por ejemplo, escuchar, la nota que da la tapa de una guitarra con sólo un golpecito de los nudillos mientras se sostiene colgada con la otra mano. A partir del la percepción del sonido nítido a determinada altura, el Luthier advierte qué ajustes son necesarios para lograr volumen y claridad antes de finalizar el armado del instrumento. El tiempo que dedica a cada instrumento hace conozca al milímetro cada parte y pueda realizar los ajustes necesarios para lograr una pieza finamente acabada.

Diego Eduardo Mena es discípulo desde hace más de tres años del maestro luthier Wayra Muyöj, fundador y director de la escuela de Jatun Maki ( manos generosas ) que funciona en La Manzana de las Luces. Además de luthier, Diego, es Ingeniero de Grabación, de manera que logra combinar la técnica artesanal en la fabricación y reparación de instrumentos de cuerdas con el conocimiento del sonido, el entrenamiento auditivo y la acústica adecuada.

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AGENDA CULTURAL
 
 
SUSANA VARSI la pintora del asombroso y epilogal óleo Érase un Pueblo (foto), participa de una muestra colectiva que puede verse hasta el 27 de mayo de 2009 en el Wilton Palace Hotel. Callao 1162. Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
 
JAZZ TRADICIONAL CON LA DELTA JAZZ BAND. Viernes 8 de mayo 20,15 hs. Reconquista 439 -Asociación Cristiana de Jóvenes-. Entrada gratuita. Reservas: 4311 4785.
 
CINE CLUB YMCA. Miércoles 13 de mayo 19,30 hs. Film “Los Chantas” de Martínez Suárez. Ciclo coordinado por Emiliano Penelas. Reconquista 439 - 2º piso -Asociación Cristiana de Jóvenes-. Entrada libre y gratuita.
 
TANGO YMCA SIGLO XXI. Martes 26 de mayo 19 hs. Auditorio Reconquista 439 -Asociación Cristiana de Jóvenes-. Entrada gratuita.
CAFÉ PSICOLÓGICO. Encuentros de debate sobre temas de la vida cotidiana. Martes 18 hs./Jueves 19 hs. Informes: 4863-8523/4372-0347 - e.mail: cafepsi@cafepsicologico.com
 
TALLER DE REFLEXIÓN: "LA LITERATURA EN EL DIVÁN". Una invitación a pensar algunos conceptos teóricos del psicoanálisis a partir de la lectura de autores contemporáneos que también proveen un rico material para reflexionar sobre los vínculos afectivos. Ciclo 2009: "La Literatura del Yo". Miércoles, cada quince días, 19:30 hs. Informes: 4863-8523/4372-0347.
 
TALLER DE LITERATURA Y CINE. Debates sobre films que están en cartelera y cuentos de la literatura universal que abordan temáticas subjetivas. Jueves, 16 hs. Informes: 4863-8523 / 4372-0347.
 
CINE DEBATE. Proyección y posterior debate de un film al que se toma como texto para indagar sobre diferentes cuestiones que atañen a la relación con los otros. Sábados, cada quince días, 21 hs. Informes: 4863-8523/4372-0347. Programación en www.cafepsicologico.com.
 
CINE DE CLÁSICOS. Proyección y posterior debate de films realizados por los grandes maestros del cine. Último martes de cada mes, 18 hs. Informes: 4863-8523/4372-0347.
 
RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES. Institución formada por psicólogos, psiquiatras, acompañantes terapéuticos, coordinadores de talleres, docentes universitarios, sociólogos y abogados, que cuenta con una guardia de Orientación Psicológica Telefónica. Lunes a viernes de 12 a 21 horas. Tel.: 4382 2280. www.redba.com.ar

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