Relatos Indómitos
Una muñeca de nieve en Botafogo por Marta García Madalena era esporádicamente feliz con las cosas que nosotras desechábamos. Las cortezas del pan de miga, la parte final de los fiambres, el arroz pegado en el fondo de la cacerola. Posiblemente, un resabio de su época laboral en una fábrica de galletitas en la que, al final de la jornada, el dueño repartía entre las operarias las galletas explotadas en el horno. Igual que ellas. O quizás por efecto colateral de aquella madre que, al no poder amarlas a ella (Leer más…)
Relatos Indómitos
La fábrica que nos parió por Marta García Nadie quiere recordar cómo empezó todo. Pero todo el mundo nos pregunta cómo terminamos así: con una fábrica partida en dos, nuestro sistema fragmentado y la resolución de un juicio que no nos permite reiniciarnos. “La llamada ‘Fábrica de los Sueños’ queda adjudicada a la parte demandante”. Una instalación colosal, que al principio era parte de la que llamábamos “La Fábrica”. Allí los habitantes obteníamos las ilusiones que nos permitían dormir, soñar, amar, vivir y despertarnos a las cinco de la mañana (Leer más…)
Relatos Indómitos
Diminuta por Marta García En nuestro enorme pueblo sin fantasía vive una diminuta niña con imaginación. Ella no camina. Se desplaza, etérea, a bordo del filamento de un plumerillo. Al verla volar, nuestros borcegos caen muertos de amor y de envidia contra calles polvorientas sin municipio. Como se pierde con facilidad en espacios grandes, busca siempre los pequeños. Ya nos acostumbramos a encontrarla dentro del cajón de botones de la mercería, pegadita al borde de la lata del dulce de batata del almacén o meciéndose dentro de media cáscara de (Leer más…)
Relatos Indómitos
Al otro día por Marta García Habían adquirido la costumbre de hablarnos los domingos como si se fueran a morir el lunes. Al principio les creímos y nos despertábamos ansiosas los lunes con la idea de que los habíamos perdido para siempre. Sin embargo, seguían aquí, bailando en el living de su casa, más vivos que nunca. Desengañadas, dejamos de despertarnos los lunes impacientes por encontrarlos. Como les gustaba que los buscáramos, comenzaron a hablar los lunes como hablan los domingos los que se van a morir en veinticuatro horas. (Leer más…)
