Semblanza de Hugo

por el Equipo VAS

Conocimos a Hugo Finkel en una plaza de la Ciudad de Buenos Aires, concretamente en la plaza Rodríguez Peña, y no fue por casualidad. Había surgido la revuelta del 19 y 20 de diciembre de 2001 contra el neoliberalismo y el gobierno de De la Rúa; había caído ese gobierno y los vecinos nos reuníamos en las plazas para formar asambleas. Hugo destacaba por ser idealista; era alto, flaco, de mirada buena, la barba en punta, las convicciones firmes, solidario, austero; y tenía un hijo gordo y glotón llamado Pancho, más bajo que él, de unos treinta años, que lo acompañaba a las reuniones, más interesado por la comida que se compartía que por coyuntura política. El dúo destacaba por el contraste y por su universalidad literaria; Hugo nos parecía un Quijote y su hijo, un Sancho.
De esa Asamblea en la plaza Rodríguez Peña surgió el Periódico VAS para tender lazos, socializar entre vecinos y enterarnos de lo que nos importa y no aparece en la prensa neoliberal. Hugo y Pancho formaron parte de este Periódico.

Hugo Finkel ya era entonces un arquitecto de prestigio; había sido docente en la Facultad, había ganado varios premios por sus obras —de un geriátrico, un colegio de abogados, un instituto forestal— y había sido directivo de la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) durante muchos años. Era un referente de honestidad profesional y un impulsor de una arquitectura más justa y distributiva.
Hugo buscaba contribuir desde donde estuviera a la construcción de una sociedad más justa y distributiva. Y fue lo que hizo desde su profesión, desde la SCA, desde la Asamblea de la Plaza Rodríguez Peña, y desde el Periódico VAS.

Hugo Finkel trabajó 18 años en el VAS; sus notas abarcan la arquitectura, la historia, la emoción por la Ciudad, la denuncia, la reflexión, el humor y el ansia por la construcción de una sociedad mejor. Hay una breve historia del Obelisco, que surge en mayo de 1936 y tiene la misma edad que Hugo. Una historia del Hospital de Clínicas y varias notas sobre el abandono y la necesaria recuperación de ese hospital. Notas sobre poesía y urbanismo. Historias de parques y edificios de la Ciudad…
¿Cómo escribía? Una nota de Hugo titulada “Acerca de caños, cables y paquetes” empezaba así: “Si usted, vecino de esta Ciudad y particularmente del Centro, se asomara en este momento a su ventana o balcón, no hará falta ser David Copperfield o Houdini para decirle lo que verá: se topará al menos con una maraña de cables. Tendidos entre azoteas, balcones, postes, árboles, antenas… La ciudad parece un paquete a medio atar —con usted adentro, claro—. Otra nota de humor crítico y urbanismo es “La plaza Libertad entre Rejas”; él vivía enfrente y contaba cómo la enrejaron pese al nombre y además la socavaron para construir un estacionamiento subterráneo, transformándola de plaza en macetero.
Hugo, que era un gran caminante de la Ciudad, enfermó de artritis y se internó en un geriátrico. No podía moverse. Íbamos a verlo para llevarle el Periódico y hablar del mundo. Y festejábamos los cumpleaños con sidras, tortas y sándwiches, cantando a coro “La Internacional”. “Agrupémonos todos en la lucha final…”. Hugo murió el domingo 3 de mayo de 2026, poco después del “Día del Trabajador”, a los 89 años, en una habitación tranquila, cómoda y soleada con vista al río, ubicada en el piso décimo del Hospital de Clínicas que tanto había ponderado y defendido en sus notas.

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