Sin intenciones de gestar

Un plan para seguir el debate sobre aborto en las escuelas

por Mariela Acevedo*

Antes de iniciar esta columna, quiero hacer un paréntesis importante. Generalmente escribo sobre educación y género, en líneas generales sobre políticas públicas de sectores que son solidarios entre sí: educación, salud, derechos humanos. La columna de este mes trata sobre la Educación Sexual Integral (ESI) y distintas aproximaciones al embarazo en las adolescencias, su vinculación con el contexto del debate por la legalización del aborto y el incremento de la organización antiderechos para impedir la implementación efectiva de la ESI en las escuelas. Pero antes de todo eso, hay que decir algo de lo que está pasando: escribo esto en el medio de un paro y movilización docente de 48 horas que además del reclamo salarial exige condiciones de enseñanza y aprendizaje seguras. Parece que la docencia se ha convertido en una profesión de riesgo: no sólo por la pobre infraestructura edilicia, sino también por la mafiosa actuación contra quienes estamos organizadas/os. El día jueves 12 de septiembre nos enteramos (y no salimos aun del asombro) del secuestro y tortura a Corina de Bonis: ‘Si siguen jodiendo con la olla, son boleta’, le habían hecho llegar de forma anónima a ella y a sus compañeras del Centro Educativo Complementario 801 del partido de Moreno. El día después del Día de las Maestras y Maestros, a las cinco de la tarde, a Corina la secuestraron, le pusieron una bolsa en la cabeza y le escribieron con un punzón en la panza: “Ollas No”. El terror se diseminó. Somos docentes. Elegimos estar ahí para las pibas y pibes que se asoman a pedir, preguntar, disentir, expresar. ¿No les duele el alma?

Decidir: cuerpos con capacidad de gestar y las opciones desde la ESI
Si algo dejaron claro todas las voces, incluyendo aquéllas que negaban la posibilidad de legalizar el aborto en el marco de una política sanitaria, fue el valor de la educación sexual integral. Incluso pudimos escuchar a Mirtha Legrand proclamarse celeste y a favor de que se refuerce la ESI (en rigor la llamó ‘educación sexual’ a secas). Sin embargo, pareciera que no hablamos de lo mismo. Cuando pensamos la ESI, la I de integral es diferencial de propuestas reduccionistas, que apuntan a una instrucción sobre procesos biológicos desde una autorizada voz biomédica. La ESI se aleja de una propuesta conservadora que juzga desde la moral la iniciación sexual temprana o condena las prácticas sexuales disidentes de la heteronorma. Por el contrario, la ESI que militamos fervientemente pretende que afloren discursos sobre cuerpos, géneros, deseos… sobre afectos e identidades, sobre autoestima y cuidado de sí y de otres…

En este contexto, una puede intuir las duras negociaciones en la mesa de las políticas públicas de donde emergió el Plan ENIA. Efectivamente, la sigla refiere a un plan para prevenir el embarazo no intencional en la adolescencia (ENIA). Lo primero que llama la atención es la forma de mencionar el embarazo que se desplaza de la idea de ‘lo no deseado’ o ‘planificado’ hacia el concepto de ‘lo intencional’. A pesar de esta conceptualización que apunta a quitar de la ecuación expresiones afectivas y las sustituye por acciones razonadas, el ENIA se enmarca en el Programa Nacional de ESI que habilita a pensar la propuesta desde un marco de derechos, con perspectiva de género, diversidad sexual, valoración de la afectividad y cuidado de la salud. El material destinado a docentes del nivel secundario trabaja desde la difusión de métodos anticonceptivos y la orientación o puente hacia el centro de salud “amigable”, al asesoramiento del marco legal que incluye el acceso a la ILE (interrupción legal del embarazo). La intersectorialidad reúne como actores a los Ministerios de Educación, Desarrollo Social y Salud (ahora devenido en Secretaría, se hace presente con el Programa Nacional de Salud Sexual y Procreación Responsable- PNSSyPR y con El Programa Nacional de Salud Integral en la Adolescencia-PNSIA.

No se trata de una política universal
A diferencia de las capacitaciones masivas que el Programa Nacional de ESI llevó adelante en todo el país entre 2008 y 2015, el Plan ENIA es un proyecto focalizado que, al momento, suma unas doce provincias (NEA, NOA y pcia. de Bs. As.) en las cuales se eligieron sólo algunas jurisdicciones. Su alcance temporal está acotado a 2017-2019 y su financiamiento ex externo. Proviene del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo) con la asistencia técnica de Unicef y UNFPA, actores que vienen desarrollando estrategias en la región para reducir las tasas de embarazo en la adolescencia. Está destinado a la formación de docentes en ejercicio que se encuentran al frente del primer ciclo de la escuela media (primer a tercer año). La primaria sigue siendo terreno asexuado en esta mirada, que pone en marcha una política pública interesante que suele llegar tarde. En los propios datos que el Plan ENIA maneja se percibe esta contradicción: en su fundamentación reconoce, por ejemplo, que siete de cada diez adolescentes embarazadas de entre 10 y 19 años tuvieron un embarazo no intencional en 2015. Cuanto más joven mayor es el riesgo para la salud y mayor la probabilidad de que se trate de situaciones de abuso/vulnerabilidad. Sólo con estos datos, es más que certero afirmar que el segmento que recorta el Plan en términos etarios, geográficos y temporales, suena a poco.
La Ciudad de Buenos Aires no integra el Plan ENIA. Los datos oficiales señalan que la tasa de embarazo adolescente está por debajo de la media y muy alejada de los registros de Chaco, Formosa y Misiones, que registran niveles que superan tres o cuatro veces la media del país. Aunque la tasa es baja en la Ciudad, hay que señalar que viene en aumento y registra un incremento significativo de madres adolescentes en el período 2001-2011. Lo cual es preocupante si una entiende que la Ciudad ha hecho camino en el acompañamiento escolar de las madres y padres adolescentes (incluso antes de la implementación de la ESI). Se trata del “Programa de Retención Escolar de Alumnas/os madres/padres y embarazadas en Escuelas Medias y Técnicas” que funciona desde 1999 y actualmente alcanza 148 colegios secundarios. La existencia del programa, sobrevive al desmantelamiento que sufren las áreas socioeducativas y que tiene sus resistencias también al interior de los colegios. A pesar de ciertas limitaciones (se acompaña a adolescentes que transitan un embarazo pero no se trabaja el tema con el estudiantado general, y se recorta sobre la escuela media lo que deja afuera a niñas/os de primaria y a jóvenes optan por terminar la escuela en CENS orientado a Adultos), el trabajo que realizan los referentes escolares apunta a garantizar la continuidad educativa. Se trata de docentes que se proponen orientar a pibas y pibes hacia centros de salud de la ciudad donde reciban atención y que a su vez se sientan acompañadas/os para transitar un embarazo sin dejar la escuela. La deserción por causa de embarazo precoz es uno de los motivos que se atienden y se intenta revertir desde el programa. En ese contexto ENIA hubiese representado un refuerzo técnico y presupuestario para garantizar el derecho a la educación y al acceso a la salud de quienes están en situación más vulnerable en la Ciudad. Pero ya dijimos, no se trata de una política universal como suele pensarse cuando se diseñan políticas de acceso a derechos.

Celestes por el retorno del medioevo
El debate no sólo nos dejó organizadas a nosotras, también nucleó a militantes antiderechos que identificaron conquistas como el Programa de Salud Sexual y Procreación Responsable (2002) que se encarga de proveer anticoncepción gratuita y delineó una batalla contra la ley de ESI (2006) que lleva como grito de guerra “Con mis hijos no te metas”. La fanpage de Con Mis Hijos No…tiene más de 33 mil seguidores y entrada propia en Wikipedia que señala que el origen de la movida argentina nace en el Perú fujimorista. Desde allí advierten sobre el peligro de lo que imaginan es el adoctrinamiento de lo que consideran su propiedad: sus hijos -así, en masculino- a quienes hay que salvaguardar de la diversidad sexual y la ideología de género. Y aquí podemos conectar con el amedrentamiento a docentes “que hacen política” con el que iniciamos la columna. Se horrorizan frente a la posibilidad de que se implemente efectivamente la ESI, de que además de anticoncepción hablemos de deseos, mandatos, formas de ser hombre y mujer, de desobedecer esos moldes, de vincularnos de otra manera.

Toda educación es sexual, también la que no quiere nombrar, ni saber, esa que reclama ‘ciencia’ frente a una ideología de género que alucina perversa. Frente a los recortes, las reasignaciones presupuestarias que afectan a Educación y Desarrollo Social, en detrimento de Seguridad, frente a los aprietes mafiosos, la ausencia de paritaria, el retroceso en término de derechos, quienes ejercemos la docencia apostamos todos los días por una educación que nombre en voz alta, que ponga palabras a los silencios y que escuche a pibas y pibes. Porque la educación, la salud y los derechos no se venden, se defienden.

————————————————–

*Mariela Acevedo es comunicadora feminista y docente. Editora de Revista Clítoris e investigadora en el campo de la comunicación, los géneros y las sexualidades.

Comentarios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.