Darse cuenta y qué hacer

por Rafael Gómez Lo primero es “darse cuenta”. Abrir los ojos y ver claramente lo que tenemos enfrente. Despejar la confusión. Casi nunca la situación es clara, pero a veces ocurre algo extraordinario que no podemos dejar de mirar. Entonces detenemos los algoritmos que nos entretienen y mantenemos los ojos abiertos, porque intuimos que estamos ante una revelación. Algo que nos concierne a todos y es capaz de afectar nuestra vida para siempre. Algo muy fuerte que puede pasarnos o que ya está pasándonos, nos alerta el instinto de supervivencia. (Leer más…)

Corrientes respira, despierta y se despliega

Hay noches en las que Buenos Aires parece recordar quién es. No necesita decirlo: le basta con encender sus luces, dejar que el aire tibio de febrero se deslice entre los edificios y permitir que la avenida Corrientes —esa columna vertebral de neón y memoria— vuelva a latir con una intensidad antigua. Así nace otra edición de Corrientes 24 HS, no como un evento, sino como un gesto: la Ciudad abriendo los ojos cuando el resto del mundo empieza a cerrarlos. Entre Callao y el Obelisco, la avenida se estira (Leer más…)

Relatos Indómitos

La mamá de Tita por Marta García Al principio no hacía cosas que hace una órbita, pero fue aprendiendo. Su nombre tampoco era el de una órbita: Tita. Cuando cumplió quince años en aquel mundo con comportamiento de barrio pendenciero, nosotras éramos demasiado chiquitas como para entenderlo. Los meteoritos del barrio se unieron en esquinas patoteras y aprendieron a ser insoportables, sobre todo con ella. Pero Tita tenía una mamá tan luminosa como Alfa Centauro y los encandilaba. Armada con una bomba neutrónica con melena de escoba, los corría sin (Leer más…)

Maleducados: la crueldad con diploma

Renata Salecl le pone teoría a lo que ya sentimos en la piel: en la era del “ganador se lleva todo”, la grosería cotiza, el éxito se actúa y la empatía queda como un lujo para gente que todavía no aprendió a “venderse”. por Melina Schweizer Hay épocas que no se explican: se padecen. Y se padecen, sobre todo, en el lenguaje. En esa frontera donde la política deja de argumentar y empieza a escupir; donde el trabajo deja de organizarse y empieza a humillar; donde la escuela deja de (Leer más…)