El nombre de la Bestia

por Mariane Pécora

«Expulsión de campesinos y pueblos originarios de sus tierras. Deforestación. Destrucción del suelo y bosques nativos. Contaminación con agrotóxicos. Avasallamiento de la soberanía alimentaria de cada país». Estas son algunas de las consecuencias de la colonización alimentaria que vive Latinoamérica.
Sucesora de una de las más conocidas empresas transnacionales que han operado en América Latina y el Caribe, la United Fruit Company, Monsanto intenta transformar nuestro continente en un gran experimento genético, dependiente de sus semillas transgénicas patentadas. Para lograrlo, arrasa con los modelos agrarios basados en el libre intercambio de semillas y saberes campesinos, esquilmando cualquier forma autogestiva de producción de granos.

Paradojas

El primer monumento ecuestre inaugurado en nuestro país en 1862, es el conjunto formado por el General San Martín sobre el caballo, que se emplaza en la plaza que lleva su nombre.  El escultor francés Louis Joseph Daumas, lo representó con un brazo levantado indicando el camino a sus soldados. Ciento cincuenta años después, el brazo del Libertador señala directamente al enemigo: las oficinas de la multinacional Monsanto, responsable de la colonización alimentaria en nuestro continente.

 2D.

Domingo 2 de diciembre de 2012. Pasado el mediodía comenzó a poblarse la Plaza San Martín. Llegaba gente desde los cuatro puntos cardinales. Y se apostaba alrededor del monumento.  Cada uno trajo lo mejor de lo suyo. Algunos vinieron desde sus pequeñas huertas a vender sus verduras recién cosechadas, sus dulces, sus panes. Otros trajeron la música. Otros la danza, el arte, la palabra. La plaza se vistió de pancartas de repudio, de wiphalas, de wenufoyes, de colores…  Y así, el monumento a San Martín se convirtió en el escenario del primer Mega Evento contra Monsanto en nuestra Ciudad.


Pese a la nula difusión en los medios de comunicación masiva, alrededor de 10.000 personas participaron en esta jornada de repudio al accionar criminal por el uso de agrotóxicos y  de rechazo a la “Ley Monsanto”, que permitirá a esta corporación monopolizar la venta de semillas y cobrar regalías por su uso.

Unidos en la diversidad

La unidad dentro de la diversidad le dio un tinte especial al evento. Música celta, comparsas, bandas de rock, fusiones, sikuris,  batucadas  y hasta una orquesta de vientos,  animaron el encuentro. La Feria de artesanos, horticultores, comida vegana, productos con materiales reciclados, semillas, libros y películas sobre la temática, se desplegó bajo la añosa arboleda de la plaza y convocó a repensar hábitos de compra y generar conciencia sobre qué consumimos y para qué.


Las intervenciones artísticas fueron también espacios para la reflexión. Desde distintas miradas, cada una de ellas expresaba un mismo mensaje: el respeto por el medio ambiente, la diversidad, la vida y la naturaleza. También se desarrollaron charlas, talleres y reuniones informativas donde participaron representantes de las distintas asambleas ambientales de todo el país.  Cada una de estas experiencias se fue relacionando como parte de un todo, que evidenció la necesidad de unirse para generar conciencia y resistir.

Las Madres de Ituzaingó

Uno de los momentos más emotivos lo protagonizaron Sofía Gatica y María Godoy, representantes de las Madres del barrio Ituzaingó Anexo de la ciudad de Córdoba. Un símbolo de la lucha de los pueblos del interior afectados por el uso de plaguicidas. Ellas relataron los pormenores de una batalla que iniciaron, hace diez años, cuando comenzaron a detectar una importante cantidad de casos de cáncer en ese barrio de la capital cordobesa, lindante a una plantación de soja. El activismo de estas mujeres, la difusión sobre la problemática del uso de agroquímicos y las denuncias por la fumigación indiscriminada, lograron que, en el mes de agosto de este año,  la Justicia cordobesa condenara a un productor y a un aeroaplicador por contaminación dolosa.

Monsanto te mira

Entrada la tarde, todos y cada uno de los participantes, encabezaron junto a las Madres de Ituzaingó, una caravana que se acercó hasta  la puerta vallada y tapeada de la empresa, al grito de ¡Fuera Monsanto!  Un fuerte operativo policial custodiaba el edificio de Maipú 1210. Y, desde uno de balcones, un formal hombrecillo de corbata y camisa blanca, fotografiaba a los manifestantes ¿Monsanto estará -ahora- inventariando ‘terroristas’?


Al culminar el evento, los participantes improvisaron una Asamblea en el centro de la plaza. Decidieron continuar con las medidas de lucha y mantenerse en estado de alerta ante la posibilidad del tratamiento de la Ley que intenta privatizar las semillas.

La industria de la muerte

Estados Unidos 1901. John Francis Queeny, un químico veterano de la industria farmacéutica, funda una compañía, dedicada de la distribución de sacarina, y la denomina con el apellido de soltera de su esposa: Monsanto.
En poco tiempo Monsanto se convierte en unos principales proveedores de edulcorantes, abastece a la firma Coca-Cola. La sacarina fue catalogada en la década de los ’60 “sustancia cancerígena”. En 1977 estudios científicos ratificaron este concepto. Se prohibió su consumo en Canadá y se restringió en Estados Unidos. En 2001, Estados Unidos cambió su posición y la declaró apta para el consumo. No obstante, existen estudios que indican que la sacarina es potencialmente nociva  durante el embarazo: «Puede traspasar la placenta y afectar al feto, produciendo alteración muscular e irritabilidad en los niños». Tampoco se recomienda su ingesta durante la lactancia.
En la década de 1920, Monsanto expande sus negocios hacia la química industrial: fabrica ácido sulfúrico.


En 1935, inicia la comercialización policloruro de bifenilo (PCB). Años más tarde, se descubrió que éste es uno los doce contaminantes más nocivos fabricados por el hombre. Altamente persistente en el medio ambiente, el PCB se acumula en el agua y se almacena en el tejido graso de peces y/o animales destinados al consumo humano. El mayor problema aparece en fetos: «Afecta directamente el desarrollo del sistema nervioso y, como consecuencia, a la capacidad intelectual. Sobre todo a la memoria».
En la década del ‘60, el gobierno de Estados Unidos contrató a Monsanto para producir el herbicida llamado “agente naranja”, utilizado en la guerra de Vietnam con el fin de destruir la selva vietnamita y las cosechas. El objetivo era privar a los vietnamitas de alimento y de vegetación donde esconderse. El agente naranja fue un potente químico que causó entre la población vietnamita  400.000 muertos y 500.000 nacimientos de niños con malformaciones, además de numerosas  bajas en el propio ejército estadounidense.
En 1981, Monsanto se sumó a la carrera biotecnológica: produjo  la hormona sintética somatotropina bovina (o rGHB recombinante). Está comprobado científicamente que esta hormona provoca cambios significativos en la biología de las vacas: mastitis, esterilidad, y un aumento de la hormona del crecimiento y de otras hormonas en la leche,  perniciosas para el consumo humano.


En 1989, Monsanto realiza la primera prueba de campo con una semilla de soja cuyo código genético se había modificado agregándole la característica de poseer alta tolerancia a un herbicida específico: el glifosato, conocido comercialmente como Roundup. Las pruebas se realizaron en los Estados Unidos, en Puerto Rico,  Argentina, Costa Rica y la República Dominicana.  En 1992 consigue la aprobación para ingresar al mercado. En 1996, el gobierno argentino autoriza la comercialización masiva de semillas de soja transgénica.
Entre 2004 y 2005 se demostró que el compuesto activo del herbicida Roundup Ready (Glifosato) es cancerígeno. En el año 2007 Monsanto fue multado, en Francia y en Estados Unidos, por anunciar que Roundup Ready era biodegradable y no tóxico para  niños y animales domésticos. A raíz de esto, Monsanto retiró la palabra Biodegradable de su producto pero continúo comercializándolo. En nuestro país, las concentraciones usadas en campos de cultivo son entre 500 y 4000 veces más elevadas que la concentración mínima necesaria para causar alteraciones en el ciclo celular.

Botones de muestra

Monsanto es una de las corporaciones que más controversia genera a nivel mundial debido al peligro de sus productos sobre la salud humana, animales, plantas y el medio ambiente.
El cultivo de alimentos transgénicos es inexistente en el territorio de la Unión Europea, con la única excepción de España y Rumania.
La contaminación transgénica de un centro de origen y diversidad genética de un grano, determina el monopolio total del mismo. Ese es el objetivo de Monsanto en nuestro continente: Colombia cultiva maíz, rosas y claveles azules en base a transgénicos. Chile hace lo mismo con maíz, flores, hortalizas y canola. Bolivia tiene plantaciones de soja. Argentina de maíz y soja. México de algodón y maíz. En Uruguay se siembra maíz y se hacen ensayos de campo con la soja. Paraguay tiene licencias para  soja, maíz y algodón. El Salvador y Guatemala tienen sembradíos de maíz y Panamá empezará  a tenerlos a partir de 2013.


En México, Monsanto es la principal beneficiaria de los primeros permisos de siembra experimental de maíz transgénico. En nuestro país, el gobierno autorizó a Monsanto la construcción de dos plantas experimentales en la provincia de Córdoba, para producir un nuevo tipo de semilla transgénica RR2 Intacta (resistente a la sequía). En tanto, en el Congreso Nacional está en danza un proyecto de ley que permitirá a Monsanto patentar y cobrar regalías por el uso de sus semillas.

No fumiguen Buenos Aires…

Jueves 6 de diciembre. 9:00 horas. Puerto de Buenos Aires. Una densa columna de humo emana de uno de los contenedores apostados en la dársena 4. Se da la alarma. Policías y bomberos intentan aplacar, lo que consideran es un incendio, con agua. El humo se potencia y se transforma  en una nube espesa que cubre centro de la Ciudad. La atmósfera se torna asfixiante. Aire irrespirable. Zozobra, caos, gente descompuesta, evacuaciones rápidas, incertidumbre. El fuerte olor hace llorar los ojos, irrita gargantas, trae nauseas…


El contenedor averiado, proveniente de China y con destino a Paraguay, traía un cargamento mortal: Pesticida Tiodicarb. Un insecticida persistente y altamente tóxico, que se potencia con el agua. Su uso esta prohibido en la Unión Europea. Sin embargo, la empresa alemana Bayer es uno de los mayores productores mundiales de este veneno. En América Latina, las productoras de semillas lo usan masivamente para combatir al gusano de la tierra. La ingestión de semillas tratadas con Tiodicarb es mortal para animales y seres humanos. Monsanto podría utilizarlo para tratar los maíces venenosos en la planta que pretende instalar en Malvinas Argentinas,  provincia de Córdoba.


El 6D, será recordado como el día en que los porteños vivenciaron el calvario que padecen los pueblos del interior fumigados a diario con millones de litros de agrotóxicos. Pero ya nadie habla de eso.

Dixit

«Seamos libres que lo demás no importa nada», esta frase pertenece al general San Martín. La expresó durante el Congreso de Tucumán de 1816. Dos siglos después, esa sentencia sigue siendo revolucionaria como entonces. Terrorista, diría. Lo único que ha mutado es el colonizador.

Fotos: Millones conta Monsanto

 

 

3 comentarios en “El nombre de la Bestia”

  1. Para compartir permanentemente;antes de que terminen destruyendo la soberanía alimentaria de Latino América…

  2. Maravilloso artículo!!! desde hace algunas semanas estoy comprando en diferentes lugares semillas de soja para hacer en mi casa la germinación de los brotes de soja, esos que se usan para hacer ensalada, y hasta ahora no he podido conseguir semillas que germinen!!! se pudren en el almácigo pero NO germinan

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.