La Otra Historia de Buenos Aires

por Gabriel Luna

Segundo Libro: 1636 – 1735
PARTE VIII

Pobres y ricos. Años 1644 – 1645. La guerra con Portugal había aislado aún más a Buenos Ayres. Este puerto desolado y en el fin del mundo -que coincidía entonces con el límite del Imperio español- tenía graves dificultades. El comercio ultramarino se reducía. Había menos dinero en las calles, más necesidades, y sin embargo la población aumentaba. La guerra traía soldados y pertrechos para defender la remota aldea de Buenos Ayres: tropa montada santafesina, un regimiento de Chile, y hasta un regimiento tucumano. Nada de esto producía bienes tangibles. Y la Aldea de apenas 200 casas -la mayoría de adobe y en mal estado- tenía que alojar, alimentar y dar sueldo a 150 soldados.
¿Quién paga las guerras? Los vencidos. ¡Pero aquí no hay vencidos! Ni siquiera hay enemigos a la vista. Desde hace más de un año la tropa mal vestida y ociosa espera fantasmas, una invasión inexistente. Hay prácticas de tiro, patrullas, excursiones, guardias, ranchos… ¿Pero quién paga los gastos?
El gobernador Jerónimo Luis Cabrera y el Cabildo debían responder la pregunta. Debían conseguir los fondos, distribuir la carga en la población. ¿Pero cómo hacerlo? Había en la Aldea una profunda desigualdad social. Al menos el 90 % de la población era pobre -de fuerte contraste con los ricos-. Y este 90 % cargaba buena parte de los gastos. Los impuestos al consumo -como el I.V.A. actual- lo pagaban por igual pobres y ricos. Los gastos de guerra no deberían afrontarlos los pobres, pero gobernaban los ricos.
En enero de 1644, las autoridades del Cabildo eran: Francisco Velázquez Meléndez, que hizo fortuna con el contrabando durante el gobierno de Dávila, elegido alcalde; Pedro Gutiérrez, dueño de varias casas de morada, 6 estancias y más de 10000 cabezas de ganado, también elegido alcalde; Gaspar Gaete, rico contrabandista, nombrado procurador de la Ciudad; y otros personajes, ya mencionados en este libro y tan ricos como los anteriores, que no fueron elegidos porque ya habían comprado sus puestos a perpetuidad.1
La desigualdad no era sólo económica. También ocurrían las diferencias de rango entre vecino y poblador, entre criollo y español, entre militares y clérigos, mercaderes y campesinos, artesanos y tenderos, indígenas y esclavos.

¿Cómo era la composición social del Buenos Aires antiguo? ¿Cuál era la brecha entre ricos y pobres? En números redondos, la población total de habitantes llegaba a 4000 personas. La mitad, los esclavos e indígenas encomendados, eran fuerza de trabajo, la base de la pirámide social. Y la otra mitad se ordenaba, según nacionalidades y mezclas, en esta jerarquía: españoles, criollos, europeos varios, mestizos y mulatos. Pero había otras jerarquías. Estaban los caballeros y los hidalgos, y los que trabajaban con sus manos. No era lo mismo ser capitán que carpintero, escribano que campesino, alcalde que panadero. Los hombres libres que trabajaban con sus manos estaban apenas por encima de la base de la pirámide, cerca de los esclavos y los indios. Otra jerarquía se ordenaba según la proximidad del poder político: militares, clero, capitulares. Estaba además la jerarquía de la vecindad. No cualquiera era vecino, había que ser español o criollo, acreditar servicios a la Corona o permanencia virtuosa en la Aldea durante determinado tiempo, y, en el caso de ser extranjero, acreditar lazos de sangre con los vecinos más antiguos. ¿Ventajas de la vecindad? Los vecinos podían participar del gobierno y de la milicia, hacer vaquerías, y comprar propiedades inmuebles.2 Tener solar, local, casa de morada, chácara, tahona, puerto, estancia. La propiedad inmueble era inherente a la vecindad. No se podía ser propietario sin ser vecino, y viceversa. Los vecinos (que en concreto no eran más de 150) ocupaban la parte superior de la pirámide. Y la última jerarquía, pero no la menos importante, era la acumulación de capital, la riqueza, y seguía aproximadamente este orden: banqueros y gobernantes, mercaderes, estancieros, chacareros, y comerciantes de menudeo -pulperos y tenderos-. Los comerciantes estaban en la parte media de la pirámide, apenas por encima de los hombres libres que trabajaban con sus manos.
La riqueza, aunque se construía, aparentaba como una condición natural propia de los nobles y se exhibía. ¿Pero cómo era la brecha entre ricos y pobres, cómo se exhibía? La riqueza se notaba entre las casas bien plantadas, con cimientos, ladrillos, rejas y tejas, y los ranchos de adobe y caña, mal ventilados, con hormigueros derrumbando las paredes. Se veía en las calles de barro y charcos, caminadas por hombres emponchados y mujeres descalzas, cuando pasaba una silla de mano, de caja taraceada en nácar, cortinas de raso púrpura y varas de madera labrada, llevada por cuatro esclavos negros. Y se notaba aún más en la proximidad de las personas. Imaginemos esta silla púrpura llegando a la reunión del Cabildo un lunes por la mañana. Imaginemos que se abren las cortinas y baja el procurador Gaspar Gaete. Entra en la sala capitular vestido de damasco, y tiende la capa manchega y el sombrero de tres plumas al portero Pedro García. García viste áspero jubón cosido de sietes, calzas hasta la pierna, sandalias franciscanas. Tiene 53 años (en 1644) y vive en una pieza de las casas del Cabildo, cuando no se la usa de cárcel. Pedro García gana 30 pesos al año, no le alcanza para vestirse y está gestionando un aumento de 10 pesos a cambio de limpiar las calles. Gaspar Gaete, 62 años (en 1644), tiene varias casas de morada bien plantadas, estancias en Montegrande y en el pago de Magdalena con 6000 cabezas de ganado mayor, 1000 ovejas, y tiene 42 esclavos negros.3 Cada esclavo valía en el Río de la Plata (en 1644) un promedio de 300 pesos, equivalente a 10 años de trabajo del portero. La capa manchega que Pedro García tiende junto a un brasero de la sala capitular, vale más que un año de su trabajo. La comparación de caudales entre los personajes resulta abismal. Podrán interpretarse los recursos de García como una pobreza relativa. Pero siempre la pobreza es relativa.

¿Cuánto costaban las cosas en el Buenos Aires de 1644-1645? La carne era lo más económico. Un cuarto de vaca o novillo costaba 3 reales, equivalente a 0,375 pesos, que resulta a 0.019 pesos el kilo. Un pan de libra y media, 680 gramos, costaba 0,5 reales, equivalente a 0.0625 pesos. La arroba de vino costaba 12 pesos, equivalente a 0,63 pesos el litro. Estos valores fueron fijados por el Cabildo en función de la recaudación. 4 El precio del vino fue propuesto por el alcalde Velázquez Meléndez el 1º de febrero de 1644, y los precios del pan y la carne fueron fijados en los cabildos del 27 de enero y 4 de mayo de 1645, respectivamente.
De modo que aplicando estos valores a los ingresos del portero Pedro García (30 pesos al año; 2,5 pesos por mes), resulta la siguiente dieta: medio kilo de carne y un pan por día, y apenas medio litro de vino por mes. El total da exactamente 2,475 pesos por mes. García gana 2,5 pesos. Pedro García no puede vestirse (la ropa es más cara que el vino) ni mantener una familia. Vive como un preso, con la desventaja de que debe desocupar la celda cuando el Cabildo la precisa. Tiene una rara condena, para sobrevivir debe ser alcahuete.

¿Quién paga las guerras? El gobernador Cabrera sabe que con los esfuerzos fiscales del Cabildo no alcanza. Organiza una expedición contra los charrúas pero es derrotado. Entonces acude al fondo de los ricos, pide y hecha mano a un depósito de siete esclavos negros, dejado por Mendo de la Cueva a Tapia de Vargas a modo de fianza por el juicio de residencia. Cabrera paga y despacha a la tropa tucumana el 23 de abril de 1644, “porque ya no vendrá el enemigo y debe retirarse”, explica en una carta al virrey. Y Tapia de Vargas le inicia un pleito por “el embargo siniestro de los negros de De la Cueva, que valen 1861 pesos”.

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1.Se compraban en subasta pública en Lima -la capital del virreinato- los puestos de regidores, procuradores, alcaldes provinciales, escribanos, etc. Respecto a las elecciones para los puestos restantes, tampoco eran democráticas, no elegían los vecinos a las autoridades sino los miembros del Cabildo.
2.Vaquería: caza de ganado cimarrón.
3. Gaspar Gaete hizo fortuna, precisamente, contrabandeando esclavos junto a Juan Vergara y Tapia de Vargas en los tiempos del gobernador Góngora.
4.El peso español era una moneda de 25 a 27 gramos de plata y de circulación dominante, tal como el dólar actual, de hecho el primitivo dólar de plata fue inspirado en el peso español. Era similar a una onza de plata, con valor de cambio aproximado de 25 u$s en 2013.

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La Otra Historia de Buenos Aires. Libro II (1636 – 1737)

Parte I
Parte I (continuación)
Parte II
Parte II (continuación)
Parte III
Parte III (continuación)
Parte IV
Parte IV (continuación)
Parte V
Parte V (continuación)
Parte V (continuación)
Parte VI
Parte VI (continuación)
Parte VII
Parte VII (continuación)

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