Patrimonio en riesgo

En la última sesión de la Legislatura porteña, celebrada el 13 de julio pasado, se votó sobre tablas, sin paso previo por la Comisión correspondiente, el proyecto presentado por el legislador De Andreis (PRO), para la conformación de la  Comisión de Patrimonio Histórico Cultural (CPPHC) de la Ciudad de Buenos Aires. Esta medida contó con la anuencia del oficialismo porteño, de legisladores de Proyecto Sur,  de la Coalición Cívica y de Buenos Aires Para Todos. Con esa maniobra se removió a Mónica Capano, secretaria general de la Comisión para la Preservación del Patrimonio, que durante su gestión se involucró en todos y cada una de las luchas por la defensa del Patrimonio ciudadano, iniciadas por organizaciones sociales, culturales y ONGs. Fue impulsora de la recolección de firmas para preservar la confitería Richmond, prácticamente desmantelada y a punto de convertirse en una casa de venta de zapatillas deportivas, que desembocó en un Amparo a la Justicia. Apoyó a la comunidad Afro Misibamba y a la organización Basta de Demoler en defensa de la Casa Suiza. Elaboró una defensa impecable del cine Goumont, para que lograr que sea declarado Patrimonio Histórico de la Ciudad, por citar algunos ejemplos.

Atento a este acontecimiento,  hoy miércoles 25 de julio a las 18, en el Centro Cultural de la Cooperación Floreal Gorini de avenida Corrientes 1543, se llevará a cabo una reunión de la Red transversal de organizaciones por la preservación del Patrimonio y el Ambiente.  En dicho encuentro se presentará un organismo que propondrá el trabajo conjunto de todas las organizaciones barriales y asociaciones civiles que tienen por objetivo la defensa del patrimonio histórico cultural y el ambiente.

Motiva esta inicitiva, metodología mediante la cual se destituyó a la licenciada Mónica Capano y demás miembros de la Comisión de Patrimonio de la Ciudad. Ante lo cual, la pregunta ciudadana es ¿y ahora cuál es la institución que podrá defender el patrimonio porteño? Entendiendo el mismo como memoria, identidad, y calidad de vida de quienes vivimos en Buenos Aires, y también según las últimas declaraciones de la UNESCO, institución de la cual nuestro país es parte. El Patrimonio nunca es el objeto muerto o perteneciente a una elite cultural, el Patrimonio es una construcción colectiva y cotidiana que debe ser definida también colectivamente.

Entrevista a Mónica Capano

“La especulación inmobiliaria no solamente tiene como objetivo la idea de ganar dinero, sino algo mucho más serio, que es ideológico: borrar la memoria”, manifesta la licenciada Mónica Capano en una entrevista que le concedió al director del Periódico Desde Boedo, Mario Bellocchio*, que reproducimos a continuación.

Mario Bellocchio: Comencemos por informar de qué se ocupa la Comisión que usted presidía.

Mónica Capano: La CPPHC es un organismo que se crea por ordenanza allá por el año 1987, es decir que es anterior a la Constitución de la Ciudad. En relación con los tiempos que corren y las cosas que fueron sucediendo, su estatus en el día de hoy, como organismo descentralizado, es bastante diferente y digamos que definir donde está ubicada se torna un poco más complejo.
La Comisión tiene seis miembros que elige el poder ejecutivo y tres que designa la Legislatura. Para compensar este desequilibrio, la persona a cargo de la secretaría general, que preside la Comisión, es una de las votadas por la Legislatura. En mi caso, me votan en diciembre de 2009 para iniciar el mandato 2010/2011 –que se prorrogó hasta la fecha de hoy– por elección unánime. Es decir: hubo acuerdo de todos los representantes del pueblo de la Ciudad. Esto es importante porque al ser votada por los representantes hace que tenga legitimidad e incluso no se me pueda remover si no es por una falta grave y que tenga que hacerlo la propia Legislatura.
El hecho de que en mi gestión yo pensara en otro rol para la Comisión quizás hizo que fueran apareciendo trabas de parte del Ministerio de Cultura, que si bien no tiene injerencia sobre la Comisión, como la Comisión no tiene su propio cuerpo administrativo –que actualmente tienen los demás organismos descentralizados–, hace que su presupuesto lo maneje el Ejecutivo.

M.B.: Usted dijo “pensé otro rol”. ¿Cuál es ese otro rol?

M.C.: Como la Comisión fue siempre un apéndice del Ejecutivo en realidad hacía lo que determinaba la Dirección de Patrimonio, que es posterior en su creación, lo que producía una división de roles. O sea: la Dirección de Patrimonio del Ministerio de Cultura se ocupaba del patrimonio material y la Comisión de Patrimonio, del patrimonio inmaterial y de hacer una serie de publicaciones y tocar temas –que en realidad no significaban ningún conflicto para nadie– donde no estaba la agenda. Yo me planteé cuando asumí : ¿dónde está la problemática del patrimonio? y advertí que estaba en las luchas de los vecinos –que comenzaron a insinuarse y se fueron multiplicando y profundizando– que veían a sus barrios arrasados por la especulación inmobiliaria, que no solamente tenía como objetivo la idea de ganar dinero de la mano de una mal entendida modernización –una idea de progreso que es propia de la ilustración y que en realidad ya ha sido cuestionada desde distintos ángulos del pensamiento– sino que para mí implicaba algo mucho más serio, que es ideológico y que es borrar la memoria.
Uno está viendo esto en Buenos Aires, esta ciudad de los porteños –además, orgullo de los argentinos– que se ha convertido en una ciudad anodina, neutra, donde no estamos viendo matices y se está dejando de lado la diversidad. A mí me gustaría hacer un paralelo con lo que ha significado la Ley de Medios que plantea la posibilidad de acceder a una diversidad de ofertas, es decir, no quedarnos con esa idea del pensamiento único, que fue tan propia del neoliberalismo, tener la posibilidad de escuchar múltiples voces y poder hablar y poder expresarse desde distintos ángulos.

M.B.: Las voces barriales…

M.C.: Sí. Esta es la ciudad de Buenos Aires: una ciudad de barrios donde uno iba caminando y a poco se daba cuenta de que había entrado en otro microclima porque había pasado de un barrio a otro.  Donde los distintos edificios nos hablaban de distintas historias y distintos relatos y donde, de repente, nos empezaron a aparecer unos edificios llenos de vidrios, edificios que a veces están deshabitados porque son construidos para la especulación. Y acá también hay un conflicto que, más allá del patrimonio arquitectónico, tiene que ver con lo social: ¿dónde está yendo toda esa gente que está siendo expulsada de los barrios?  Sabemos que hay un proyecto muy fuerte en la Boca, disfrazado como “distrito de las artes”, que es un proyecto de brutal exención impositiva para modificar al barrio, hacer una nueva Boca, para emprendedores de infraestructura cultural. Esto es lo que nosotros, como Comisión, vimos que estaba pasando. Y ahí dijimos: ¿de qué lado estamos? Estamos del lado de los vecinos. Y nos dimos cuenta de que si bien los vecinos tenían mucho trabajo, salían a protestar,  pero a veces carecían de los instrumentos legales o de los marcos teóricos y desde ahí emprendimos una tarea de acompañamiento, un aprendizaje… Por eso ahora que se termina este mandato quiero agradecer haber tenido la oportunidad de ese contacto.

M.B.: ¿Qué le deja el paso por la Comisión?

M.C.: En estos dos años y medio aprendí muchísimo porque me puse del lado correcto, es decir, ver qué le pasaba a los vecinos y qué necesitaban. Por eso hicimos tertulias, siempre sin presupuesto; por eso íbamos a “La Ideal” que nos prestaba el lugar. Y después, en los distintos barrios, escuchando cuáles eran los problemas y armando los distintos casos y encontrando los elementos para defender lo nuestro, acercando material cuando se judicializaba, como fue la casa del obispo Podestá, una propiedad declarada patrimonio de la ciudad por haber sido el lugar donde vivió Podestá, pero además con valores que se remontan a mediados del siglo XIX.

M.B.: ¿Qué pasó con lo de Alfonsina?

M.C.: Bueno, ahí tenemos un caso de cómo creo que es el patrimonio: yo tengo una formación en las humanidades y en la antropología, o sea: tengo una mirada antropológica del patrimonio; entonces creo que el patrimonio es una construcción social y como tal es la demostración de la experiencia y las prácticas de los distintos grupos sociales. Lo que pasa es que siempre se planteó al patrimonio como algo universal, es decir como que había un único patrimonio al cual adheríamos todos. Pero generalmente ese patrimonio, instituido como universal y único, era el patrimonio de las elites. Por eso, cuando fue el caso de Alfonsina, a mí se me ocurrió compararlo con Victoria Ocampo, porque todos pusieron en duda que ahí hubiera vivido Alfonsina Storni. En el caso de Victoria Ocampo nadie podía poner en duda que ella era la dueña de la casa de aquí o la de Mar del Plata, porque como era propietaria, había títulos o herencias, hubo una legitimación por parte del Estado de esas propiedades. En el caso de Alfonsina Storni, madre soltera, con lo que significaba ser una madre soltera en aquellos años, que tenía que ganarse la vida, trabajar para mantener a su hijo, que no era propietaria…

M.B.: Y no pertenecía a la elite…

M.C.: Ajena a la elite, rechazada por la elite, por esa posición casi de orgullo de ser una madre soltera y una mujer que se enfrentaba a los hombres… Ella era una inquilina. Y había que conocer de aquel Buenos Aires donde la gente muchas veces alquilaba de palabra. O tenía una pieza en una especie de conventillo… Sabiendo que ésa era la casa de Alfonsina Storni y habiendo un proyecto de ley…, la casa se tiró igual. Lamentablemente tuvimos que escuchar de algunas personas ligadas a las juntas históricas “que no estaba comprobado que ahí hubiera vivido Alfonsina”. Todo porque faltaba ese marco de legitimación que suele tener el patrimonio de las elites. Nosotros, de todos modos, encontramos referencias históricas y testimoniales de que allí vivió.

M.B.: Hay una tendencia a creer que el patrimonio se asienta sobre ladrillos, vale decir edificios. En su desempeño, frecuentemente, se validó más lo inmaterial…

M.C.: Patrimonio es mucho más que piedra y cal. Aquella mirada atrasa, por lo menos, sesenta años. Desde mediados del siglo pasado se pusieron en revisión una serie de conceptos acerca, inclusive, de la definición de cultura, a través de todos los organismos internacionales, donde la cultura se define en un marco de prácticas, de creencias, de saberes que excede ampliamente a la idea de cultura relacionada con las llamadas bellas artes o con los aspectos solamente estéticos, más allá de que yo creo que la estética tiene una base ideológica muy fuerte.
Nosotros consideramos que el patrimonio es un área de conflicto y de disputa,  pero no podemos hablar de un patrimonio de piedra y cal si no contiene algo simbólico. Es decir: nada perdura en el tiempo si no es desde un presente. Nosotros desde el presente le damos un valor al patrimonio, por eso es constantemente un diálogo de construcción y reconstrucción donde están de manera inescindible los valores simbólicos, lo que se suele llamar patrimonio intangible. No hay patrimonio tangible si no contiene un patrimonio intangible. No hay materia por un lado y espíritu por otro, ésta es una división que tiene un presupuesto ideológico. Cuando UNESCO hace la declaratoria de patrimonio inmaterial, en realidad está retomando un concepto que ya tenía UNESCO sobre cultura popular y le da una forma: en realidad cuando se habla de patrimonio inmaterial es lo que antes se definía como cultura popular. Es como una reivindicación de las expresiones más vulnerables. Y volvemos al comienzo de esta charla: mientras la Comisión, que era la hermanita pobre, se encargaba del patrimonio inmaterial, la Dirección se ocupaba del patrimonio material del que, en realidad, se encargaba el Ministerio de Desarrollo Urbano.
Es decir: nosotros, en este momento, estamos en una situación muy problemática respecto del patrimonio de la Ciudad, porque tenemos una ley de emergencia patrimonial que hace que cualquier caso anterior a 1941 deba pasar por un Consejo Asesor de Asuntos Patrimoniales (CAAP) integrado hoy exclusivamente por arquitectos, como si en pleno siglo XXI la multidisciplina no fuera una necesidad.

M.B.: Volvemos a lo de piedra y cal…

M.C.: Exacto… En un momento se le habían incorporado los historiadores y en otro los arqueólogos. Pero eso es una mirada del siglo XIX… Hoy hay un montón de disciplinas que tiene que decidir sobre el patrimonio, y no sólo esas tres. Cuando te decía que son todos arquitectos, lo llamativo es que en sus curriculums no hay una sola línea que hable de patrimonio. Son arquitectos urbanistas con una concepción de la ciudad propia del Código de Planeamiento Urbano de la década de 1960 donde una casa familiar de planta baja era un desperdicio urbanístico porque ahí podrían construirse varios pisos que, definitivamente, no solucionan el problema habitacional de la ciudad, porque entonces sí podríamos sacrificar el problema patrimonial en aras del problema social. Al revés, se está produciendo en los barrios del sur un problema que hace que los pobladores que alquilan –las Alfonsinas de esta época– se tengan que ir en virtud de los negocios inmobiliarios de unos pocos.

M.B.: ¿Cómo cree que sigue o cómo desearía que siguiera toda esta historia?

M.C.: Yo no esperaba una reacción de las organizaciones barriales de esta magnitud. Me voy contenta por la tarea realizada y asombrada, pasmada por el apoyo…

M.B.: Algo habrá hecho…

M.C.: …y a alguien habré molestado porque creo que la forma en que se cambió la Comisión… Y te voy a dar un dato: hace unos meses se habían renovado los representantes del Ejecutivo. Siempre había estado el arquitecto Peña o personas de la talla de Orsetti… Bueno esos lugares fueron ocupados por empleados de la Dirección de Patrimonio. Hoy todos los miembros puestos por el Ejecutivo son empleados de Liliana Barela lo que constituye un vaciamiento de la Comisión, porque, obviamente, no hay independencia de criterios y eso se vio claramente en las pocas reuniones que mantuvimos este año.

M.B.: ¿Cómo se produjo su relevo?

M.C.: Fue por medio de un proyecto presentado sobre tablas donde no hubo posibilidad de que se discutieran comisiones, ni que los diputados tuvieran en sus bancas los curriculums de los postulantes; todo eso hace pensar que necesitaban sacarme rápidamente de ese lugar, no porque yo fuera una persona excepcional sino porque creo que mis convicciones firmes, que cuentan con el apoyo de quienes yo quería que me apoyaran, se estaban tornando molestas. En estos días he recibido el apoyo explícito, sin excepciones, de todas las organizaciones que están luchando por el patrimonio. Me han llamado legisladores, incluso los que han votado esa ley, pidiéndome disculpas y diciéndome que quieren hacer algo para reparar esa situación. Pero lo concreto es que me llevo el apoyo de Jaime Sorín, de Trinchera de la Facultad de Filosofía y Letras, de Gómez Coronado…, es decir: una infinidad de personas que lo que me están marcando es que esto no puede terminar acá. Ahora desde la sociedad civil organizaremos ese conjunto de instituciones y desde ahí veremos qué es lo que pasa con el patrimonio. Estaremos observando al CAAP desde afuera exigiendo que se transparente, que se abran las reuniones, porque ningún ámbito de la Ciudad de Buenos Aires puede mantenerse en secreto cuando sus decisiones son vinculantes.

*Mario Bellocchio integra La Red de Medios Barriales de la Ciudad

 

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