Relatos Indómitos

Morondanga por Marta García Cuando me enteré, maduré en sentido contrario a las agujas del reloj. El sol que había iluminado al caballo de madera en Troya era el mismo que me iluminaba sentada en la pelela de plástico en casa. Si era el mismo, ¿por qué ningún poeta griego de aquella actualidad se interesaba en cantar mi épica forma de no hacerme encima contemporáneamente? Además, lo hacía a cielo abierto ante la mirada de parientes, visitas y el sodero y no escondiéndome dentro de un caballo de madera. Al (Leer más…)