Infancia Carbonizada

por Mariane Pécora

Héctor y Víctor Herrera, el Pola y el Pitu, fueron devorados por el fuego en el incendio que se desató el domingo 13 de octubre en el inquilinato de la calle Melo 586 en el barrio de La Boca. Tenían 11 y 9 años y trajinaban la pobreza en el segundo piso de un conventillo, en una casilla precaria de chapas y cartón.
Cuando empezó el fuego a las 7 de la mañana, dormían. El Pola despertó asustado por la sirena de los bomberos. Las llamas casi habían alcanzado los pisos superiores. Logró salir, pero el Pitu seguía adentro. Cuando regresó a buscarlo el techo se desplomó sobre ellos. Murieron carbonizados, sintetiza la aséptica crónica policial.
En los últimos 4 años murieron doce niños en incendios. Héctor y Víctor vivían con sus hermanos y sus padres, a pocas cuadras del famoso paseo Caminito, en las mismas condiciones de pobreza e indigencia que aquellos primeros inmigrantes que se asentaron el lugar hace casi 100 años. La diferencia radica en que ahora ese territorio se disputa a fuego y sangre. Los especuladores inmobiliarios hacen incendiar los conventillos para quedarse con los terrenos. Las once familias que residían el inquilinato de la calle Melo, ya tenían un plazo. En  dos meses debían desocupar el inmueble. El sábado, protestaron contra los desalojos compulsivos y la falta de soluciones habitacionales en la Ciudad. Se avecinaba una interminable batalla judicial.  El domingo, el conventillo quedó reducido a cenizas.
En el barrio de La Boca, donde el metro cuadrado de terreno oscila entre los 700 y 2000 dólares, hay cinco mi quinientas familias que carecen de vivienda digna y de posibilidades materiales de acceder a ella.

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Morir por se chico y pobre

 

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