Próximas y Extraordinarias Elecciones en la Ciudad

Parte I. Sepan los porteños votar

Muchos porteños saben que el próximo de 10 julio tendrán que votar. Saben que elegirán jefe de gobierno para la Ciudad (que ya es una cuestión difícil, considerando los últimos mandatos). Pero pocos saben qué más votarán (y esto último redobla la dificultad).

Ese mismo día, 10 de julio de 2011, se celebrarán dos comicios distintos y muy trascendentes para los porteños. Por un lado, se elegirá al próximo jefe de gobierno y a los legisladores de la Ciudad. Y por otro, se llevará a cabo, por primera vez en la historia de Buenos Aires, la elección de las Juntas Comunales que manejarán los destinos de cada una de las 15 Comunas en que se divide  la Ciudad.

Sobre la elección de jefe de gobierno y recambio de legisladores, tal vez exista demasiada información. En cambio, sobre la organización, forma de funcionamiento y constitución de los gobiernos comunales, poco y nada sabemos los vecinos de la Ciudad. Los porteños tenemos la posibilidad de formar gobiernos comunales este año, no gracias al amplio espíritu democrático del actual Gobierno porteño sino a la intervención de la Justicia, tras un amparo presentado por un grupo de vecinos ante la falta de convocatoria a elecciones comunales que ordena la Constitución de la Ciudad.

La ley 3233, impelida a instancias del Superior Tribunal de Justicia en 2009 tras el amparo, además de fijar la fecha para las elecciones comunales este año, obliga al Ejecutivo de la Ciudad a poner en marcha campañas de difusión y esclarecimiento respecto a la organización comunal. Y obliga al Ejecutivo a presentar ante la Legislatura porteña un plan de transferencia de competencias y servicios. Poco o casi de nada esto se ha llevado a cabo hasta el momento. La excepción, fue el lamentable ensayo de convocatorias a formar los Preconsejos Consultivos Comunales que hizo el Ministerio de Descentralización porteño (también a instancias de otra intimación judicial). ¿Qué ocurrió? Un variopinto desfile de efectivos de la policía Metropolitana, asesores de legisladores, y empleados del Ejecutivo, coparon las reuniones y terminaron por ralear a los pocos vecinos espontáneos que se acercaron. Esta cronista, después de haber participado en una larga serie de estas convocatorias, se atreve a decir que la experiencia sirvió únicamente para vaciar de contenido el espíritu de democracia participativa que fomenta la Ley de Comunas y la propia Constitución de la Ciudad.

Mariane Pécora

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