El tambor que no se apaga

por Lucía Pereyra Rubén Rada murió y, sin embargo, algo siguió respirando. Montevideo quedó suspendida en una especie de penumbra luminosa, como si el aire hubiera cambiado de densidad. No era silencio: era un murmullo profundo, un eco que venía de lejos, de los barrios afro, de las esquinas donde el tambor aprendió a ser corazón. La noticia —su muerte a los 83 años, tras un mes de internación por una neumonía bilateral, según informó su familia— no cayó como un golpe, sino como un apagón breve. Y enseguida, casi (Leer más…)