La Otra Historia de Buenos Aires

Segundo Libro PARTE XXIX B por Gabriel Luna La invasión portuguesa al Río de la Plata Jorge Soares Macedo, el descubridor de minas y otros prodigios, consigue armar una expedición de más de trescientos hombres y veintitrés mujeres en el puerto de Santos. La mayoría son esclavos e indígenas, subordinados a mestizos, criollos y europeos. Los amos son algunos campesinos y otros mercaderes, pero todos están encantados por Soares Macedo y la supuesta riqueza que irán a buscar al Río de la Plata. La expedición cuenta con siete sumacas, tres (Leer más…)

Rosa Capusano, «La Protectora»

por Norberto Galasso Nace en Guayaquil (Ecuador), en 1798. Desde su juventud, adhiere al proceso revolucionario desatado en América Latina. Al producirse la campaña libertadora al Perú, liderada por el General San Martín, “Rosita se hizo ardiente partidaria de la patria”, señala Ricardo Palma. En su casa de la calle Mercedes abre un salón literario-político adonde concurre la “juventud dorada” del campo revolucionario.Pero, asimismo, rosa se convierte en valioso instrumento de la campaña sanmartiniana, llevando a cabo funciones de espía. Su belleza y gracia le permiten introducirse en las filas (Leer más…)

Armando Discépolo

por Teodoro Boot “Mustafá”, “Giacomo”, “Stéfano”, “Mateo”. El suyo también debió nombrar uno de los sainetes a partir de los que creó el grotesco criollo. Hijo mayor del músico napolitano Santos Discépolo, que llegó a ser el primer director de la Banda Municipal y hasta compuso un tango, si bien nacido en Buenos Aires, Armando era un “italiano” seco y duro que durante 20 años creó piezas teatrales con el tesón de quien apila ladrillos. Primero fue actor, pero se aburría, y desde los 18 años, cuando murió su padre, (Leer más…)

El Ángel de la Bicicleta

por María de los Ángeles Haberle El 19 de diciembre de 2001, la ciudad de Rosario se quedó sin el Ángel de la Bicicleta. Claudio “Pocho” Lepratti, de 35 años de edad, quien supo hacer del compromiso y la solidaridad una forma de vida, cayó asesinado por la policía, fusilado de un tiro que le reventó la tráquea, efectuado con un perdigón de plomo de una escopeta calibre 12,70, disparado por el policía Esteban Velásquez a siete metros de distancia. Pocho, parado sobre el techo de la escuela donde preparaba (Leer más…)